Nadia López sustituye a Marx Arriaga en la Dirección de Materiales Educativos

Este martes, Mónica Alfaro y Alberto Zanela hablan sobre el nombramiento de Nadia López García como la nueva titular de la Dirección General de Materiales Educativos, de la Secretaría de Educación Pública, en sustitución de Marx Arriaga. Además, comentan estos temas relevantes: – La falsificación de billetes en México repuntó a su nivel más alto desde el 2022 – Va CDMX por 2 millones de altas vehiculares y récord en recaudación de tenencia – Del maratón al horario estelar: el streaming adopta las reglas de la vieja TV – Los lactarios empresariales retienen talento y disminuyen costos para las empresas ]]>

Nadia López sustituye a Marx Arriaga en la Dirección de Materiales Educativos

Este martes, Mónica Alfaro y Alberto Zanela hablan sobre el nombramiento de Nadia López García como la nueva titular de la Dirección General de Materiales Educativos, de la Secretaría de Educación Pública, en sustitución de Marx Arriaga. Además, comentan estos temas relevantes: – La falsificación de billetes en México repuntó a su nivel más alto desde el 2022 – Va CDMX por 2 millones de altas vehiculares y récord en recaudación de tenencia – Del maratón al horario estelar: el streaming adopta las reglas de la vieja TV – Los lactarios empresariales retienen talento y disminuyen costos para las empresas ]]>

Si la IA no te recomienda, tu marca no existe en 2026

En 2026 tu mayor cliente no es una persona. Es la Inteligencia Artificial. Si esta frase te incomoda, vas por buen camino. Porque en 2026, antes de que un cliente te conozca, una IA ya decidió si existes o no. Decidió si tu marca es confiable, si merece ser recomendada y si vale la pena mencionarte… o ignorarte por completo. No es ciencia ficción. Es el nuevo orden del marketing. El consumidor dejó de buscar marcas. Ahora hace preguntas. Y cuando pregunta, no compara. Confía en una sola respuesta. La pregunta incómoda es simple: ¿Esa respuesta eres tú? Veo empresas invirtiendo tiempo y dinero en estrategias que ya no mueven la aguja. Publican más, gritan más, aparecen más… y venden menos. Desde mi punto de vista, el error no está en el esfuerzo. Está en el enfoque. Seguimos persiguiendo visibilidad cuando lo que realmente importa es relevancia. Seguimos pensando en tráfico cuando el verdadero activo es confianza. Hoy no gana la marca que aparece primero. Gana la que una IA considera segura para recomendar. En esta nueva etapa, las marcas poderosas no son las que hablan de todo, sino las que explican bien una sola cosa. Las que tienen una visión clara, un mensaje consistente y una promesa que no cambia según la moda. Mi propuesta es clara y personal: Deja de intentar gustarles a todos y empieza a ser útil de verdad. Las IAs no premian el contenido bonito ni las frases inspiradoras vacías. Premian el contenido claro, honesto y repetible. El que aparece una y otra vez diciendo lo mismo, con criterio y coherencia. Eso no se improvisa. Se construye. Aquí va una buena noticia: no necesitas ser viral para ganar en 2026. Necesitas ser confiable. La IA observa patrones. Observa quién explica bien, quién aporta contexto, quién no exagera, quién no promete lo imposible. Observa quién es citado, quién es consistente y quién se comporta como experto, no como vendedor desesperado. Las marcas que lideran hoy son las que: – Mantienen un mensaje firme. – Aparecen en los espacios correctos. – No cambian de discurso cada trimestre. – Construyen reputación antes que alcance. La constancia se volvió atractiva. La coherencia, irresistible. Una de las decisiones más inteligentes que puede tomar un negocio hoy es hacer menos ruido y más impacto. Un solo contenido bien pensado, bien explicado y bien distribuido vale más que cien publicaciones olvidables. Especialmente en un mundo donde la inteligencia artificial decide qué información merece ser usada… y cuál no. No se trata de producir por producir. Se trata de dejar una marca. Estamos entrando en una era donde las marcas que entiendan cómo funciona la recomendación automática dominarán su mercado. Las demás dependerán cada vez más de pagar por atención. Mi visión como especialista es clara: El marketing ya no se trata de manipular plataformas, sino de construir confianza a escala. Quien entienda esto no solo venderá más. Será recomendado. Será elegido. Será recordado. Y en 2026, ese es el verdadero poder. _____ Nota del editor: Ronald Meneses es CEO de RM Your Marketing Partners, Escritor y Contribuidor para medios internacionales como Orlando Business Journal y Florida Realtor Magazine. Con un Master en Marketing y más de 15 años de experiencia en marketing estratégico, digital, branding, social media y desarrollo de negocios. Ha asesorado a emprendedores, pymes y empresas en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, ayudándolos a impulsar crecimientos sostenibles, alineados con las nuevas tendencias digitales. Síguelo en Instagram y/o escríbele a ronald@ronaldmeneses.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Si la IA no te recomienda, tu marca no existe en 2026

En 2026 tu mayor cliente no es una persona. Es la Inteligencia Artificial. Si esta frase te incomoda, vas por buen camino. Porque en 2026, antes de que un cliente te conozca, una IA ya decidió si existes o no. Decidió si tu marca es confiable, si merece ser recomendada y si vale la pena mencionarte… o ignorarte por completo. No es ciencia ficción. Es el nuevo orden del marketing. El consumidor dejó de buscar marcas. Ahora hace preguntas. Y cuando pregunta, no compara. Confía en una sola respuesta. La pregunta incómoda es simple: ¿Esa respuesta eres tú? Veo empresas invirtiendo tiempo y dinero en estrategias que ya no mueven la aguja. Publican más, gritan más, aparecen más… y venden menos. Desde mi punto de vista, el error no está en el esfuerzo. Está en el enfoque. Seguimos persiguiendo visibilidad cuando lo que realmente importa es relevancia. Seguimos pensando en tráfico cuando el verdadero activo es confianza. Hoy no gana la marca que aparece primero. Gana la que una IA considera segura para recomendar. En esta nueva etapa, las marcas poderosas no son las que hablan de todo, sino las que explican bien una sola cosa. Las que tienen una visión clara, un mensaje consistente y una promesa que no cambia según la moda. Mi propuesta es clara y personal: Deja de intentar gustarles a todos y empieza a ser útil de verdad. Las IAs no premian el contenido bonito ni las frases inspiradoras vacías. Premian el contenido claro, honesto y repetible. El que aparece una y otra vez diciendo lo mismo, con criterio y coherencia. Eso no se improvisa. Se construye. Aquí va una buena noticia: no necesitas ser viral para ganar en 2026. Necesitas ser confiable. La IA observa patrones. Observa quién explica bien, quién aporta contexto, quién no exagera, quién no promete lo imposible. Observa quién es citado, quién es consistente y quién se comporta como experto, no como vendedor desesperado. Las marcas que lideran hoy son las que: – Mantienen un mensaje firme. – Aparecen en los espacios correctos. – No cambian de discurso cada trimestre. – Construyen reputación antes que alcance. La constancia se volvió atractiva. La coherencia, irresistible. Una de las decisiones más inteligentes que puede tomar un negocio hoy es hacer menos ruido y más impacto. Un solo contenido bien pensado, bien explicado y bien distribuido vale más que cien publicaciones olvidables. Especialmente en un mundo donde la inteligencia artificial decide qué información merece ser usada… y cuál no. No se trata de producir por producir. Se trata de dejar una marca. Estamos entrando en una era donde las marcas que entiendan cómo funciona la recomendación automática dominarán su mercado. Las demás dependerán cada vez más de pagar por atención. Mi visión como especialista es clara: El marketing ya no se trata de manipular plataformas, sino de construir confianza a escala. Quien entienda esto no solo venderá más. Será recomendado. Será elegido. Será recordado. Y en 2026, ese es el verdadero poder. _____ Nota del editor: Ronald Meneses es CEO de RM Your Marketing Partners, Escritor y Contribuidor para medios internacionales como Orlando Business Journal y Florida Realtor Magazine. Con un Master en Marketing y más de 15 años de experiencia en marketing estratégico, digital, branding, social media y desarrollo de negocios. Ha asesorado a emprendedores, pymes y empresas en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, ayudándolos a impulsar crecimientos sostenibles, alineados con las nuevas tendencias digitales. Síguelo en Instagram y/o escríbele a ronald@ronaldmeneses.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

IA generativa. Más consumo, menos entendimiento

En los últimos 18 meses, la IA generativa pasó de ser una curiosidad tecnológica a una línea de inversión prácticamente obligatoria en los presupuestos corporativos. Hoy, ninguna organización quiere quedarse fuera de la conversación. Y hacen bien: la IA generativa llegó para quedarse y transformar la forma en que operan los negocios. El problema es que muchas empresas entraron sin entender realmente qué estaban comprando ni qué necesitaban para capturar valor real. La confusión entre acceso y capacidad La IA generativa no está fallando. Al contrario: está demostrando un potencial enorme. Lo que está fallando es la forma en la que muchas organizaciones la están consumiendo. En numerosos casos, las empresas incorporan modelos generativos para automatizar reportes, crear contenidos o responder preguntas internas sin haber resuelto lo esencial: la calidad, la estructura y la gobernanza de sus datos. Es como intentar hornear un pastel con ingredientes desordenados y una receta incompleta: el proceso avanza, pero el resultado es frágil, impredecible y difícil de repetir. La tecnología responde; el impacto en el negocio, no siempre. La conversación relevante no debería ser si una empresa ya usa IA generativa, sino para qué la está usando y sobre qué datos la está construyendo. En esa respuesta está la diferencia entre consumir tecnología y crear valor sostenible. Uno de los errores más comunes es asumir que, porque la IA generativa es accesible, su adopción es sencilla. Las interfaces son intuitivas, los resultados parecen inmediatos y el entusiasmo interno crece rápido. Sin embargo, detrás de cada respuesta “inteligente” existe una cadena compleja de decisiones sobre datos, contexto, sesgos, seguridad y analítica. Cuando una empresa alimenta modelos con información incompleta, duplicada o sin trazabilidad, no está obteniendo inteligencia: está amplificando desorden. La IA no sustituye la estrategia de datos; la exige. No corrige problemas estructurales, los hace más visibles y, muchas veces, más costosos. Aquí aparece una verdad incómoda, pero necesaria: la mayoría de las organizaciones aún no tiene la madurez analítica suficiente para aprovechar la IA generativa. Sin modelos de datos claros, sin métricas bien definidas y sin una cultura sólida de toma de decisiones basada en evidencia, la IA termina siendo una capa cosmética, no una palanca estratégica. El espejismo de la productividad inmediata IA sin estrategia de datos es dependencia Otro error frecuente es medir el éxito de la IA generativa únicamente por la eficiencia operativa de corto plazo. Sí, puede ahorrar tiempo en tareas repetitivas, generar borradores o acelerar ciertos procesos. Eso es valioso, pero insuficiente. El verdadero valor de la inteligencia artificial no está solo en hacer más rápido lo que ya hacemos, sino en entender mejor el negocio, anticipar escenarios y tomar decisiones con mayor precisión. Para lograrlo, la IA debe conectarse con analítica avanzada, modelos predictivos y datos que reflejen la realidad operativa de la empresa, no solo documentos sueltos o bases históricas mal integradas. Las organizaciones que no hacen esta conexión suelen terminar frustradas: consumen IA, pero no transforman procesos clave; experimentan, pero no escalan; invierten, pero no capturan retorno. Existe además un riesgo poco discutido. Cuando una empresa adopta IA generativa sin una estrategia sólida de datos, se vuelve dependiente de modelos generalistas entrenados con información ajena. Esto limita la diferenciación y traslada el valor hacia las plataformas tecnológicas, no hacia el negocio. Las compañías que realmente están capturando valor son aquellas que integran la IA sobre sus propios datos, con reglas claras de gobierno, seguridad y calidad. No se trata de usar más IA, sino de usarla mejor. De alinearla con las preguntas reales del negocio: demanda, riesgo, eficiencia, experiencia del cliente y rentabilidad. Sin esa alineación, la IA generativa se convierte en un gasto recurrente más. Con ella, puede convertirse en una ventaja competitiva difícil de replicar. En esa diferencia se juega no solo el futuro de las empresas, sino la competitividad digital de México. ____ Nota del editor: Oscar Hernández es Director General de Bluetab México y CEO para Latinoamérica. Cuenta con más de 18 años de experiencia liderando proyectos de datos, analítica avanzada e inteligencia artificial para sectores altamente regulados como banca, retail y consumo. Síguelo en LinkedIn Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. ]]>

China ha conquistado Latinoamérica

En un estudio realizado recientemente por el Centro de Estudios Internacionales UC (CEIUC), indica que “América Latina enfrenta la necesidad de adaptar su relación con las dos principales potencias globales, Estados Unidos y China, que concentran una parte sustantiva de su comercio exterior, inversión y financiamiento. En un escenario de creciente presión geopolítica, marcado por una administración Trump orientada a reforzar la seguridad económica en el hemisferio y a contener la proyección china, los países de la región se ven forzados a actuar bajo una lógica de ‘realismo estratégico’, equilibrando intereses económicos con consideraciones de seguridad y autonomía política. Si bien Washington ha sido históricamente el actor dominante, en las últimas dos décadas Beijing se ha consolidado como un socio estructural a través del comercio, la inversión directa y el financiamiento de infraestructura, reduciendo el margen de exclusividad estadounidense en el hemisferio”. Ante esta situación, Estados Unidos realizará el próximo 7 de marzo una reunión con algunos países del continente americano, cuyo objetivo principal será articular un bloque regional para frenar la influencia de China en la región. Actualmente son siete países invitados, y los que no están incluidos hasta el momento son México, Brasil, Venezuela y Colombia, porque con ellos hay una estrategia bilateral en curso. En la actualidad, los acontecimientos en Venezuela, Cuba, Colombia y México pueden analizarse en el contexto de la presión ejercida por Estados Unidos en áreas como las finanzas, la economía, la seguridad y el comercio. La estrategia actual hacia estos países surge, en parte, como resultado del descenso de la producción de petróleo crudo en Venezuela, lo que generó dependencia de esta materia prima en varios países latinoamericanos, incluyendo Cuba, mientras que la disminución de la producción petrolera en México también contribuyó a la situación. Esta coyuntura fue aprovechada por Estados Unidos a partir de 2020 y se consolidó para su implementación en 2026. A corto plazo, el objetivo de Estados Unidos es eliminar los acuerdos comerciales establecidos por China en algunos países de América Latina bajo la Iniciativa de la Franja y la Ruta. La iniciativa fue lanzada en 2013 por China con el propósito de exportar su exceso de capacidad industrial, garantizar rutas seguras para el suministro energético y fortalecer su influencia económica y política a nivel internacional. Actualmente, aproximadamente 150 países forman parte de esta propuesta, incluyendo 20 naciones de América Latina y el Caribe. Entre estos se encuentran algunos países que participaron en la reunión convocada por el presidente Trump en marzo. A pesar de mantener una relación comercial significativa con China, Brasil y México no han suscrito formalmente su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta hasta la fecha, aunque ambos cuentan con proyectos de infraestructura financiados por empresas chinas. En América Latina, China opera principalmente a través de préstamos estatales y financiamiento de proyectos, utilizando diversos mecanismos económicos y estratégicos para recuperar la inversión. Entre estos mecanismos se encuentran los créditos otorgados por bancos estatales chinos, acuerdos de «préstamo por petróleo» o acceso prioritario a minerales críticos como litio y cobre, la operación directa de infraestructura construida (puertos, peajes, energía) durante períodos prolongados, así como el uso exclusivo de maquinaria, materiales y mano de obra de empresas estatales chinas. Estas estrategias fueron aprendidas observando las prácticas de Estados Unidos. China ha logrado consolidarse globalmente gracias al desarrollo tecnológico, impulsado por el traslado de empresas estadounidenses al país asiático y el aprendizaje resultante, que permitió la creación de una industria propia. La influencia del país asiático puede afectar la seguridad energética, minera, financiera, cultural, política, social y comercial de Estados Unidos, lo que podría limitar su acceso a los recursos naturales del continente americano. Esto generaría una mayor dependencia de otros países fuera de la región, incrementando los costos e impactando negativamente en su macroeconomía. Por ello, Estados Unidos busca mantener el control sobre el petróleo crudo, gas natural, tierras raras, materiales críticos y rutas comerciales dentro del continente americano. Venezuela y Cuba se posicionan como focos de ruptura frente a China en la región, asegurando una alineación estratégica a largo plazo. Actualmente, China busca consolidar el control sobre activos energéticos en América Latina, evolucionando de una simple extracción de recursos a una integración estratégica en toda la cadena de valor, con el objetivo de limitar el acceso de Estados Unidos, que ya ha mostrado preocupación al respecto. El país asiático no solo participa en la obtención de energía, también se ha convertido en el principal operador de las infraestructuras de distribución, posicionándose como un actor clave en el manejo energético de varios países de la región. Desde su implementación formal en América en 2017, la Iniciativa de la Franja y la Ruta ha propiciado un notable incremento en el comercio energético. Por ejemplo, las exportaciones de energía de la región hacia China experimentaron un crecimiento del 47% durante los primeros años. En la actualidad, el enfoque chino se orienta hacia la denominada «Ruta de la Seda Verde», con prioridad en proyectos de energía solar, eólica e hidroeléctrica, así como en la extracción de minerales críticos, como litio y cobre, fundamentales para la tecnología energética global. Ahí el cambio realizado recientemente por Estados Unidos es modificar su normativa climática, permitiendo la continuación de combustibles fósiles, y no acelerar el cambio de carros eléctricos, para lo cual China lideraba en el mercado mundial. Es pertinente plantear la siguiente cuestión: en caso de que algunos países con deudas o compromisos comerciales posean cláusulas de salida, ¿de qué manera podría China recuperar las inversiones realizadas en naciones del continente americano? Asimismo, cabe preguntarse si los acuerdos presentan el riesgo de una «trampa de deuda» , lo cual podría dificultar a los países el cumplimiento de sus obligaciones financieras con la nación asiática. ¿Podría el país asiático “Cobrarse a lo chino» al tomar el pago de una deuda por cuenta propia, sin el consentimiento explícito o inmediato del deudor? La estrategia de Estados Unidos resulta evidente: establecer una relación comercial directa para la obtención de recursos naturales y

Centinelas en el Ártico. Del excepcionalismo al primer plano de la confrontación nuclear

La semana pasada, la Alianza Atlántica (OTAN), desplegó la operación Centinela del Ártico, una acción acordada entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y el secretario general de la organización, Mark Rutte, para reforzar la presencia militar aliada en una región en la que se avecina una fuerte competencia geopolítica. Siete de los ocho países que conforman el Ártico pertenecen a la OTAN (Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Noruega, Suecia e Islandia), pero es Rusia el que posee el 53% del litoral y tiene establecidas allí bases militares como la Flota del Norte, que funge como parte de la estrategia de “bastión”, orientada a proteger submarinos estratégicos con misiles nucleares. Geográficamente, el Ártico es la zona más corta para el intercambio de misiles balísticos intercontinentales entre América del Norte y Eurasia y, con el deshielo de las rutas comerciales, se convertirá también en la zona más corta para el intercambio comercial entre continentes. Durante la Guerra Fría, la región estuvo fuertemente equipada con bases militares, estaciones de radar y mecanismos de alerta temprana para contenerse mutuamente. Posteriormente, tras la caída de la URSS, los países y pueblos indígenas originarios que comparten el Ártico diseñaron mecanismos de gobernanza, cooperación y coordinación científica, en materia de desarrollo sostenible, protección ambiental, cuidado de los fondos marinos y otros temas claves para la región, contribuyendo al establecimiento de una zona estable y pacífica. Desafortunadamente, en los últimos años, la acelerada competencia por el Ártico ha puesto punto final a ese estado de excepción. Varios acontecimientos reforzaron en Moscú el temor de que sus fuerzas puedan quedar encerradas y vulnerables geoestratégicamente. Entre los más importantes se puede mencionar la recién incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN, o el manifiesto interés de China en la región, incrementando todavía más la incertidumbre. También habría que considerar la agresiva actitud de Estados Unidos de anexarse Groenlandia o construir un sistema de defensa antimisiles hipersónicos, proyectando una cobertura espacial sobre el hemisferio norteamericano para detectar amenazas (Domo Dorado). Por último, pero no menos grave, la reciente expiración del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas conocido como New START, el último acuerdo jurídicamente vinculante que limitaba los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia a máximo 1,550 ojivas nucleares desplegadas. Por su parte, Estados Unidos, argumenta que existen brechas de seguridad regional en el llamado Alto Norte, específicamente entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido, y teme que los rusos y chinos puedan aprovecharlas para atacarlos, desplegar guerras híbridas y hacerse con los recursos naturales y las rutas comerciales en forma exclusiva. Pero crear zonas de influencia y seguridad exclusivas en el Ártico es imposible. Son muchos los temas y los actores involucrados y ninguno de ellos tiene la capacidad de resolver por sí solo problemas transnacionales. Además, la experiencia histórica demuestra que las decisiones unilaterales no contribuirán a despejar el dilema de seguridad predominante en la región. En un contexto en el que las partes se sienten vulnerables y amenazadas, las decisiones pensadas como defensivas, por una parte, tenderán a ser interpretadas como ofensivas por la otra, desatando una escalada involuntaria. Para evitar la escalada de conflicto y evitar que la región quede al centro de la competencia nuclear, lo mejor es recuperar o rediseñar estructuras de gobernanza en las que participen múltiples actores gubernamentales y no gubernamentales, procesos de comunicación activa y organizaciones multilaterales que establezcan estructuras de incentivos para cooperar, tales como información ( sé lo que haces) , vigilancia y monitoreo ( sé que sí cumples) y, certidumbre ( sé que esperar ). De no contar con toda esta arquitectura de reglas, estructuras e incentivos, la compleja realidad del Ártico podría ser muy difícil de manejar. ____ Nota del editor: Laura Zamudio González es profesora de tiempo completo en el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Karla Fastlicht Perelman es estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la misma universidad. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a las autoras. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Mundial 2026, ¿la oportunidad que buscamos para potenciar los negocios con EU?

Este 2026 no es un año más en el calendario global: es el año del Mundial de futbol , una cita que reúne multitudes, emociones y, sobre todo, una enorme oportunidad económica . La Copa del Mundo es el evento más importante del mundo en materia de espectadores (por encima de las Olimpiadas). Esta edición se jugará en Estados Unidos, México y Canadá . Más de 5,000 millones de espectadores verán los 104 partidos. Este tsunami representa una rara convergencia de turismo, comercio, entretenimiento y negocios transfronterizos que Latinoamérica puede aprovechar para estrechar lazos con la economía estadounidense y posicionarse como socio estratégico en la región. Según proyecciones oficiales de la FIFA junto con la Organización Mundial del Comercio y consultoras independientes, el Mundial podría generar hasta 18,000 millones de dólares en impacto económico directo entre turismo, consumo y servicios vinculados al evento, con un gasto diario promedio estimado de alrededor de 416 dólares por turista y una estadía media de casi dos semanas. Ese flujo masivo de visitantes transforma el año en una especie de “olimpiada del consumo global”. Pocos días atrás, la Secretaría de Turismo de la CDMX informó que esperan recibir más de 5 millones de turistas durante el mundial. Estados Unidos señala que el 40% de los espectadores que visiten sus estados serán visitantes extranjeros. Todos son números grandes, impactantes, pero ¿qué significan estas cifras para los negocios de origen latinoamericanos y su relación comercial con Estados Unidos? Empecemos por lo obvio. El sector más dinámico sin dudas será el turismo y la hospitalidad. El movimiento de aficionados desde Argentina, Brasil, Colombia o Perú, aunque en verdad de cualquier país de nuestra región, no sólo implica ventas de boletos, vuelos y hoteles, sino una cadena de oportunidades para los servicios asociados como gastronomía, traslados cortos, comercios de cercanía, etc. Producción de alimentos y bebidas. Una oportunidad para países como los nuestros que somos grandes productores de alimentos de calidad. Estados Unidos es un mercado muy grande, cerca de 350 millones de personas con un PIB per cápita de casi 85,000 dólares. En este sector la oportunidad crece pues desde el 2023 Estados Unidos está importando más alimentos de los que exporta (históricamente ha sido al revés). Veamos el caso del aguacate mexicano, que aumenta su exportación en +15% para cubrir la demanda del Super Bowl. Para las marcas latinoamericanas, el evento se traduce en una ventana para presentar productos icónicos —desde ropa y souvenirs hasta bebidas y gastronomía— a un público diversificado y con alta disposición de gasto. La venta de camisetas, productos oficiales, accesorios y experiencias temáticas puede convertirse en una plataforma para expandir presencia de marca en mercados que tradicionalmente se les escapan. Universidades y centros de capacitación suman a su oferta educativa programas y cursos que cruzan alguna temática del deporte y espectáculos masivos así como programas generales aprovechando la afluencia de gente durante los dos meses del Mundial. Condados importantes como el de Broward, Florida, realizaron, en conjunto con la FIFA, cursos de negocios para los comercios y empresarios locales. Hay otra línea de oportunidades de negocios que va más allá de las ventas directas durante el torneo . El Mundial impulsa proyectos que generan relaciones comerciales duraderas. Empresas tecnológicas, de infraestructura, servicios de seguridad y soluciones smart cities encuentran en el mayor espectáculo global un escenario ideal para desarrollar soluciones que van desde sistemas de gestión turística hasta plataformas de pago o logística inteligente. A modo de ejemplo, en Los Ángeles, Nueva York y Miami se encuentran implementando sistemas de IA y análisis de datos para mejorar operaciones, servicios turísticos y seguridad. En Los Ángeles se están instalando kioscos inteligentes multilingües y conectividad 5G urbana extendida tanto para los residentes como para los turistas que reciban. Miami, por su lado, está experimentando grandes inversiones en infraestructura urbana (estimadas en 25,000 millones de dólares) que incluyen modernización del sistema de transporte, conexión a aeropuertos, accesos viales y desarrollo de barrios alrededor de zonas de fan experiences y estadios. Para la región latinoamericana, esto no es menor: diversificar exportaciones más allá de bienes primarios hacia servicios de valor agregado puede abrir puertas a inversiones y alianzas que se extiendan mucho después de que suene el último silbato. Conclusión: una oportunidad de doble sentido El Mundial de Futbol 2026 es, sin duda, una de las mayores plataformas del 2026 para generar negocios entre Latinoamérica y Estados Unidos. Más allá de los goles, los contratos, experiencias y conexiones que se tejan en junio y julio pueden sembrar frutos por años. La clave para aprovechar esta oportunidad no estará sólo en vender tickets o paquetes turísticos, sino en consolidar relaciones comerciales, elevar el nivel de servicios y pensar en alianzas estratégicas que trasciendan el evento. Si el futbol une pasiones, que esta vez también una economías y visiones de negocio. ____ Nota del editor: Máximo Crespo es Managing Director en Grupo HRC. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

La ruta crítica 2026: mover el país

El 2026 no es un año más. Es el año en que las excusas se agotan. El legado del Mundial debe ser la chispa que catalice la transformación del transporte nacional, no como un gasto, sino como la inversión estratégica más urgente para la soberanía económica . El objetivo no es solo mover mercancías de punto A hacia punto B. Es tejer un sistema nervioso nacional ágil, visible y resiliente. Uno que pueda absorber los shocks de un clima cambiante, aprovechar el nearshoring no como una moda, sino como una realidad estructural, y sostener el desarrollo de todas las regiones. Te comparto mis guías de ruta de este año clave: 1. La paradoja de la conectividad incompleta 2. La amenaza silenciosa: la fragilidad sistémica México firmó más de una decena de tratados comerciales. Nuestras fábricas integran cadenas de valor con Detroit, Stuttgart y Shanghái. Somos el principal socio comercial de Estados Unidos. Esta narrativa de éxito, sin embargo, choca contra una realidad física obstinada. La infraestructura de transporte vive en el siglo XX, mientras la economía exige el XXI. Imagina una red neuronal de primer mundo conectada a un sistema circulatorio del tercero. Los síntomas: Corredores saturados: El corredor México-Querétaro-Irapuato-Guadalajara, arteria industrial del país, opera regularmente al 130% de su capacidad diseñada. Un accidente menor genera parálisis económica en cascada. La trampa del «Last Mile» nacional: Podemos mover un contenedor de Altamira a Rotterdam en 15 días, pero sacar ese mismo contenedor del puerto interno de Valle de México puede tomar ocho días más. La ineficiencia no está en el océano, está en nuestros patios de maniobra y accesos urbanos. Fractura modal: Menos del 10% de la carga se mueve por ferrocarril, un sistema con capacidad ociosa, pero desconectado de manera ágil de los puertos y centros de consumo. Dependemos del camión, un modo flexible, pero vulnerable, costoso y saturado. Aunque la AMTI (Asociación Mexicana de Transporte Intermodal) está haciendo grandes esfuerzos. El líder visionario de 2026 no pide más carreteras a ciegas. Pide conectividad inteligente : interconexiones ferroviarias estratégicas, hubs logísticos multimodales y el uso de datos para optimizar flujos, no solo para pavimentar más. La cadena de suministro es tan fuerte como su eslabón más débil. En México, identificamos tres puntos de fractura crónicos que una emergencia climática o geopolítica podría convertir en catástrofes: El cuello de botella fronterizo: Más de 3 millones de camiones cruzan al norte anualmente. La digitalización de trámites (como la Ventanilla Única) avanza, pero a dos velocidades. La incertidumbre en los tiempos de cruce es una variable imposible de planificar con precisión, un «impuesto logístico» invisible que pagan todas las exportaciones. La crisis del talento: No faltan camiones; faltan choferes . El envejecimiento de la fuerza laboral, las condiciones de trabajo y la burocracia para licencias federales crean un déficit que paralizará el crecimiento. Un camión sin conductor es un activo varado. La exposición climática: Nuestros principales corredores son vulnerables. Inundaciones en el Golfo, huracanes en ambos litorales, deslaves en las sierras. La resiliencia no es solo reparar rápido, es rediseñar para resistir . ¿Cuántas rutas alternas verdaderamente operativas tiene cada corredor crítico? La mentalidad de anticipación exige mapear estas fragilidades en un modelo dinámico, no en un mapa. ¿Qué pasa si el volcán Popocatépetl incrementa su actividad y cubre de ceniza los corredores hacia el puerto de Veracruz? Tenemos el plan de evacuación para personas, ¿tenemos el plan de contingencia para la cadena de suministro del oriente del país? La meta final es clara: convertir a México en una plataforma logística continental de primer nivel . Donde la frase «hecho en México» no solo hable de la calidad del producto dentro de la caja, sino de la previsibilidad, confianza y eficiencia con la que esa caja llega a cualquier rincón del mundo. Ese es el partido que realmente debemos ganar. Y el silbatazo ya sonó. «El nearshoring no se perderá en Washington ni en las fábricas: morirá en los embotellamientos de la carretera 57, donde la promesa económica de México se oxida bajo el sol, kilómetro a kilómetro.» _____ Nota del editor: Daniel Razo es Socio Fundador de Supply Chain Cracks. Director de Operaciones y Logística, así como mentor en cadenas de suministro complejas. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Comienza la colonización espacial humana, ¿qué sigue?

Hasta hace poco, la colonización espacial era una fantasía cara. Bandera, épica y discursos, pero sin un modelo económico que la sostuviera. Hoy eso cambió. No por un ideal filosófico, sino por una necesidad brutalmente concreta: energía, cómputo y escala para la inteligencia artificial. Por primera vez, el espacio dejó de ser un “después” y se volvió un “ahora” rentable. La razón es sencilla y profunda a la vez. La IA moderna no avanza sin centros de datos. Entrenar y operar modelos de frontera exige cantidades colosales de electricidad, enfriamiento constante y estabilidad física. La Agencia Internacional de Energía estima que el consumo eléctrico de los centros de datos podría casi duplicarse antes de 2030, impulsado principalmente por la IA (IEA, 2024). En la Tierra, esto ya genera fricción social, cuellos de botella regulatorios y límites físicos: redes eléctricas saturadas, conflictos por agua y restricciones ambientales. De hecho, esa industria ya arrancó en papel y en estructura corporativa: la fusión de xAI con SpaceX, presentada como un paso para integrar cohetes, satélites y demanda de IA, se acompaña de la solicitud de SpaceX ante la FCC para desplegar hasta un millón de satélites ‘solares’ concebidos como centros de datos orbitales” (Reuters, 2026a; Reuters, 2026b).De hecho, esa industria ya arrancó en papel y en estructura corporativa: la fusión de xAI con SpaceX —presentada como un paso para integrar cohetes, satélites y demanda de IA— se acompaña de la solicitud de SpaceX ante la FCC para desplegar hasta un millón de satélites ‘solares’ concebidos como centros de datos orbitales” (Reuters, 2026a; Reuters, 2026b). El espacio ofrece una salida inesperada. En órbita, la energía solar es casi continua, sin noches ni nubes. El enfriamiento, aunque técnicamente complejo, puede realizarse por radiación térmica sin consumir agua. Además, la ausencia de clima, sismos y fronteras políticas reduce riesgos que en la Tierra son cada vez más costosos. El gran obstáculo histórico (el precio de lanzamiento) está cayendo de forma acelerada gracias a la reutilización de cohetes y a economías de escala que hace una década parecían imposibles. En este contexto surge la idea, ya no marginal, de redes masivas de satélites que no solo transmiten datos, sino que procesan información: centros de datos distribuidos en órbita. No es casualidad que los planes más ambiciosos de infraestructura espacial hoy estén íntimamente ligados a la IA. El cómputo es poder. Y quien controle el cómputo controlará productividad, defensa, ciencia y narrativa geopolítica durante décadas. La dimensión estratégica es evidente. La historia demuestra que cada revolución tecnológica redefine jerarquías globales. El vapor, la electricidad y el internet no solo transformaron economías: reorganizaron imperios. La IA es el siguiente salto, y su infraestructura será tan determinante como los oleoductos lo fueron en el siglo XX. Llevar esa infraestructura al espacio no es solo eficiencia técnica; es una apuesta por soberanía tecnológica a escala planetaria, y, pronto, extraplanetaria. Pero aquí aparece una consecuencia aún más profunda. Para instalar, mantener y escalar infraestructura orbital de este tipo, no bastan robots. Se requieren estaciones de ensamblaje, mantenimiento humano, manufactura avanzada fuera de la Tierra y, eventualmente, bases lunares como nodos logísticos. La reducción de costos hará que viajar al espacio deje de ser un privilegio excepcional y se convierta en parte de una cadena industrial extendida. Así es como nacen las sociedades espaciales: no por conquista, sino por mantenimiento. Este es el punto en el que conviene detenernos y hacer la pregunta incómoda: ¿para qué? La tecnología avanza más rápido que nuestra reflexión sobre su propósito. En el concepto que llamo Telos de La-Vida-Primero , aparece una brújula crucial: maximizar utilidad sin sacrificar diversidad ni erosionar la base misma de la vida. La historia de la Tierra es clara: cuando una tecnología optimiza solo eficiencia y poder, termina degradando aquello que la hizo posible. La colonización espacial impulsada por la IA nos obliga a una reevaluación moral. Si vamos a expandirnos más allá del planeta, no puede ser replicando los mismos errores: extractivismo ciego, concentración extrema de poder y desprecio por la fragilidad de los sistemas vivos. La tecnología nunca había tenido tanta capacidad para proteger la vida… ni para extinguirla. Esa ambivalencia exige una filosofía explícita, no implícita. Quizá esta sea la verdadera oportunidad histórica. No solo salir de la Tierra, sino salir de una lógica puramente económica. Diseñar desde ahora estructuras técnicas, políticas y culturales que integren progreso con cuidado; poder con responsabilidad; expansión con sentido. La colonización espacial ya comenzó. La pregunta es si llevaremos con nosotros solo servidores… o también una ética a la altura del universo que estamos a punto de habitar. _____ Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>