La economía de la desesperanza y la indiferencia
Existe una palabra que rara vez aparece cuando hablamos de salud mental juvenil: indiferencia. Hablamos de ansiedad, depresión, estrés o suicidio. Analizamos estadísticas, compartimos campañas y discutimos posibles soluciones. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a observar el terreno donde muchos de estos problemas crecen: la costumbre de ignorar señales que llevan años frente a nosotros. La indiferencia no siempre se presenta como una decisión consciente. A veces adopta formas más discretas o sesgos. Se parece a la normalización del agotamiento. A la idea de que sentirse mal es parte inevitable de crecer. A la creencia de que pedir ayuda puede esperar. A la expectativa de que las personas jóvenes deben adaptarse a cualquier circunstancia sin importar el costo emocional. En mi experiencia, una de las conversaciones más urgentes de esta generación no tiene que ver únicamente con la salud mental. Tiene que ver con aquello que hemos aprendido a tolerar e ignorar. Durante décadas admiramos estilos de vida construidos alrededor de la productividad permanente. Aprendimos a valorar a quien nunca descansa, a quien siempre está disponible y a quien sigue adelante sin importar lo que ocurre en su interior. Convertimos el desgaste en una muestra de compromiso y el cansancio en una credencial de éxito. El problema es que el cuerpo y la mente suelen cobrar esas facturas. Por eso me parece importante hablar de un fenómeno que observo con frecuencia entre adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes: la pérdida de esperanza que antecede el suicidio silencioso. No se trata de un diagnóstico clínico ni de una categoría médica. Es una forma de nombrar procesos de deterioro que avanzan lentamente mientras la vida continúa en apariencia con normalidad. Ocurre cuando alguien consume sustancias de manera excesiva aun sabiendo el daño que provocan. Cuando una persona vive con una tristeza profunda durante años y aprende a ocultarla detrás de una rutina funcional. Cuando el estrés deja de ser una señal de alerta y se convierte en el estado habitual de existencia. Cuando el vacío emocional se vuelve tan frecuente que deja de llamar la atención. La parte más compleja es que muchas de estas personas siguen estudiando, trabajando, produciendo y cumpliendo con sus responsabilidades. Desde fuera parecen estar bien. Desde dentro libran una batalla silenciosa. Como sociedad solemos reaccionar cuando aparece una crisis evidente. Lo hacemos cuando alguien abandona la escuela, pierde un empleo o atraviesa una emergencia emocional. Pero prestamos mucha menos atención a los años previos, a las pequeñas señales, a los cambios de comportamiento que anuncian que algo no marcha bien. Ignorar también tiene consecuencias. La indiferencia puede ser mortal para una persona. También puede ser costosa para una organización y para un país. Hoy hablamos constantemente de innovación, talento, competitividad y crecimiento. Son conversaciones necesarias. Sin embargo, existe una pregunta que aparece con menos frecuencia: ¿qué ocurre cuando una generación entera aprende a sobrevivir emocionalmente, pero deja de sentirse conectada con su futuro? Las economías no funcionan únicamente con infraestructura, inversión o tecnología. Funcionan gracias a personas capaces de crear, colaborar, liderar, aprender y resolver problemas. Funcionan gracias a individuos que conservan energía para imaginar nuevas posibilidades. Cuando el agotamiento se vuelve norma, la creatividad se reduce. Cuando la desesperanza gana terreno, disminuye la disposición para asumir riesgos. Cuando el bienestar se deteriora, también se afecta la capacidad de construir proyectos de largo plazo. Por eso la salud mental ya no puede entenderse únicamente como un asunto individual. Tampoco como una conversación exclusiva del sector salud. Se ha convertido en un componente esencial de los modelos de bienestar humano que definirán la manera en que trabajamos, aprendemos y convivimos durante las próximas décadas. Hoy más de 45 millones de mexicanos tienen entre 12 y 45 años. Son quienes estudiarán, emprenderán, innovarán, trabajarán, pagarán impuestos, sostendrán sistemas productivos y ocuparán posiciones de liderazgo durante las próximas décadas. Si una proporción creciente de esta población vive agotada, ansiosa, deprimida o desconectada de su futuro, la pregunta ya no es cuánto cuesta atender la salud mental. La pregunta es cuánto costará no hacerlo. Diversos estudios internacionales muestran que la Generación Z reporta mayores niveles de estrés, ansiedad y desesperanza que generaciones anteriores a la misma edad. Al mismo tiempo, es la generación que más abiertamente busca apoyo psicológico y exige que el bienestar forme parte de la conversación educativa y laboral. Quizá por eso los jóvenes hablan más de salud mental. No porque sean menos resilientes. No porque tengan menos capacidad para enfrentar desafíos. Hablan más porque reconocen que vivir permanentemente agotados no debería considerarse una meta ni una condición inevitable para alcanzar el éxito. La verdadera discusión no gira alrededor de si las personas jóvenes necesitan bienestar. La pregunta es si las organizaciones, las instituciones y la sociedad están dispuestas a reconocer que el costo de la indiferencia ya es demasiado alto. Ignorar una señal de alerta puede costar una vida. Ignorar el bienestar emocional de toda una generación puede costarle competitividad, innovación y futuro a un país entero. _____ Nota del editor: Mafer Olvera es fundadora y directora general de HOPE, la red de salud emocional especializada en adolescentes y jóvenes de 12 a 35 años. Su misión es garantizar acceso digno, profesional y asequible a servicios de salud mental mediante atención presencial y digital, programas preventivos, talleres, experiencias culturales, espacios comunitarios y alianzas estratégicas que permitan acercar el bienestar emocional a gran escala. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
Las empresas creen conocer a sus clientes y cada vez los conocen menos
Durante décadas, entender al consumidor parecía una tarea relativamente sencilla. Bastaba con conocer su edad, nivel socioeconómico, lugar de residencia o generación para anticipar buena parte de sus decisiones. Sobre esas categorías se construyeron campañas publicitarias, productos, canales de distribución y estrategias comerciales enteras. Hoy, esa lógica parece insuficiente. El consumidor mexicano se ha vuelto más difícil de definir porque ya no responde a patrones tan estables como en el pasado. Una misma persona puede destinar tiempo a comparar precios durante días para una compra y, horas después, pagar más por una entrega inmediata. Puede elegir una marca premium en una categoría y una opción económica en otra. Puede iniciar una búsqueda en redes sociales, contrastar opiniones con una herramienta de inteligencia artificial y concluir la compra en una tienda física. Lejos de ser una excepción, esta combinación de comportamientos se está convirtiendo en la norma. Detrás de este cambio convergen múltiples factores. La digitalización amplió radicalmente el acceso a la información y a las opciones de compra. La inflación y la incertidumbre económica modificaron las prioridades de gasto de millones de hogares. Al mismo tiempo, la tecnología redujo el costo de cambiar de proveedor, de comparar alternativas y de cuestionar decisiones que antes se tomaban por hábito. El resultado es un consumidor más informado, más exigente y, sobre todo, más impredecible. Las preocupaciones financieras representan actualmente una de las principales fuentes de estrés para los mexicanos. Más de la mitad de los consumidores reporta sentir presión económica constante. Sin embargo, esta realidad no necesariamente se traduce en una reducción generalizada del consumo. Lo que está cambiando es la forma en que las personas asignan valor a sus decisiones. Los recortes presupuestales ya no son uniformes; son selectivos. Mientras algunos gastos son eliminados sin contemplaciones, otros continúan creciendo porque responden a necesidades percibidas como más relevantes, inmediatas o satisfactorias. Esta aparente contradicción refleja un cambio más profundo: las decisiones de compra dependen cada vez menos de características permanentes y cada vez más del contexto específico en que ocurren. Quizá por ello algunas de las categorías que tradicionalmente se utilizaron para entender a los consumidores comienzan a perder capacidad explicativa. La edad ya no determina por sí sola el comportamiento digital. El ingreso ya no define automáticamente las preferencias de consumo. Incluso las generaciones, utilizadas durante años como una referencia para interpretar hábitos y aspiraciones, parecen insuficientes para describir comportamientos cada vez más diversos dentro de un mismo grupo. Esta fragmentación del comportamiento también refleja un cambio más amplio en la forma en que las personas construyen su identidad como consumidores. Durante buena parte del siglo XX, las preferencias de consumo estaban estrechamente vinculadas a factores relativamente permanentes como la profesión, el lugar de residencia o el nivel de ingresos. Hoy, en cambio, las personas pertenecen simultáneamente a múltiples comunidades físicas y digitales que influyen en sus decisiones de manera constante. Las redes sociales han acelerado este fenómeno al exponer a los consumidores a tendencias, recomendaciones y estilos de vida provenientes de grupos con los que antes difícilmente habrían interactuado. Como resultado, individuos con características demográficas similares pueden desarrollar hábitos de consumo radicalmente distintos, mientras que personas de diferentes edades, ingresos o regiones pueden compartir preferencias sorprendentemente parecidas. Esto ayuda a explicar por qué algunos de los supuestos más arraigados sobre el mercado están perdiendo vigencia. La lealtad a las marcas es más volátil, los ciclos de adopción de productos son más rápidos y las expectativas de los consumidores evolucionan constantemente. Lo que hoy representa una propuesta de valor diferenciada puede convertirse en un estándar mínimo en cuestión de meses. En este contexto, entender el consumo requiere observar menos quién es una persona en términos demográficos y más cuáles son las circunstancias, motivaciones y necesidades que influyen en sus decisiones en un momento determinado. A esta transformación se suma un fenómeno emergente. Por primera vez, una parte creciente de las decisiones de consumo comienza a estar mediada por herramientas de inteligencia artificial. Los consumidores recurren a ellas para comparar productos, buscar recomendaciones y filtrar información. En consecuencia, el recorrido tradicional de compra se vuelve menos lineal y mucho más difícil de anticipar. Todo apunta a una misma conclusión: el consumidor mexicano ya no puede entenderse a partir de categorías estáticas. Durante años, las organizaciones buscaron clasificar a las personas para comprenderlas mejor. Hoy enfrentan una realidad distinta. Los comportamientos evolucionan con mayor rapidez que las etiquetas utilizadas para describirlos. La paradoja es evidente. Nunca habíamos tenido acceso a tantos datos sobre los consumidores. Nunca habíamos contado con tantas herramientas para analizarlos. Y, sin embargo, entender cómo tomarán su próxima decisión parece más difícil que antes. México sigue siendo uno de los mercados de consumo más dinámicos de América Latina. Pero precisamente por ello, también se ha convertido en uno de los más complejos de interpretar. Las categorías que durante años ayudaron a explicar el comportamiento de las personas no han desaparecido; simplemente han dejado de ser suficientes. Quizá el desafío ya no consiste en obtener más información sobre los consumidores. Tal vez, el verdadero reto sea aceptar que las personas cambian más rápido que los modelos que utilizamos para entenderlas. _____ Nota del editor: Carlos Martínez es Office Head de Bain & Company México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
La confianza del lector ya alimenta a la IA
Durante los últimos dos años, el discurso dominante en marketing y comunicación corporativa asumió que optimizar para inteligencia artificial (IA) era un ejercicio técnico: estructurar contenido para que los motores de IA lo citen, ajustar metadatos para que los modelos de lenguaje lo entiendan, escribir párrafos que cualquier LLM pueda parafrasear sin perder el sentido. Toda una industria de GEO se montó sobre esa premisa. Y es, en gran parte, la pregunta equivocada. Google acaba de mostrar por qué. En mayo completó el despliegue global de “Fuentes Preferidas”, una función que permite a cualquier usuario marcar los medios en los que confía para que aparezcan con más frecuencia en sus resultados de búsqueda. La mecánica es deliberadamente simple: el lector elige, no el algoritmo. Desde su lanzamiento, ya se marcaron más de 200,000 sitios únicos como fuente preferida en todo el mundo, y quienes lo hacen tienen el doble de probabilidad de volver a visitar ese sitio. México la tiene activa desde mediados de mayo. Hasta ahí, parece una nota de producto. Lo que cambia el tablero es el siguiente paso, que Google ya confirmó: esa misma selección de fuentes preferidas se va a incorporar a los AI Overviews y al AI Mode del buscador. Es decir, el medio que el lector marcó como confiable no solo aparecerá primero en los resultados clásicos: también tendrá prioridad dentro de las respuestas que genera la inteligencia artificial. La confianza manual de una persona se convierte en una señal de entrenamiento para lo que la máquina decide mostrar. Esto es el dato duro que la mayoría de los departamentos de comunicación todavía no está mirando: el mecanismo central del posicionamiento en la era de la IA generativa no es estructurado, no es técnico y no se compra. Es una decisión humana, expresada con un clic, que la plataforma traduce directamente en visibilidad algorítmica. La pregunta que debería estar discutiéndose en los comités de reputación no es «cómo escribimos para que la IA nos entienda», sino «por qué alguien elegiría marcarnos como fuente confiable cuando nadie lo está obligando a hacerlo». Ahí está la consecuencia que casi nadie está explorando todavía. Durante dos décadas, la comunicación corporativa midió su éxito con métricas que asumían que el filtro relevante era editorial o algorítmico: cantidad de menciones, alcance estimado, valor publicitario equivalente. Esas métricas describen cuánta gente vio algo, no cuánta gente decidió, por su cuenta, que esa fuente merece un lugar prioritario en su forma de informarse. En este sentido, “Fuentes Preferidas” hace visible una distinción que siempre existió pero que el negocio de las relaciones públicas prefirió no mirar de frente: hay una diferencia enorme entre aparecer y ser elegido. Esa distinción se vuelve más cara, no más barata, a medida que la IA generativa gana terreno. Si el modelo prioriza lo que el lector ya marcó como confiable, ninguna estrategia de contenido optimizado, ningún boletín de prensa bien distribuido y ninguna inversión en estructurar datos va a sustituir el trabajo de fondo: construir una relación sostenida con una audiencia que decide, sin que nadie se lo pida, que esa marca o ese medio merece prioridad. Es un activo que no se fabrica en un sprint de contenido. Se acumula con consistencia editorial, con coherencia entre lo que una organización dice y lo que hace, y con años de no defraudar a quien decidió confiar. Para las empresas, el riesgo inmediato es delegar este problema en el lugar equivocado. La tentación natural es tratarlo como un tema de marketing de performance o de SEO técnico, dos disciplinas que saben optimizar para algoritmos, pero no están diseñadas para construir confianza sostenida con una audiencia humana. Ese trabajo, por definición, le corresponde a comunicación corporativa: es reputación, no es tráfico. Y, sin embargo, en la mayoría de los organigramas, comunicación sigue reportando a marketing, midiendo impactos en medios y sin un lugar en la conversación sobre cómo se construye la confianza que ahora literalmente alimenta lo que ve un usuario cuando le pregunta algo a una inteligencia artificial. El movimiento de Google no resuelve esa tensión organizacional, la expone. Demuestra, con un mecanismo concreto y medible, que la confianza del público ya no es una métrica blanda que se reporta al final del trimestre como complemento de la cobertura mediática. Es, ahora, una variable de entrada en el sistema que decide qué información llega primero a millones de personas. Hay además un efecto de concentración que conviene anticipar. Si la prioridad algorítmica recompensa a quien ya tiene una base de lectores fieles, las marcas y medios que llevan años construyendo esa relación entran a la era de la IA con ventaja estructural, mientras que quienes apostaron todo a la pauta o al alcance comprado llegan sin ningún activo que la máquina pueda reconocer como confiable. No es un campo de juego nuevo y parejo: es uno donde la reputación acumulada durante años, antes de que existiera la IA generativa, se convierte de golpe en la variable que más pesa. Para una organización que recién está empezando a invertir en comunicación corporativa seria, esa es una desventaja de partida que ningún presupuesto de medios pagados puede revertir en un trimestre. La pregunta abierta no es técnica. Es de gobernanza interna: si la confianza del lector ya está decidiendo qué prioriza la inteligencia artificial, ¿qué área de la organización es responsable de construirla, y por qué la mayoría de las empresas todavía no tiene una respuesta clara? ____ Nota del editor: Matías Carrocera es experto en liderazgo, capital humano y visión empresarial, con una trayectoria destacada en el desarrollo de estrategias innovadoras. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
¿Cómo una conversación puede transformar el rumbo de tu carrera?
Hay conversaciones que cambian el rumbo de una carrera, aunque en ese momento no nos demos cuenta. Al principio de la mía, recién salida de la universidad, sentía que improvisaba todos los días. Entraba a reuniones donde parecía que todos entendían el negocio, menos yo. Tenía muchas ganas de aprender, pero también muchas dudas. Fue entonces cuando apareció mi primera mentora. Era directora de Recursos Humanos y, aunque habíamos estudiado lo mismo, veía las cosas de una manera completamente diferente. Cuando yo llegaba buscando respuestas, ella me hacía preguntas. Cuando yo veía un problema enorme, ella me ayudaba a entender el contexto. Poco a poco empecé a pensar distinto. Con los años entendí que el regalo más grande que me hizo no fue decirme qué hacer. Fue prestarme su experiencia hasta que yo pude construir la mía. Por eso creo que el mentoring no debería depender de la suerte. Todos conocemos personas que encontraron a alguien que creyó en ellas en el momento correcto, pero también conocemos muchas otras que nunca tuvieron esa oportunidad. Las empresas pueden hacer mucho para que esos encuentros ocurran de manera intencional. Cuando un programa de mentoring está bien diseñado, no solo ayuda a desarrollar personas. También rompe barreras entre áreas que normalmente trabajan aisladas. Es increíble lo que pasa cuando alguien de finanzas ayuda a alguien de marketing a ver un problema desde otro ángulo, o cuando una persona de operaciones comparte su experiencia con alguien de ventas. Ambos terminan aprendiendo. Y si esas conversaciones ocurren entre personas de diferentes países o culturas, el aprendizaje es todavía mayor. Dejamos de ver solo nuestra realidad y empezamos a entender cómo piensan otros equipos, otros mercados y otras formas de trabajar. También creo que ya es momento de dejar atrás la idea de que el mentoring siempre va en una sola dirección. Durante mucho tiempo pensamos que el aprendizaje ocurría únicamente del más experimentado hacia el más joven. Hoy sabemos que eso ya no alcanza. Las nuevas generaciones están llegando con otra forma de entender el trabajo. Hablan de bienestar, de flexibilidad, de equilibrio, de propósito y de salud mental con una naturalidad que hace algunos años era poco común. Escucharlas no significa perder autoridad. Al contrario, significa tener la humildad suficiente para seguir aprendiendo. He visto cómo muchos líderes cambian su manera de dirigir simplemente porque alguien 20 o 30 años menor les hizo una buena pregunta o les mostró una realidad que no estaban viendo. Eso también es mentoring. Claro que estos programas necesitan cierta estructura para funcionar. Hay que preparar a los mentores, acompañar a quienes participan y dar seguimiento para que las conversaciones no se queden en una buena intención que termina perdiéndose entre reuniones y pendientes. Pero, al final, lo que realmente hace la diferencia no es el formato ni el proceso. Son las personas. Porque todos, sin importar los años de experiencia que tengamos, tenemos puntos ciegos. Todos necesitamos, de vez en cuando, alguien que nos ayude a ver una posibilidad que nosotros todavía no alcanzamos a descubrir. Yo tuve esa suerte al empezar mi carrera. Ojalá cada vez más personas la tengan también, no por casualidad, sino porque las organizaciones decidan crear espacios donde aprender unos de otros sea parte de su cultura. _____ Nota del editor: Diana Geofroy es Vicepresidenta Senior de Recursos Humanos para Colgate-Palmolive México. “Me encanta viajar, correr medios maratones y pasar mi tiempo libre con mi hijo y mi perro. Me apasionan los proyectos de transformación organizacional, cultura, liderazgo e innovación, especialmente aquellos que generan un impacto real en las personas y el negocio”. Síguela en Linkedin. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
La reconstrucción pone a prueba a una Venezuela endeudada y sin margen financiero
Los terremotos en Venezuela han dejado al menos 3,685 muertos y casi 17,000 heridos, de acuerdo con la información más reciente del gobierno del país. Mientras el número de muertos crece y las esperanzas de rescatar a personas vivas se esfuman, un nuevo reto se asoma para los venezolanos: la reconstrucción. Los sismos derribaron decenas de edificios residenciales y provocaron enormes daños en el aeropuerto internacional Simón Bolívar de Caracas, ubicado en la región de La Guaira, la más golpeada por el desastre. De acuerdo con especialistas, el doble sismo golpeó a Venezuela en un momento complicado para su economía, pues su producción petrolera, de la que es sumamente dependiente, apenas comenzaba a recuperarse tras años de crisis. El costo de la destrucción Los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que golpearon Venezuela hace dos semanas provocaron miles de muertes, pero también afectaron gravemente los medios de vida, la infraestructura y los servicios esenciales, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De acuerdo con el análisis preliminar de esta oficina de la ONU, los daños físicos directos se estimaron en 6,700 millones de dólares —con un rango de entre 4,700 y 8,700 millones de dólares— equivalentes a alrededor del 6% del PIB. Este dato está basado en un análisis que combina modelos sísmicos. “La mayor parte de los daños se concentra en Distrito Capital, seguido por Miranda, Carabobo, La Guaira y Aragua, reflejando la combinación de una elevada concentración de activos y la intensidad del movimiento del suelo”, indica el PNUD. Esta cifra no incluye los daños a la infraestructura, la mayor disrupción económica ni los costos de reconstrucción a largo plazo. El impacto económico total suele ser entre 1.5 y 3 veces el valor de los daños directos, indica el organismo. El PNUD estima que 1.7 millones de estructuras se encontraban en las zonas afectadas, incluyendo un número significativo en los estados más afectados: La Guaira, Caracas, Carabobo, Miranda, Yaracuy y Aragua. El gobierno venezolano calcula que casi 200 edificios colapsaron completamente, pero estimaciones de la NASA indican que 58,000 edificaciones pueden haber sido afectadas. El gobierno venezolano reportó que más de 17,000 personas se quedaron sin vivienda. La administración venezolana cuenta con casi 13,000 damnificados por los terremotos, cifra muy lejana del estimado de la ONU de hasta siete millones de personas afectadas. Ese organismo ya cifraba en casi 8 millones la cantidad de personas necesitadas de ayuda humanitaria. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU solicitó a la comunidad internacional 50 millones de dólares para asistir a unas 500,000 personas durante tres meses. El peor momento Venezuela atravesaba un momento complicado cuando los terremotos golpearon. La producción petrolera, que se recuperaba gracias a las inversiones estadounidenses, aún se mantenía en niveles de 700,000 barriles al día, muy lejos de sus mejores momentos, cuando la producción rozaba los cuatro millones. De acuerdo con Andrés Giraldo, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana, entre un 70% y 80% del PIB venezolano está atado a la producción petrolera. Esta dependencia en la industria petrolera trajo consigo un estado con menos recursos para la inversión en infraestructura física. Giraldo explica que esto, sumado a una actividad privada paralizada de facto y a la cooptación de los poderes judicial y legislativo por parte del ejecutivo, condujo a un estado sin capacidad para responder a una catástrofe como la sufrida el 24 de junio. Por su parte, Juan Ortiz, economista sénior del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales de Chile señala que la economía venezolana es solo de un cuarto del tamaño que tenía en 2024, por lo que se trata de una economía debilitada y desestructurada. “La economía venezolana es un aparato productivo realmente muy limitado frente a su infraestructura pública, con problemas evidentes en cuanto a servicios básicos”, indicó en declaraciones para Expansión. Por ejemplo, desde antes del sismo, ya había problemas en el suministro de electricidad y de agua. El proceso de financiar la reconstrucción Con este contexto, Venezuela contaba con poco margen para poder hacer frente a una catástrofe de la magnitud de los dos sismos. “La capacidad fiscal es muy limitada en cuanto a tener recursos suficientes para hacer frente a esta emergencia. Venezuela prácticamente no tiene fondos de emergencia o reservas internacionales de una importante envergadura que le permita generar recursos para refinanciar o financiar un proceso de reconstrucción de infraestructura crítica”, dijo Ortiz. Venezuela anunció en mayo el inicio de un plan de reestructuración de su enorme deuda pública externa, un paso vital en su reconexión con el sistema financiero internacional tras años de impagos bajo el gobierno del depuesto Nicolás Maduro. En 2017 el país empezó a incumplir los pagos de bonos emitidos por la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Las sanciones estadounidenses limitaron desde 2018 aún más la capacidad de pago del gobierno venezolano. Venezuela no difunde estadísticas oficiales sobre sus pasivos, aunque según estimaciones previas de la agencia Reuters, la deuda rondaría los 160,000 millones de dólares, incluyendo préstamos bilaterales, laudos arbitrales y obligaciones de la petrolera estatal. De acuerdo con Ortiz, Venezuela tiene capacidad para ir a buscar línea de crédito con organizaciones internacionales multilaterales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo, instituciones con las que ha retomado su relación tras la captura de Nicolás Maduro en enero. Sin embargo, para lograr obtener este financiamiento, el gobierno venezolano deberá someterse a reformas importantes, no solo de su modelo económico, sino en su estructura política, dice Giraldo de la Javeriana. “Venezuela queda con poco poder de negociación y muy posiblemente le toque acelerar el proceso de reformas para volver a implementar la democracia y así generar confianza internacional para recibir la ayuda, para administrarla y poder reconstruir Venezuela luego de los sismos”, concluye el economista. ]]>
Del TLCAN al T-MEC: así se transformó la economía mexicana
A comienzos de los años 80, México todavía era un país petrolero . El crudo concentraba la mayor parte de las exportaciones, la economía operaba detrás de altos aranceles, producir para el mercado interno era la prioridad y el Estado mantenía una fuerte presencia en la actividad productiva.. A través de cuatro décadas, el panorama cambió por completo. En 2025, las exportaciones mexicanas alcanzaron un récord de 663,770 millones de dólares, con cifras desestacionalizadas . De ese total, las manufacturas aportaron 607,736 millones , equivalentes a 91.6% de las ventas externas, mientras las exportaciones petroleras sumaron apenas 21,306 millones , es decir, 3.2% del total, de acuerdo con la Balanza Comercial de Mercancías de México de Banxico. Las exportaciones petroleras perdieron peso incluso antes del TLCAN: pasaron de representar 58% del total exportado en 1980 a solo 12% en 1994, año en que el tratado entró en vigor. Aunque años después recobraron fuerza ya no alcanzaron a las manufacturas. Ese contraste resume una de las transformaciones económicas más importantes de México: pasó de depender del petróleo a convertirse en una de las plataformas manufactureras más importantes del mundo y en una pieza esencial de las cadenas de suministro de América del Norte . El Tratado de Libre Comercio de América del Norte ( TLCAN ) no inició ese cambio, pero sí lo aceleró y le dio certidumbre. La transformación comenzó una década antes, cuando el modelo económico que había impulsado al país durante buena parte del siglo XX llegó a su límite. El fin del modelo cerrado Por mucho tiempo, México siguió una estrategia de industrialización por sustitución de importaciones . El objetivo consistía en fabricar dentro del país los bienes que antes se compraban en el extranjero, algo que volvió a la mesa en los últimos años. Para lograrlo, el gobierno protegía a las empresas nacionales mediante elevados aranceles, permisos de importación, subsidios y una amplia participación del Estado en la economía. Ese modelo permitió el llamado Desarrollo Estabilizador. Entre las décadas de 1950 y 1970, la economía mexicana creció alrededor de 6% anual con inflación relativamente baja, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sin embargo, también generó una industria poco expuesta a la competencia internacional y cada vez más dependiente del gasto público. La crisis de deuda de 1982 marcó un punto de quiebre, pues la suspensión de pagos, la devaluación del peso y el aumento de la inflación obligaron al país a replantear su estrategia económica. Cuatro años después, México ingresó al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) , redujo aranceles, eliminó buena parte de las restricciones a las importaciones y comenzó a abrir sectores a la inversión extranjera. La CEPAL identifica ese proceso como el inicio de la integración comercial moderna de México. Cuando comenzó la negociación del TLCAN, la apertura ya estaba en marcha. El tratado que cambió el motor económico El 1 de enero de 1994 entró en vigor el TLCAN. Más que abrir la economía, el acuerdo dio certidumbre a las inversiones y consolidó la integración productiva con Estados Unidos y Canadá. El cambio se reflejó en lo que México comenzó a vender al mundo, principalmente a Estados Unidos, ya que el petróleo dejó de ser el único protagonista y empezó a figurar en vehículos, autopartes, pantallas, maquinaria, equipo eléctrico y cientos de productos manufacturados elaborados dentro de cadenas regionales de producción. Hasta hace poco, la fortaleza exportadora más presumida en México dentro de las manufacturas era lo automotriz. El país atrajo inversiones de las principales armadoras y se integró a las cadenas de suministro de Norteamérica. Es el séptimo productor y el cuarto exportador mundial de vehículos, según la Organización Internacional de Constructores de Automóviles. Sin embargo, ese ascenso enfrenta uno de sus mayores desafíos: los aranceles impuestos por Estados Unidos y la revisión del T-MEC han elevado la incertidumbre sobre una industria que representa 30% de las exportaciones manufactureras de México. La relación con Estados Unidos también cambió de escala. Hoy, alrededor de ocho de cada diez dólares que México exporta tienen como destino ese mercado. La integración dejó de medirse únicamente por el comercio final: un vehículo ensamblado en México incorpora acero estadounidense, componentes electrónicos asiáticos y autopartes fabricadas en distintos estados de Norteamérica antes de regresar al consumidor estadounidense como un producto terminado. La OCDE estima que más de la mitad del valor de los insumos importados por México termina incorporado en bienes que posteriormente se exportan, una de las proporciones más altas entre las economías del organismo. Esa cifra refleja el grado de integración alcanzado por la industria mexicana dentro de las cadenas globales de valor. El éxito tuvo límites Pero la historia no termina con el auge exportador. Mientras las ventas al exterior crecían hasta romper récords, la economía mexicana avanzó a un ritmo mucho más moderado. Diversos análisis del Banco Mundial, la CEPAL y la OCDE coinciden en que México construyó un sector manufacturero altamente competitivo, pero ese dinamismo no logró extenderse con la misma intensidad al resto de la economía. Durante buena parte de las tres décadas posteriores al TLCAN, el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto rondó 2%. La productividad avanzó de forma desigual, el ingreso por habitante aumentó menos de lo esperado y millones de pequeñas y medianas empresas permanecieron al margen de las cadenas globales de valor. Por un lado, México se convirtió en una potencia manufacturera y en uno de los principales exportadores del mundo. Por otro, el crecimiento económico permaneció por debajo del potencial estimado por distintos organismos internacionales. La CEPAL ha documentado que el crecimiento exportador convivió con débiles encadenamientos productivos hacia el mercado interno, mientras la OCDE ha insistido en que elevar la productividad fuera del sector exportador sigue siendo uno de los principales desafíos para acelerar el crecimiento del país. El T-MEC, una nueva etapa El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), vigente desde 2020 , nació para un contexto completamente distinto al del TLCAN. Si el
¿Dónde se jugará el Mundial 2038 y por qué México surge como posible candidato?
El Mundial de 2026 está por llegar a su fin, pero México ya aparece en las proyecciones para ser el anfitrión de una nueva edición, así lo plantea Erasmo Zarazúa , docente de Relaciones Internacionales, Comunicación y Deportes en la Universidad Iberoamericana . Zarazúa señala que, si la FIFA decide ampliar de forma permanente el torneo de 48 a 64 selecciones, América tendría amplias posibilidades de volver a albergar la competencia en 2038. ¿Qué necesita México para ser sede? La razón va más allá del aspecto deportivo, ya que la infraestructura construida para el Mundial de 2026, los costos de organización y la necesidad de contar con más estadios convertirían a México y Estados Unidos en candidatos naturales para repetir como anfitriones. Aunque por ahora se trata de un ejercicio prospectivo y la FIFA no ha tomado una decisión, especialistas consideran que las determinaciones que se adopten durante los próximos dos años definirán el rumbo de las siguientes cuatro Copas del Mundo. Después de casi tres décadas con 32 selecciones participantes, el Mundial 2026 pasó a disputarse con 48 equipos, un cambio que elevó el número de partidos de 64 a 104 y obligó, por primera vez desde 2002, a que dos o más países compartieran la organización del campeonato. Sin embargo, para el experto de la Ibero ese crecimiento podría no ser el último, ya que el formato actual todavía presenta problemas deportivos porque incorpora la clasificación de los mejores terceros lugares, situación que genera diferencias entre los grupos que juegan primero y aquellos que disputan sus encuentros al final de la fase inicial. Además, un torneo de 64 selecciones, dividido en 16 grupos de cuatro equipos, permitiría regresar a un sistema más equilibrado, en el que únicamente los dos primeros lugares de cada grupo obtengan el pase a la siguiente ronda. Bajo ese escenario desaparecería la necesidad de comparar terceros lugares y todos los participantes competirían bajo las mismas condiciones. Pero un crecimiento de esa magnitud modificaría completamente la organización de la Copa del Mundo. Pasar de 48 a 64 selecciones implicaría organizar 128 partidos, aumentar el número de sedes, ampliar la capacidad hotelera, fortalecer los sistemas de transporte y contar con más estadios certificados por la FIFA. Por ello, cualquier decisión tendría que anunciarse con varios años de anticipación para permitir que los países interesados preparen la infraestructura necesaria y esa decisión no solo afectará el formato del torneo, sino también la manera en que la FIFA elegirá las futuras sedes durante las próximas décadas. ¿Por qué México sería candidato para el Mundial 2038? Si no es México, ¿qué país será sede del Mundial 2038? Si la FIFA confirma en los próximos años un Mundial permanente de 64 selecciones, México podría ser uno de los candidatos para organizar la edición de 2038 , aunque debería compartirlo con Estados Unidos. La principal ventaja sería económica, porque, a diferencia de otros países que tendrían que construir estadios completamente nuevos o desarrollar redes de transporte desde cero, México ya realizó una parte importante de esas inversiones para el Mundial de 2026. La remodelación del Estadio Ciudad de México , las adecuaciones en Guadalajara y Monterrey , así como las obras de movilidad y conectividad ejecutadas para la Copa del Mundo, representan infraestructura que podría reutilizarse doce años después. El análisis señala que un nuevo Mundial en Norteamérica sería incluso más barato que el organizado en 2026, precisamente porque gran parte de las inversiones ya fueron realizadas. Además, México podría ampliar el número de sedes incorporando inmuebles que quedaron fuera del torneo anterior, como el Estadio Olímpico Universitario , el Estadio Jalisco , el Cuauhtémoc , siempre que cumplan con las exigencias técnicas de la FIFA para una competencia con mayor número de partidos. Si la FIFA decide apostar por una sede completamente nueva para una Copa del Mundo con 64 selecciones, el profesor de la Ibero apunta que China, India y Australia podrían ser las opciones. China podría ser el candidato más sólido debido a que ya cuenta con gran parte de la infraestructura, además, un Mundial serviría para «Proyecto 2050», con el que el gobierno chino busca convertir a su selección en una potencia futbolística. India tendría que realizar inversiones mucho mayores, pero también encontraría en la Copa del Mundo una plataforma para acelerar su desarrollo económico y urbano. Australia aparece como otra alternativa debido a que será el país anfitrión de los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032. ¿Dónde será el Mundial 2030? En diciembre de 2024, la FIFA confirmó que el Mundial de 2030 tendría a más de un país sede y, en esta ocasión, será organizado por España, Portugal y Marruecos , países que van a concentrar la mayor parte de los encuentros del torneo. Esta edición será la primera ocasión en que una Copa del Mundo se dispute simultáneamente en Europa y África. Además, Marruecos se convertirá en el segundo país africano en organizar el torneo, después de Sudáfrica en 2010, mientras que España volverá a ser sede tras el Mundial de 1982. Portugal, por su parte, albergará por primera vez partidos de una Copa del Mundo masculina. ]]>
Gamesa, Sabritas y Turín: las 10 empresas mexicanas que ahora pertenecen a gigantes extranjeros
México es un país de grandes empresas . Sin embargo, también existe un grupo de compañías que nacieron desde abajo , crecieron hasta convertirse en referentes de sus industrias y que, con el paso de los años, dejaron de estar en manos de sus fundadores o sus herederos para integrarse a empresas extranjeras. Entre ellas se encuentran marcas tan tradicionales como Gamesa, Sabritas o Chocolates Turín que, aunque mantienen una fuerte presencia en México, hoy forman parte de grupos internacionales. Aquí te contamos cuáles son 10 de esas empresas , quién las fundó, cómo llegaron a manos extranjeras y en qué corporativos se encuentran actualmente, mientras continúan operando y generando negocios en el país. Gamesa Fundada en 1921 en Monterrey por los hermanos Alberto, Ignacio y Manuel Santos González, Gamesa pasó de ser una pequeña fábrica de galletas a convertirse en uno de los mayores fabricantes del país, según su historia oficial. En 1990, la familia Santos vendió la empresa a la estadounidense PepsiCo para impulsar su crecimiento internacional y fortalecer su competitividad. Actualmente, la marca es controlada por PepsiCo México , que mantiene la producción y comercialización de sus principales productos en el país. Sabritas La empresa fue fundada en 1943 por Pedro Marcos Noriega y su esposa, Guadalupe, aunque el negocio comenzó años antes en la colonia Morelos de la Ciudad de México, donde vendían papas fritas en bicicleta. En 1966, Guillermo Noriega, hijo de los fundadores, vendió la compañía a la estadounidense PepsiCo como parte de la estrategia de expansión internacional de la multinacional, que buscaba incorporar marcas locales a su portafolio tras su alianza con Frito-Lay. La operación se concretó con la condición de conservar el nombre Sabritas y su identidad mexicana. Actualmente, la marca es controlada por PepsiCo Alimentos México . Chocolates Turín La compañía fue fundada en 1928 por el maestro chocolatero italiano Pablo Traverso, junto con el empresario mexicano Jesús Peñaloza, con el objetivo de fabricar chocolates de alta calidad en México. Durante décadas se consolidó como una de las marcas más reconocidas del país, hasta que en 2016 fue adquirida por la estadounidense Mars Wrigley, que buscó fortalecer su presencia en el mercado mexicano y preservar el legado de la marca. Actualmente, Turín forma parte del portafolio de Mars Wrigley , que ha ampliado su negocio con nuevas líneas de productos y tiendas especializadas. Chocolates La Azteca Fundada en 1919 en Orizaba, Veracruz, por Francisco y Raymundo González Barragán, junto con Salvador Valencia, Chocolates La Azteca se convirtió en una de las empresas chocolateras más importantes de México con marcas como Chocolate Abuelita y Carlos V. En 1995, la compañía fue adquirida por la suiza Nestlé por 160 millones de dólares, en una operación impulsada por el posicionamiento que había alcanzado la marca en el mercado mexicano y el interés de la multinacional por fortalecer su presencia en el país. Actualmente, marcas como Abuelita, Carlos V y Larín forman parte del portafolio de Nestlé México y continúan produciéndose en territorio nacional. Comex El origen de Comex se remonta a 1953, cuando la familia Achar Tussie fundó Comercial Mexicana de Pinturas como un pequeño negocio vinculado a tlapalerías. Con una estrategia basada en controlar su propia distribución y crear una amplia red de tiendas, la compañía creció hasta convertirse en una de las marcas de pinturas más importantes de México y América Latina. En 2014, la familia Achar vendió la empresa a la estadounidense PPG Industries por aproximadamente 2,300 millones de dólares, como parte de una estrategia para competir a escala global. Actualmente, Comex opera bajo el control de PPG Comex . Jugos Del Valle Fundada en 1947 por Luis Cetto, Jugos Del Valle comenzó como una empresa dedicada a la producción de jugo de uva y con el tiempo amplió su catálogo de bebidas. En 1978, la familia Albarrán adquirió la compañía y la llevó a una etapa de expansión con productos como Frutsi y Beberé, además de su llegada a mercados internacionales. En 2007, Jugos Del Valle se integró a la Industria Mexicana de Coca-Cola , con lo que la multinacional fortaleció su presencia en la categoría de bebidas no carbonatadas. Actualmente, la operación forma parte de Jugos Del Valle-Santa Clara, que administra marcas como Santa Clara, Vitaminwater, Powerade y Fuze Tea. Helados Holanda La historia de Helados Holanda comenzó en 1927, cuando Francisco Alatorre instaló un pequeño puesto de helados en el jardín del Buen Tono, en el Centro de la Ciudad de México. Con el apoyo de su hermana Carmen Alatorre, el negocio creció hasta convertirse en una empresa formal en 1938 y, décadas después, en el mayor productor de helados del país. En 1997, la familia fundadora vendió la compañía a la multinacional Unilever, lo que permitió integrar marcas internacionales como Magnum, Cornetto y Viennetta a su portafolio. Actualmente, Helados Holanda es controlada por Unilever , aunque mantiene su identidad como una de las marcas de helados más reconocidas en México. Tequila Sauza El origen de Tequila Sauza se remonta a 1873, cuando Don Cenobio Sauza adquirió la destilería “La Antigua Cruz” en Tequila, Jalisco, y la convirtió en La Perseverancia, nombre que conserva hasta la fecha. Durante tres generaciones, la familia Sauza impulsó la expansión de la marca, fue pionera en la exportación de tequila y creó etiquetas como Hornitos y Tres Generaciones. En 1976, la familia comenzó a ceder el control de la empresa al vender parte de sus acciones a Casa Pedro Domecq; años después, la marca pasó por distintos grupos internacionales hasta llegar a manos de Suntory Holdings , que adquirió Beam Inc. en 2014. Actualmente, Sauza mantiene su producción en Tequila, Jalisco, bajo el control de la compañía japonesa. Cervecería Cuauhtémoc Fundada en 1890 en Monterrey por Isaac Garza, José Calderón Penilla, Joseph María Schnaider y José A. Muguerza, Cervecería Cuauhtémoc se convirtió en una de las compañías más importantes de la industria mexicana con marcas como Carta Blanca, Tecate y XX Lager, además de innovaciones como la corcholata y la botella
Pese al dólar fuerte, las oportunidades para invertir florecen en los mercados de Asia, Brasil y México
Los mercados emergentes llegan al segundo semestre de 2026 con una tesis que rompe con una vieja regla de inversión: la fortaleza del dólar ya no implica, por sí sola, un mal desempeño para estos activos. Los inversionistas están dejando de tratar a los emergentes como un bloque homogéneo y están premiando estabilidad macroeconómica en México , materias primas en Brasil y tecnología e inteligencia artificial en Asia . En lo que va del año, el índice MSCI Emerging Markets acumula un avance de 20.32%, mientras que algunos mercados asiáticos han registrado repuntes mucho más agresivos. El KOSPI de Corea del Sur sube 81.68% y el índice ponderado de la bolsa de Taiwán avanza 57.02%. En América Latina, el Ibovespa de Brasil gana 6.66%, mientras que en México el S&P/BMV IPC sube 3.68%, el índice de FIBRAs avanza 9.78% y el peso se ha apreciado 2.73% frente al dólar. El mercado está diferenciando cada vez más entre economías con fundamentos sólidos y aquellas que mantienen vulnerabilidades macroeconómicas… el dólar sigue siendo importante, pero ya no explica por sí solo el comportamiento de todos los mercados emergentes México: estabilidad, carry y T-MEC La historia de las FIBRAs en 2026 ya no se cuenta con una sola cifra, sino con mayor dispersión por subsector; esa dispersión es donde está el trabajo real de análisis En su más reciente reporte, BlackRock Investment Institute advierte que la divisa estadounidense conserva su papel de activo refugio y que su reciente fortaleza ha estado relacionada con mayores diferenciales de tasas a favor de Estados Unidos y con flujos hacia activos estadounidenses. Sin embargo, la firma considera que una apreciación sostenida del dólar luce menos probable porque los niveles actuales ya reflejan buena parte de esos fundamentos. Su conclusión es que, en emergentes , la selectividad será clave . El índice dólar (DXY) acumula una ganancia cercana a 1.5% en lo que va de 2026, apoyado por tasas de interés estadounidenses todavía elevadas, episodios de aversión al riesgo y tensiones geopolíticas que han reforzado la demanda por activos refugio. Sin embargo, esa fortaleza ya no implica automáticamente un castigo para los mercados emergentes. A diferencia de ciclos anteriores, hoy pesan más los fundamentos de cada país —como tasas reales, disciplina fiscal, reservas internacionales y profundidad de los mercados financieros—, mientras que un mercado laboral estadounidense más débil ha moderado las expectativas de un mayor endurecimiento monetario por parte de la Reserva Federal. » México se encuentra dentro del grupo de mercados emergentes relativamente mejor posicionados para atraer flujos de inversión», afirma Ugarte, aunque no por una historia de crecimiento acelerado. Su atractivo está en la estabilidad macroeconómica , las tasas reales todavía elevadas, la profundidad del mercado financiero y la integración productiva con Estados Unidos. Valmex considera que México forma parte del grupo de emergentes relativamente mejor ubicado para atraer inversionistas que privilegian estabilidad sobre crecimiento. Entre sus fortalezas menciona una política monetaria creíble, estabilidad cambiaria, posición externa sólida, remesas elevadas y la integración con Estados Unidos a través del T-MEC. Su escenario contempla un tipo de cambio cercano a 17.88 pesos por dólar al cierre de 2026, más como reflejo de estabilidad financiera que de una depreciación desordenada. El riesgo está en el mismo lugar donde está la oportunidad: Norteamérica. UBS advierte que el T-MEC sigue completamente vigente , pero que la revisión anual abrió una fase de negociación que podría extenderse más allá de 2026. Para la firma, el mercado ha incorporado que una ruptura de la integración comercial es poco probable; por eso mantiene una visión moderadamente constructiva sobre el peso, apoyada en el acceso al mercado estadounidense y el atractivo carry de la moneda mexicana. En bolsa, el IPC ha tenido un desempeño más moderado que otros emergentes, pero positivo . La historia más interesante está en los activos inmobiliarios. Afore SURA señala que, al cierre del primer semestre, el diferencial entre FIBRAs e IPC prácticamente desapareció, las FIBRAs avanzaban alrededor de 4.8% , frente a 4.13% del IPC . Esto no implica deterioro del sector, sino que el índice general recibió apoyo de flujos globales hacia emergentes. Para la segunda mitad del año , las FIBRAs industriales seguirán dependiendo de ocupación, crecimiento de rentas y dividendos. Pese a la no renovación automática del T-MEC, SURA estima que los fundamentales siguen sólidos , con rentas industriales creciendo cerca de 8% anual y dividendos esperados de 7% en 2026. El catalizador, sin embargo, será binario: si la revisión del T-MEC ofrece claridad, la demanda industrial podría reaccionar rápido; si la incertidumbre se prolonga, la inversión podría mantenerse en pausa. Por otro lado, Pepperstone observa que el peso se mantiene entre dos fuerzas opuestas , una economía estadounidense que aún evita una desaceleración abrupta, lo que ayuda a los activos mexicanos, y la incertidumbre comercial junto con un posible sesgo más expansivo de Banxico, que limitan una apreciación más sostenida. En lo que va del año, el peso mexicano ya se apreció 2.73% frente al dólar, pese al repunte del billete verde a nivel global. Brasil, materias primas y demanda estructural Asia, el motor de la inteligencia artificial Brasil llega al segundo semestre con un desempeño superior al de México en renta variable . El Ibovespa acumula una ganancia de 6.66% en 2026, apoyado por su exposición a materias primas, energía, agricultura y minerales estratégicos. BlackRock ha señalado que América Latina puede beneficiarse de la demanda asociada a inteligencia artificial, infraestructura energética y minerales críticos . En ese mapa, Brasil destaca por su base exportadora más diversificada y su exposición a commodities. Franklin Templeton también ubica a Brasil como un mercado con ventajas frente a México por su amplitud exportadora en petróleo, agricultura y minerales estratégicos . «La tesis estructural descansa sobre tres pilares: bancos centrales más creíbles, cadenas de suministro regionalizadas y los flujos asociados a la inteligencia artificial», explica Ramsé Gutiérrez, codirector de inversiones de Franklin Templeton México. Pero la historia brasileña también tiene riesgos. StoneX advierte que el real podría enfrentar
¿Cuáles son las 8 selecciones que siguen en el Mundial 2026 y cómo quedan los cuartos de final?
Los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA llegaron a su fin y ya conocemos a los ocho invitados que siguen su camino rumbo a la gloria y que disputarán la ronda de cuartos de final . Francia , Marruecos , España , Bélgica , Noruega , Inglaterra , Argentina y Suiza son los ocho equipos que se mantienen con vida en el certamen y que buscarán seguir avanzando en busca del anhelado sueño de levantar el trofeo. Con la finalización de los octavos de final, por primera vez en 27 días habrá un día libre de futbol , pues este miércoles 8 de julio habrá descanso para reanudar actividades el próximo jueves 9 de julio. Los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA se jugarán de la siguiente forma: – Jueves 9 de julio: Francia vs Marruecos a las 14:00 horas. – Viernes 10 de julio: España vs Bélgica a las 13:00 horas. – Sábado 11 de julio: Noruega vs Inglaterra a las 15:00 horas. – Sábado 11 de julio: Argentina vs Suiza a las 19:00 horas. ¿Cómo se jugarían las semifinales del Mundial 2026? Una vez finalizada la ronda de cuartos de final, estarían listos los cuatro invitados a semifinales . Estos cuatro participantes definirán a los primeros cuatro puestos del torneo, pues los vencedores de dicha instancia jugarán la final, en busca de un campeón; por otra parte, los equipos perdedores disputarán entre sí el partido por el tercer lugar. Las semifinales se jugarían de la siguiente forma: – Martes 14 de julio: Ganador de Francia-Marruecos vs Ganador de España-Bélgica – Miércoles 15 de julio: Ganador de Noruega-Inglaterra vs Ganador de Argentina-Suiza. ¿Cuándo es la final de la Copa del Mundo 2026? La final del Mundial 2026 está programada para llevarse a cabo el próximo domingo 19 de julio a las 13:00 horas. La final se llevará a cabo en el Estadio Nueva York Nueva Jersey. Por otra parte, el partido por el tercer lugar se llevará a cabo el próximo sábado 18 de julio a las 15:00 horas, tiempo del centro de México. Este encuentro se llevará a cabo en el Estadio Miami. ]]>