Reconstruyen cráneo en China que sugiere separación de ancestros humanos hace un millón de años

La reconstrucción digital de un cráneo de un millón de años sugiere que los humanos podrían haberse separado de sus ancestros 400,000 años antes de lo que se pensaba, y que esto ocurrió en Asia en lugar de África, de acuerdo con un estudio. ¿Cómo se realizó el estudio? Este cráneo aplastado, descubierto en China en 1990 y bautizado como Yunxian 2 , se había considerado hasta ahora como perteneciente al Homo erectus , un ancestro de nuestra especie. Pero gracias a las tecnologías modernas de reconstrucción, un grupo de investigadores descubrió en el cráneo características —como una capacidad cerebral aparentemente mayor— que lo acercan a especies como el Homo longi o el Homo sapiens ; especies que se creía habían existido mucho más tarde en la evolución humana. «Esto cambia muchas cosas», afirmó Chris Stringer, antropólogo del Museo de Historia Natural de Londres y miembro del equipo de investigadores, cuyo estudio fue publicado en la revista Science . «Esto sugiere que hace un millón de años nuestros ancestros ya se habían dividido en grupos distintos, lo que indica una división evolutiva humana mucho más antigua y compleja de lo que se pensaba», explicó. Si estas conclusiones resultan correctas, significaría que pudieron existir miembros mucho más antiguos de otros homínidos primitivos, como el hombre de Neandertal o el Homo sapiens . Esto también «pone en entredicho» las hipótesis establecidas desde hace tiempo según las cuales los primeros humanos se habrían dispersado partiendo de África , señaló a AFP, Michael Petraglia, director del Centro Australiano de Investigación sobre la Evolución Humana de la Universidad Griffith, quien no participó en el estudio. «Podría estar produciéndose un cambio importante, con Asia Oriental desempeñando ahora un papel clave en la evolución de los homínidos», estimó. El estudio utilizó técnicas avanzadas de tomografía computarizada, de imágenes con luz estructurada y de reconstrucción virtual para modelar un Yunxian 2 completo . Los científicos se basaron en otro cráneo similar para crear su modelo, que luego compararon con más de 100 especímenes adicionales. «Yunxian 2 podría ayudarnos a resolver» el gran enigma en torno a un «conjunto confuso de fósiles humanos que datan de hace 1 millón a 300,000 años», declaró Stringer en un comunicado de prensa. ]]>

FIFA revela las mascotas del Mundial 2026

Este viernes, Gonzalo Soto y Alberto Verdusco nos informan que la FIFA presentó a Maple, Zayu y Clutch, tres personajes que no solo reflejan la identidad cultural de los países anfitriones, pero además llegarán como protagonistas del nuevo videojuego FIFA Heroes en 2026. Y muchos más temas de tu interés: – Banxico recorta tasa de interés nuevamente, en un intento por reactivar la economía – Según Moody’s el déficit, el crecimiento y Pemex condicionan la calificación de México – Cargar litros de a litro en una gasolinera es ‘un acto de fe’ – Poder Judicial de CDMX evade «máxima publicidad» en audiencias con medidas covid ]]>

Aproximaciones para estimar el déficit

La información de la actividad financiera, y, sobre todo, la que generan las finanzas públicas, no sólo no es oportuna, sino que tampoco es completa, ni confiable. Se han derruido los generadores de datos fidedignos, y con ello, todo es especulación y pronóstico reservado. En realidad, el problema es mucho más profundo de lo que hoy atisban algunos analistas, que siguen tomando en serio la información que aparece en boletines oficiales, la cual, sólo se parece a la que antes se producía por verdaderos expertos. Las encuestas del banco central y la recopilación de datos que hacía el Inegi el siglo pasado, hoy no encuentran efectivo sustituto. No nos equivoquemos, esas instituciones desaparecieron, hoy vemos oficinas que sólo mantienen artificialmente el mismo nombre, pero que distan mucho de aquellas que en algún momento gozaron de prestigio. Quienes hacen análisis de la evolución económica están más en el terreno de las apuestas, que del pronóstico informado. Hoy, todo mundo parece haber alcanzado un consenso con relación al nivel de déficit público, el cual, está más acercado a una suposición, que al producto de un sesudo cálculo. Se dice que el déficit rondará el 4%, y, partir de ese dato, se suman o restan algunas décimas, pero la verdad es que la información sobre el pre-cierre hacendario del mes de agosto es incompleta. Parte de asunciones y conjeturas que se parecen más a un discurso político electoral, que a un diagnostico que nos dé con precisión un detalle sobre la efectiva condición de los pasivos, gastos y erogaciones del sector público, y, ya no digamos de los cada vez más exiguos ingresos oficiales. Lo que, si sabemos, es que difícilmente podrán sufragar el enorme asistencialismo heredado de la pasada administración. Es claro que la elevación de impuestos, disfrazada de orientación del consumo, promete importantes aumentos recaudatorios, pero, a diferencia de la tributación ordinaria, se recarga en el consumo de bienes a los que, la imposición de gravámenes en el pasado siempre ha derivado en un profundo sesgo hacia el fomento del contrabando o a la comercialización ilegal. Esto es, a la generación de mercados negros. El ejemplo del cigarro es más que ilustrativo, Sí, gravarles siempre ha sido mala idea, ya que no sólo se mantienen vicios y conductas indeseadas en iguales niveles, sin una efectiva captación de ingresos adicionales, sino que, además, se fomenta su tráfico el irregular. En tanto las aduanas no muestren un significativo avance en el control de mercancías, la respuesta del consumidor apunta más hacia la búsqueda de mercados negros, que a una disposición al pago de gravámenes. El hecho es que resulta esquizofrénico el apostar a un cambio de conducta en los consumidores, al tiempo de decir que los inaplazables gastos públicos se cubrirán con cargo a los severos tributos que se cobrarán por consumir los proscritos productos, dado que, de lograrse el publicitado objetivo, el consumo se reduciría, y con ello la recaudación, dejando al garete la cobertura del gasto oficial. Esa interacción entre la prohibición de la conducta gravada y la necesaria recaudación hace difícil la programación, dado que la pretensión es que esos ingresos no lleguen, esto es, que la población no los cubra. De lograrse el cometido, existirá un boquete en las finanzas gubernamentales, sin que exista ingreso que lo sustituya. Los impuestos de control no deben ser parte de la base impositiva necesaria para cubrir el gasto público. Ese tipo de ingreso debe mantenerse en una cuenta de control y no como parte de balanceo del paquete fiscal. La información pública sobre el ejercicio de recursos públicos y su aplicación en programas oficiales presenta inconsistencias, no da una clara idea de su evolución y comportamiento, por lo que todo apunta a que seguirá creciendo el déficit en la sombra, sin que, además, tengamos elementos ciertos que permitan ponderar el impacto de los programas en la población objetivo, lo único claro, es que el dinero desaparece a gran velocidad. Es lastimoso ver cómo se insiste en medir la deuda pública como un porcentaje del PIB, cuando ese referente en nuestro caso es completamente irrelevante, insustancial y nada revelador, ya que el ingreso federal, es su parte sustantiva, está comprometido, y no queda espacio para destinar dinero presupuestal al servicio de nueva deuda, habiendo caído el país en un vicio que existió en los años 70, esto es, a pedir prestado, para pagar intereses o pagar apariencias. Tal mecanismo no es rentable, y, por lo tanto, está alejado de los límites constitucionales. Así es, le guste a quien le guste, la capacidad de nuevo endeudamiento público es prácticamente 0. Por lo pronto, no parece serio ni responsable el afirmar que el déficit disminuirá o se moderará ya que los gastos, lejos de disminuir, crecen, y no existe un derrotero creciente de los ingresos, no al menos con la propuesta fiscal en discusión en el Congreso. El autoengaño que propala la idea de que Petróleos Mexicano tiene solución, sólo consumirá recursos que debieran destinarse a actividades productivas y rentables. Tarde o temprano la subvención tendrá que detenerse, y entonces, se verá que lo que hoy se destina a su operación fue estéril. Es ya para anteayer la propuesta de liquidación ordenada, o quiebra controlada la que debiera estar en la mesa, ello mandaría un mensaje no sólo de responsabilidad, sino de conocimiento real y preciso de lo que pasa en la otrora entidad productiva. Buena parte de los analistas hablan de un nivel de déficit deseado, porque estiman que, comenzar a mandar una señal negativa desde ahora, sólo ocasionaría un desanimo en la inversión y en la expectativa de hacer grandes negocios en el país. Han decidido ser sensibles a la preocupación de los dueños del medio en los que colaboran, y no estar entre quienes apuntan a la inviabilidad del modelo económico. La venta de un segmento importante del capital de Banamex sólo dejó claro lo que tanto se dijo, tal enajenación haría sin un provecho fiscal de consideración, dando la puerta

Maratón al estilo de Harry: inspiración real o ficción digital

Recientemente fuimos testigos de cómo el cantante británico Harry Styles conquistó nuevamente un maratón, esta vez en Berlín, con un tiempo admirable debajo de las tres horas, y que muchos atletas aficionados desean alcanzar. Si bien el cantante pop buscaba mantener un perfil bajo, usando el alias “Sted Sarandos”, su participación rápidamente se volvió viral. Esta hazaña puede inspirar a muchas personas a considerar realizar un maratón; aunque su participación puede parecer espontánea, es importante entender qué hay detrás de estas personalidades públicas para dimensionar el esfuerzo que exige un evento deportivo de tal magnitud. El impulso por alcanzar la gloria del maratón es innegable, pero el significado del logro se redefine en tiempos modernos: una imagen que genere popularidad en redes puede sustituir la meta original, relegando a segundo plano el verdadero desafío de completar esta disciplina. Tal como ocurre cada año en maratones de gran renombre, como el de la Ciudad de México, en el que desafortunadamente registran casos de corredores que cruzan la meta sin haber completado el recorrido. Quizás este comportamiento pueda estar relacionado con la alta exposición digital y la aspiración de ser maratonista. De acuerdo con Statista , los mexicanos dedican 3.2 horas diarias a las redes sociales , lo que significa que, cada día, las personas consumen una enorme cantidad de videos e imágenes que los algoritmos les muestran, impulsándolos a seguir enganchados al contenido y alimentando el anhelo de convertirse en maratonistas a toda costa. Por ejemplo, si eres seguidor asiduo del running, es probable que en las redes sociales te inunden de videos relacionados desde rutinas de ejercicios y fases de entrenamiento, hasta recomendaciones sobre qué carreras participar, qué ropa usar o qué accesorios llevar. Todo ello resulta inspirador para llevar a cabo tu meta deportiva; pero, muchas veces, por falta de experiencia, los usuarios no saben si esos métodos son adecuados para su condición física y terminan tomando decisiones equivocadas al intentar imitarlos. La inspiración es valiosa, pero no siempre los contenidos son objetivos ni se alinean con la realidad de quienes los consumen. Es probable que el cantante, como muchas figuras públicas e influencers, cuente con el respaldo de marcas que le proporcionan desde ropa deportiva hasta planes de nutrición y atención médica especializada. Incluso, su preparación puede llegar a ser de primer nivel, debido a que los patrocinadores están invirtiendo cada vez más en estas colaboraciones: tan sólo en México, se espera que el gasto en publicidad con influencers alcance 409.94 millones de dólares este año, y es probable que siga aumentando, ya que se han percatado de que estas personalidades han creado conexiones auténticas con sus seguidores. En este contexto, no sorprende que algunos aficionados recurran a atajos para proyectar logros, y demostrar en síntesis de lo que estamos consumiendo en nuestros teléfonos y estar a la altura de nuestros artistas o influencers favoritos. Sin embargo, estamos dejando de lado el verdadero objetivo de realizar cualquier disciplina: El espíritu deportivo , que es una actitud y un conjunto de valores que van más allá de competir y ganar. Se basa en el respeto a las reglas, a los rivales y a uno mismo; en la práctica del juego limpio; y en la capacidad de reconocer tanto la victoria como la derrota con humildad. Implica disciplina, esfuerzo, compañerismo y solidaridad, porque entiende al deporte no sólo como un reto físico, sino también como una oportunidad de crecimiento personal y colectivo. En ese camino, influencers, marcas y organizaciones, es importante buscar la cooperación para promover una práctica deportiva auténtica, accesible y sana. Además, es relevante vincular a los seguidores con contenidos que los incite a disfrutar el proceso y no enfocarse solamente resultados. Y como participantes, también es valioso ejercer criterio personal y actuar con integridad, respetando el esfuerzo que implica completar el recorrido. Algo que nos dejaron las imágenes de Harry es, sin duda, la forma en que gozó la carrera. El deporte nos ofrece eso: energía y bienestar, no sólo durante el evento, sino a lo largo de todo el proceso. Valoremos cada experiencia que nuestro cuerpo nos ofrece cuando está en movimiento, sin que los likes dicten nuestra alegría a través de un reconocimiento fugaz. ______ Nota del editor: Lucía Bata es consultora de comunicación y deportista. Síguela en LinkedIn. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

El riesgo no es que la IA fracase en lo técnico, sino en lo estratégico

Este verano estuve de vacaciones y trabajo en España y me llamó la atención un encabezado en un periódico vasco: “Tres de cada 10 proyectos de Inteligencia Artificial en empresas españolas se han cancelado porque terminan fracasando” . La razón principal: no saber cómo aplicarla. Esa nota me dejó pensando si en México existiera un dato equivalente. No encontré una cifra oficial, pero en mi experiencia como consultora sospecho que el porcentaje podría ser incluso mayor. Aquí, la narrativa dominante es que “estamos adoptando IA más rápido que nunca”, pero pocas veces se habla de cuántos proyectos realmente se consolidan y generan valor. Un reto más cultural que técnico El crecimiento del uso de IA en México es innegable. De acuerdo con el reporte “La era de la IA en México, Panorama, Tendencias y Datos 2024”, elaborado por Banco Santander y Endeavor, el número de compañías de IA en el país aumentó 965% en los últimos 6 años, alcanzando 362 empresas activas y más de 11,000 empleos especializados. Este boom ha atraído más de 500 millones de dólares en inversión, posicionando a México como un referente regional. Pero cuando hablamos de impacto, las cifras cambian de tono. Según el estudio Unlocking AI’s Potential in Mexico de AWS: 72% de las empresas mexicanas que han adoptado IA se mantienen en un uso básico, enfocado en eficientar procesos o en tareas rutinarias con chatbots públicos, sin llegar a innovar productos o servicios. 16% han avanzado a un nivel intermedio, integrando IA de manera más transversal y mejorando la experiencia del cliente. Pero solo 7% han alcanzado la etapa más transformadora, creando sistemas de IA a la medida para tareas complejas que redefinen sus operaciones. En otras palabras: la mayoría de los esfuerzos actuales de IA en México no están diseñados para reinventar modelos de negocio, sino para hacer ajustes marginales a lo que ya existe. Como consultora en innovación he detectado tres obstáculos recurrentes que impiden que la IA pase de ser una promesa de cambio a un motor real de transformación: 1. Visión fragmentada La IA suele entrar como un proyecto aislado, muchas veces impulsado por un área de TI o por un directivo que quiere “innovar” sin una estrategia transversal. El resultado: soluciones desconectadas que no dialogan con otros procesos clave. 2. Déficit de talento y formación La falta de especialistas es evidente, pero el problema más profundo es la ausencia de capacitación práctica para los equipos que van a operar estas herramientas. Se asume que la tecnología “habla por sí sola”, cuando en realidad exige nuevos marcos de trabajo, métricas y habilidades. 3. Desconfianza en los datos La IA es tan buena como la calidad de los datos que la alimentan. Muchas empresas en nuestro país todavía dependen de procesos manuales o sistemas fragmentados que generan información incompleta o poco confiable. Esto provoca que los proyectos se frenen o que los resultados sean cuestionados. En los últimos dos años he visto empresas mexicanas invertir sumas significativas en herramientas de IA para atención al cliente, solo para abandonarlas meses después porque los modelos no entendían bien las solicitudes o porque la integración con sus sistemas internos nunca se completó. En otros casos, compañías del sector financiero lanzan pilotos para análisis predictivo de riesgo, pero los cancelan al descubrir que la base de datos histórica tiene demasiados vacíos como para entrenar un modelo confiable. Estos fracasos no siempre se publicitan, pero ocurren con frecuencia y generan un efecto colateral: el escepticismo interno hacia la IA, que hace que futuros proyectos enfrenten más resistencia para recibir presupuesto o apoyo. Es fácil pensar que el problema es solo de presupuesto o falta de expertos, pero la realidad es más profunda: el verdadero desafío es cultural. En muchas organizaciones mexicanas, la IA sigue viéndose como un experimento o una “herramienta que hay que tener” para no quedarse atrás, en lugar de un cambio estructural que exige rediseñar procesos, roles y formas de medir el éxito. En términos de IA se habla de dos etapas: Deploy (implementar para productividad) y Reshape (rediseñar el trabajo de raíz). México, en su mayoría, sigue en la primera etapa, con excepciones destacadas en sectores como fintech, logística y manufactura avanzada. Si de verdad queremos que el uso de IA en México pase de un titular optimista a un motor de competitividad, hay pasos urgentes: Es indispensable formar a todos los niveles, no solo a líderes. La adopción será más lenta si la mitad de la organización no entiende cómo usar la herramienta o la percibe como una amenaza. Además hay que integrar la IA en la estrategia central del negocio, no como un proyecto paralelo. Todo sin olvidar establecer métricas claras de impacto, más allá de cuántos usuarios interactúan con la herramienta. Y finalmente, asegurar la calidad de los datos, invirtiendo en limpieza, integración y gobernanza. La realidad es que no podemos hablar de madurez de la IA en México todavía. Sí, el ecosistema crece, las startups levantan capital y los corporativos anuncian pilotos cada semana. Pero mientras la mayoría de los proyectos sigan en modo experimental y no generen cambios estructurales al interior de las empresas, la IA será más un accesorio que un pilar de competitividad. La experiencia internacional —incluida la advertencia que leí en España— nos dice que el verdadero riesgo no es que la IA fracase técnicamente, sino que fracase estratégicamente: que se implemente sin transformar, que se adopte sin integrar, que se invierta sin medir. Ese es el punto en el que, si no somos críticos, México podría quedarse atrapado: un país que presume su adopción de IA, pero que no logra convertirla en ventaja real. _____ Nota del editor: Irene Marqués es socia de Olivia Global. Ha liderado procesos de cambio en industrias como salud, automotriz y manufactura. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

La IA no reemplazará al reclutador, pero sí exigirá que evolucione

En los últimos años, la Inteligencia Artificial (IA) pasó de ser una promesa futurista para convertirse en parte de la vida cotidiana en los departamentos de Recursos Humanos, especialmente en lo que respecta a reclutamiento de personal. Sin embargo, contrario a lo que muchos temen, la IA no llegó para reemplazar al reclutador humano, sino para retarlo a evolucionar. El nuevo rol del reclutador no es competir con algoritmos, sino aprender a utilizarlos a su favor. El punto de partida es un cambio de mentalidad, donde el reclutador pasa de ser un operador de tareas repetitivas y se convierte en un estratega y analista del contexto. Además, el profesional sabe cómo formular las preguntas adecuadas a la IA para tomar las mejores decisiones. El dominio del prompting , saber cómo preguntar, se vuelve tan importante como las habilidades para entrevistar. Lo cierto es que el reclutador digital es más humano que nunca. Al automatizar tareas administrativas, la IA permite destinar el tiempo de los profesionales de reclutamiento a lo que realmente importa: las relaciones humanas, evaluaciones subjetivas y la experiencia del candidato. Paradójicamente, adoptando herramientas digitales el proceso de selección puede volverse más humano. En este escenario, los reclutadores responden a los candidatos con mayor rapidez, brindan retroalimentación más clara y reducen los silencios en el proceso, gracias a filtros eficientes y entrevistas bien gestionadas. Esto tiene un efecto directo en la reputación de la empresa. Un proceso bien manejado comunica más, y mejor, que cualquier campaña de marca empleadora. Entonces, es clave que las compañías aprovechen los datos recopilados a lo largo del proceso, especialmente en entrevistas y evaluaciones, para fortalecer su estrategia de talento. Cuando está bien estructurada, esta información sirve de base para tomar decisiones sobre perfiles ideales, brechas de habilidades, futuras necesidades de contratación e incluso políticas de diversidad. Pero esto solo es posible si hay inteligencia humana detrás de la herramienta: alguien que sepa qué preguntar, cómo interpretar y cómo actuar. Por supuesto, la adopción de IA en RR. HH. no está exenta de riesgos. Leyes como la Ley de la IA de la Unión Europea o la Ley Local de Nueva York ya indican la necesidad de regulación, transparencia y responsabilidad. Las empresas que adoptan IA en sus procesos de selección deben documentar claramente cómo y dónde utilizan estas herramientas. Además, deben asegurarse de ni incurrir en sesgos discriminatorios y mantener, por encima de todo, una supervisión humana constante. La confianza del candidato, del directivo y de la sociedad será siempre el factor más importante. Por lo tanto, la pregunta correcta no es “¿La IA va a sustituir al reclutador?”, sino: “¿Qué tipo de reclutador seguirá siendo relevante en un mundo potenciado por IA?”. La respuesta es clara: aquel que entienda a las personas, domine las herramientas, sepa hacer las preguntas correctas y no tema reinventarse. El futuro de la contratación no es automatizado, es ampliado. Y quién sepa aprovechar esto con responsabilidad, ética y estrategia liderará el nuevo mundo del trabajo. _____ Nota del editor: Alan Price es Director Global de Adquisición de Talento en Deel. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. ]]>

La IA no falla, fallan los datos

La Inteligencia Artificial (IA) se ha vuelto un tema central en el mundo de los negocios. Lo escuchamos en conferencias, en discursos estratégicos y hasta en campañas de reclutamiento. Pero muchas iniciativas se quedan en pruebas aisladas, dashboards apagados y presentaciones que no pasaron del PowerPoint. No es falta de talento o inversión: la raíz del problema está en los datos. Un modelo de IA es tan confiable como la información que lo alimenta. Si los datos están incompletos, duplicados o fragmentados, lo que obtenemos no es inteligencia, sino información distorsionada. Es como intentar hornear pan con ingredientes en mal estado: el resultado nunca será el esperado, aunque la receta sea perfecta. He visto proyectos que prometían “revolucionar la operación” pero terminan archivados en la nube porque nadie confiaba en los números que arrojaban. No fue la tecnología lo que falló, sino el cimiento sobre el que se intentó construir. El laboratorio y el riesgo En este contexto, la reciente creación del Laboratorio Nacional de Inteligencia Artificial en México es una señal positiva: muestra que el país quiere estar en la conversación global. Sin embargo, si la iniciativa no coloca la gestión de datos en el centro, corre el riesgo de convertirse en otro proyecto vistoso sin resultados concretos. Un laboratorio con algoritmos de última generación, pero con bases de datos desordenadas o inaccesibles, sólo amplifican los problemas en lugar de resolverlos. La moda tecnológica seduce con la ilusión de inmediatez, pero transformar un negocio o un país exige disciplina: reglas claras sobre quién valida la información, cómo se integran las fuentes y qué problema concreto se quiere resolver. Cuando ese paso se omite, el espejismo se derrumba rápido. Los líderes se frustran al ver inversiones sin retorno y se cansan de estar persiguiendo cada nueva moda digital. Decisiones con evidencia La diferencia entre moda y transformación está en la cultura de decisión. Pasar del “queremos IA” al “qué decisión queremos tomar mejor” es un cambio sutil, pero decisivo. Significa priorizar calidad sobre velocidad, empezar con casos de uso pequeños y dejar que los datos hablen antes de que los algoritmos brillen. Es en ese momento cuando la IA deja de ser discurso aspiracional y empieza a generar confianza. Cuando ayuda a reducir incertidumbre, anticipar escenarios y hacer que cada movimiento estratégico tenga sustento real. La IA no es magia ni destino inevitable, es una herramienta poderosa y que puede ser una gran aliada, pero solo cuando se apoya en datos confiables. Perseguir la moda digital sin atender esta base es condenarse a inflar expectativas y repetir errores. El futuro de la IA en empresas y en iniciativas nacionales como el Laboratorio no depende de la próxima innovación ruidosa, sino de un hábito silencioso que pocos dominan: preparar los datos y volverlos de calidad para que sean funcionales y se cumplan los objetivos. ____ Nota del editor: Javier Costa es Chief Business Development Officer de X-DATA. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

¿Título o habilidades? Así está cambiando la forma de postularse a un empleo

El mercado laboral está evidenciando un cambio en la forma en que los profesionistas se postulan a nuevas oportunidades de empleo, ya que están aplicando a vacantes aun cuando no cumplen con la mayoría de los requisitos solicitados. La razón obvia de este comportamiento es la urgencia de encontrar un empleo, pero también hemos detectado la tendencia de confiar en sus propias habilidades, su capacidad de aprendizaje y la convicción de que la experiencia práctica puede suplir la falta de credenciales formales. Lo anterior se relaciona con el fenómeno global conocido como skills over degrees , impulsado por un entorno de transformación digital en el que la adaptabilidad resulta más valiosa que un título universitario. De acuerdo con datos propios, el 74% de los profesionistas asegura que se postula a una vacante a pesar de no cubrir todos los requisitos porque confía en su capacidad de aprendizaje, lo que revela un cambio de mentalidad hacia la priorización del potencial sobre la rigidez de los perfiles tradicionales. Sin embargo, esta persistencia de los candidatos puede ser contraproducente si no hacen una búsqueda con estrategia. Al aplicar indiscriminadamente, corren el riesgo de proyectar desesperación, falta de enfoque y generar una mala reputación ante los reclutadores, reduciendo las posibilidades de ser considerados para una vacante realmente alineada a su perfil. Desde la perspectiva de Recursos Humanos, esta tendencia representa un reto más para las organizaciones. Los especialistas en reclutamiento deben reconocer que los títulos académicos y la experiencia previa, si bien son muy relevantes, no son los únicos factores de éxito profesional, por lo que deben hallar la manera de ajustar sus descripciones para atraer candidatos que aporten power skills como creatividad, resiliencia y disposición para aprender. Lo anterior, lo aseguran los mismos candidatos quienes perciben que muchas vacantes exigen condiciones difíciles de cumplir; el riesgo que corren las organizaciones al sobredimensionar las expectativas es desalentar a perfiles valiosos, especialmente en un mercado caracterizado por la escasez de talento especializado. Los procesos de contratación deben evolucionar hacia una mayor transparencia y realismo. Exigir listas interminables de requisitos, que a menudo incluyen competencias técnicas, idiomas y certificaciones, puede resultar contraproducente y lejos de asegurar el candidato ideal, limita la diversidad y reduce las posibilidades de encontrar profesionistas con verdadero potencial de desarrollo. En este sentido, el papel de las áreas de Recursos Humanos es clave; una estrategia de reclutamiento efectiva debe diferenciar entre requisitos indispensables y competencias deseables, además de comunicar con claridad las responsabilidades y, sobre todo, considerar el aprendizaje continuo como un activo. Este enfoque no solo permitirá atraer candidatos con una confianza sólida en sí mismos, también fortalecerá la cultura organizacional alrededor de la innovación y la adaptabilidad. La clave está en el equilibrio, ya que las empresas tienen la responsabilidad de diseñar procesos más inclusivos y realistas y los candidatos deben apostar por su potencial sin perder de vista su propósito, sólo así se construirá un mercado laboral que valore tanto la capacidad de aprender como la estrategia de búsqueda. _____ Nota del editor: Alejandra Martínez es Responsable de Estudios del Mercado Laboral de Computrabajo México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

EU eleva compras de bienes a Vietnam en 43.7%; a México apenas en 6.5%

La escena se repite cada mes en los reportes de comercio de Washington. Los datos muestran a México como el principal proveedor de bienes para Estados Unidos , pero una flecha ascendente, marcada con los colores de Vietnam, empieza a ganar altura con una velocidad que sorprende en medio de la ola arancelaria. En los primeros siete meses de 2025, las importaciones estadounidenses provenientes de México sumaron 309,749 millones de dólares, un crecimiento de 6.5% en comparación con el mismo lapso del año anterior, y la cifra es sólida y mantiene al país como socio central de la economía norteamericana. Pero la mirada se dirige al sudeste asiático. En ese mismo periodo, Vietnam vendió bienes por 106,223 millones de dólares, un salto de 43.7% frente a 2024. El contraste es contundente. México avanza con paso moderado, mientras Vietnam corre con una velocidad que lo llevó del séptimo al cuarto lugar entre los mayores proveedores de Estados Unidos en menos de un año. En julio, cuando Washington y Hanoi firmaron un acuerdo sobre aranceles recíprocos, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, reconoció que Vietnam era un competidor directo de México, pero que se mantenía una ventaja en el costo de entrada al mercado estadounidense. Según explicó, los productos vietnamitas enfrentaban aranceles de entre 35 y 40% mientras que los mexicanos pagaban en promedio apenas 6%. La teoría parecía blindar la posición de México. No obstante, ese mismo mes, las compras a Vietnam crecieron 50%, mientras las mexicanas apenas avanzaron 8%. Las aduanas estadounidenses reflejan un patrón cada vez más claro. Computadoras, productos eléctricos, repuestos, teléfonos móviles, maquinaria y herramientas son los bienes que más adquiere de Vietnam. Son rubros en los que México también tiene amplia presencia, lo que convierte la competencia en una carrera de fondo. Desde 1995, cuando el comercio bilateral apenas alcanzaba 451 millones de dólares, Vietnam consolidó su papel como centro manufacturero. Para 2024, las ventas al mercado estadounidense sumaban ya 136,501 millones de dólares. Esa trayectoria explica por qué el país asiático se ha convertido en socio estratégico para Washington, sobre todo en medio de la disputa con China. La nueva relación estratégica El impulso vietnamita también descansa en acuerdos políticos recientes. En septiembre de 2023, Estados Unidos y Vietnam firmaron una Asociación Estratégica Integral que abrió espacio para la cooperación en semiconductores, economía digital, energía y minerales críticos. El acuerdo incluyó la canalización de recursos de la Ley CHIPS y Ciencia de Estados Unidos hacia programas de capacitación y desarrollo en Vietnam, con un enfoque en formar talento en áreas STEM. México observa con atención este movimiento, ya que también busca insertarse en la cadena global de semiconductores, un sector que definirá la competitividad en los próximos años. La velocidad del crecimiento vietnamita también responde al interés de las empresas estadounidenses por diversificar su producción. Con costos laborales bajos, estabilidad política y reformas económicas orientadas al mercado, Vietnam se presenta como una alternativa atractiva frente al encarecimiento de fabricar en China. En 2023, la inversión extranjera directa estadounidense en ese país alcanzó 3,800 millones de dólares, lo que representó un incremento de 10% frente al año previo, señala el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos. La nube de los aranceles El 2 de abril de 2025, el presidente Donald Trump anunció un arancel global de 10% a la mayoría de los productos importados, además de un gravamen especial de 46% para todas las exportaciones vietnamitas. Esa medida, la segunda más alta aplicada a un país, fue pausada de manera temporal, pero el recargo general sí entró en vigor el 5 de abril. Frente a la presión, las autoridades del país asiático iniciaron negociaciones con la Casa Blanca y reforzaron la supervisión aduanera para evitar el trasbordo ilegal de productos chinos, una práctica que desde hace años genera recelo en Estados Unidos. Así, el 2 de julio, Trump anunció un acuerdo. Las importaciones directas desde Vietnam pagan un arancel de 20%, mientras que los bienes transbordados desde terceros países enfrentan un gravamen más alto de 40%. Con ese ajuste, Vietnam se convirtió en el primer país asiático en cerrar un acuerdo comercial con Estados Unidos bajo las nuevas reglas. Un déficit creciente El crecimiento vietnamita también trajo un efecto colateral. El déficit comercial estadounidense con ese país llegó a 123,000 millones de dólares en 2024. Tan solo en los primeros siete meses de 2025 ya suma 97,958 millones. El saldo lo coloca como el tercer déficit más grande de Washington en el mundo, solo por debajo de México y China. La ventaja geográfica y los beneficios del T-MEC son cartas a favor de México, pero la competencia global exige algo más que cercanía. Exige innovación, atracción de inversión en nuevas tecnologías y una política comercial que anticipe los cambios del mercado. Mientras tanto, los encuentros diplomáticos entre altos funcionarios estadounidenses y vietnamitas confirman que Washington ve en Hanoi un socio de largo plazo. La narrativa oficial habla de cooperación para un Indo-Pacífico estable, aunque el trasfondo es económico. Vietnam, en apenas una década, pasó de ser un jugador emergente a convertirse en uno de los pilares de la manufactura mundial. Para México, la fotografía es incómoda. El país conserva el liderazgo como primer proveedor de bienes a Estados Unidos, pero el ritmo de su crecimiento luce débil frente al salto de Vietnam. En sectores estratégicos como electrónicos, autopartes y teléfonos, el país asiático avanza con pasos firmes que lo acercan peligrosamente. ]]>

Gobierno eleva tope de gas LP, pero distribuidores advierten insuficiencia de un peso

El acuerdo llegó después de meses de jaloneos, mesas técnicas y negociaciones discretas. El 15 de agosto, los distribuidores de gas LP obtuvieron lo que parecía un triunfo: un margen operativo de 3.51 pesos por litro dentro del precio final al consumidor. La noticia alivió tensiones, pero no apagó la inconformidad. Para el sector, ese respiro no alcanza a cubrir lo más elemental: salarios, combustible, mantenimiento de unidades y regulaciones obligatorias. El gas LP es parte de la vida cotidiana de México. Ocho de cada diez hogares lo utilizan para cocinar, calentar agua o accionar la calefacción en invierno. La cercanía con la población le da al sector un carácter estratégico, pero también lo expone a una tensión constante entre el control de precios y la viabilidad de la operación privada. El conflicto no es nuevo. Desde agosto de 2021, cuando la extinta Comisión Reguladora de Energía (CRE) impuso un tope de precios máximos de venta al público, la relación entre gaseros y autoridades se quebró. El margen de centavos fijado entonces generó paros laborales de comisionistas y “hombres camión”, los trabajadores que recorren colonias y calles con cilindros a cuestas. El gobierno defendió aquella decisión como un mecanismo de protección al consumidor. La metodología estableció precios máximos diferenciados por región y actualizados cada semana. La lógica era evitar abusos en zonas donde el abasto resultaba más costoso. La práctica, sin embargo, dejó a los distribuidores con una operación estrangulada financieramente. El acuerdo más reciente buscó atajar ese malestar. Según Amexgas, se trató de un proceso de diálogo con la Secretaría de Energía para dar certidumbre al negocio y evitar mayores fricciones. Se definió un margen uniforme de 3.51 pesos por litro, equivalente a 6.50 pesos por kilo, con posibilidad de ajustes en regiones con condiciones extremas. La industria reconoce que el acuerdo abre un espacio de maniobra. Pero advierte que se queda corto. “Da un respiro, pero no es suficiente. Al menos ayuda al poder salir a operar; algo que también afectó fue los incrementos en los salarios mínimos, entonces hay que pagar salarios, el combustible de la distribución, el mantenimiento, el costo regulatorio, el tema de controles volumétricos, justo es donde el margen no es suficiente para poder cubrir esos costos”, explicó Beatriz Marcelino, presidenta de la consultora Grupo Ciita. Fórmula del precio Para cubrir de manera adecuada la estructura de costos y asegurar inversiones, el sector estima que el margen debería ubicarse en torno a 4.60 pesos por litro. Esa diferencia de más de un peso, insisten, es la línea que separa una operación sostenible de un servicio en riesgo. La fórmula del precio máximo, publicada por la CRE considera el precio de la molécula —importada o producida por Pemex—, los costos de logística, la carga regulatoria, el margen operativo, la distribución y la utilidad empresarial. En la práctica, deja zonas grises, ya que no desglosa con precisión los porcentajes y mantiene un factor “K” cuyo cálculo nadie en la industria conoce con claridad. Para esta semana, el precio máximo aplicable es de 10.64 pesos por litro. De ese total, alrededor de seis pesos corresponden a la molécula. El resto debe cubrir los 3.51 pesos de margen operativo, en los que se concentran gastos laborales, distribución, combustible y una mínima ganancia. La ecuación deja poco espacio para renovar unidades o invertir en equipos más seguros. Prevención de accidentes Un accidente, como el ocurrido recientemente en Iztapalapa cuando explotó una pipa en el puente de la Concordia, revela que los protocolos de seguridad dependen de equipos en buen estado, capacitación constante y supervisión efectiva. Con márgenes limitados, la capacidad de invertir en prevención se reduce. La Comisión Nacional de Energía (CNE), encargada de regular al sector, mantiene un sistema de permisos, inspecciones y sanciones. Sin embargo, su capacidad de vigilancia es limitada. La seguridad real de la operación descansa en que las empresas tengan recursos suficientes para cumplir con la normatividad. El nuevo reglamento del sector de hidrocarburos, próximo a publicarse, podría modificar aún más ese equilibrio. Se espera que ajuste la carga regulatoria, ya sea simplificando procesos o aumentando requisitos. En cualquiera de los casos, la capacidad financiera de los distribuidores será determinante para cumplir con lo que venga. En la Sener se insiste en que el equilibrio alcanzado protege al consumidor y mantiene al sector funcionando. Para los distribuidores, en cambio, es un punto intermedio que solo posterga el problema. “Con ese margen todavía no se puede invertir en unidades de transporte o equipos nuevos, lo que puede traducirse en riesgos durante la operación diaria, tanto para el gasero como para la población en general”, reiteró Marcelino. ]]>