Mercado automotriz. Estados Unidos mete freno y México acelera

El mercado automotriz está enviando dos señales que parecen contradictorias, pero no lo son. Mientras en México las ventas rompen récords en el arranque del año, en Estados Unidos comienzan a desacelerarse, arrastradas por un consumidor más cauteloso y un entorno político que vuelve a tensar las reglas del comercio global. No es una anomalía. Es una advertencia. La industria automotriz, por su nivel de integración y sensibilidad al crédito, suele anticipar los cambios de ciclo económico. Cuando el consumidor estadounidense empieza a frenar la compra de autos, uno de los bienes duraderos más relevantes, lo que se está ajustando no es solo la demanda, sino la expectativa completa sobre crecimiento, ingreso disponible y estabilidad futura. Y México, por ahora, parece moverse en sentido contrario. Más de 381,000 vehículos ligeros vendidos en el primer trimestre de 2026, superando incluso el récord previo de 2017. Creo que no es un rebote inercial ni un efecto estadístico. Es un mercado que ha encontrado tracción en un entorno que, en teoría, no era el más propicio con tasas aún elevadas, presiones inflacionarias recientes y un escenario global incierto. Pero reducir este comportamiento únicamente a la “confianza del consumidor” sería una lectura superficial. Lo que estamos viendo responde a la combinación de una oferta más agresiva (particularmente de marcas chinas) que ha ampliado el acceso a segmentos antes restringidos; una demanda contenida durante años que finalmente se está liberando, y un sistema de financiamiento que ha permitido sostener el consumo incluso bajo condiciones restrictivas. Del otro lado de la frontera, la historia es distinta. La caída en ventas de jugadores relevantes como Ford no es un hecho aislado. Es una señal adelantada de enfriamiento. Cuando el consumidor estadounidense ajusta decisiones de compra en bienes duraderos, la certidumbre se está erosionando. La historia lo demuestra. Y aquí entra un factor que, desde mi punto de vista, no puede minimizarse: el componente político. El endurecimiento del discurso comercial, particularmente en el contexto electoral estadounidense, ha re-introducido la lógica de los aranceles como herramienta de presión. El llamado “efecto Trump” no es retórico. Tiene implicaciones inmediatas en las expectativas de inversión, en la configuración de las cadenas de suministro y en la toma de decisiones corporativas. La industria automotriz es especialmente vulnerable a estas distorsiones por su alto nivel de integración regional. Cualquier fricción comercial altera costos, tiempos y estrategias. Y no es la primera vez que Estados Unidos enfrenta una sacudida con impacto directo en este sector. En 2008, la crisis inmobiliaria arrastró a la industria automotriz a un punto crítico, obligando a un rescate sin precedentes bajo la administración de Barack Obama. Aquella fue una crisis financiera; la actual es distinta. Combina fatiga del consumidor, condiciones monetarias aún restrictivas y tensiones comerciales que introducen incertidumbre estructural. La pregunta no es si Estados Unidos se desacelera. Eso ya empieza a reflejarse y es evidente. La pregunta es ¿qué implica esto para México? Nuestro país no es productor automotriz en el sentido pleno de la cadena de valor. Es, sobre todo, un gran armador. Un nodo estratégico dentro de la manufactura integrada de Norteamérica. Y esa posición implica una dependencia directa del mercado estadounidense. Si ese mercado se contrae de forma sostenida, el impacto en exportaciones, producción y empleo será inevitable. Pero al mismo tiempo, el contexto abre una ventana que no debería desaprovecharse. La reconfiguración de las cadenas de suministro, acelerada por tensiones geopolíticas, sigue favoreciendo la relocalización productiva. Si Estados Unidos endurece su política comercial hacia Asia, particularmente hacia China, la necesidad de producción cercana (ojo, bajo reglas del T-MEC) se vuelve aún más relevante. Ahí México tiene una oportunidad real de consolidarse, no como un competidor global en volumen, sino como el socio estratégico de manufactura avanzada en la región. Esto exige más que costos competitivos. Implica elevar contenido tecnológico, fortalecer la proveeduría local y garantizar certidumbre regulatoria. Sin embargo, creo que aquí está el punto que suele omitirse en la narrativa optimista; el dinamismo del mercado interno mexicano podría no ser estructural. Si depende en exceso del crédito y de una oferta importada de bajo costo, su resiliencia es limitada frente a un deterioro externo. Lo que hoy parece fortaleza puede ser, en realidad, un desfase, porque los ciclos no se rompen por frontera, se propagan. Estados Unidos marca el pulso de fondo. México, por ahora, está aprovechando condiciones particulares. Pero la verdadera prueba no está en el récord de ventas, sino en la capacidad de sostener ese dinamismo cuando el ciclo completo se ajuste. Y si algo ha demostrado la historia reciente es que, cuando el consumidor estadounidense se detiene, la industria automotriz, sin importar el país, termina por hacerlo también. _____ Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión. ]]>

El futuro de las organizaciones: multiagentes con supervisión creativa humana

Los LLMs fueron el gran salto de la IA reciente, pero en el fondo nacieron como máquinas de predicción: completan secuencias con enorme fluidez. Eso no basta para creatividad robusta; hace falta un ciclo entre generación, crítica y control adaptativo, el paso de “predicción pura” hacia una IA realmente creativa. Los agentes de hoy ya son el siguiente peldaño: añaden memoria, herramientas, investigación y acción sobre el mundo. Ya no solo responden; perciben, planean y actúan. NVIDIA define la agentic AI justamente así, y a los multi-agent systems como equipos de agentes especializados que colaboran hacia una meta común. Un agente, en términos simples, es un trabajador digital con cuatro capacidades: entiende contexto, decide una secuencia de acciones, usa herramientas y aprende del resultado. El multicitado OpenClaw expresa bien esta etapa: una plataforma abierta que corre en tu propia máquina y conecta apps de chat con asistentes siempre disponibles, con herramientas, memoria y ruteo multiagente. Adicionalmente, el nuevo NemoClaw, presentado por NVIDIA el 16 de marzo de 2026, no reemplaza a OpenClaw, lo fortalece. Es una capa de referencia para ejecutar OpenClaw con controles más estrictos de privacidad y seguridad. Hoy, dicho proyecto sigue en alpha (etapa inicial de pruebas); pero, ya muestra hacia dónde va la empresa del futuro. Los datos duros ya no permiten hablar de moda. Microsoft informó en febrero de 2026 que más del 80% de las Fortune 500 ya usan agentes activos; en su Work Trend Index 2025, 82% de los líderes dijo que espera usar “digital labor” para ampliar su fuerza laboral en 12 a 18 meses. McKinsey estima un potencial de productividad de 4.4 billones de dólares por IA en casos corporativos, pero advierte que solo 1% de las empresas se considera madura en su despliegue, aunque 92% aumentará inversión. BCG añade que los agentes ya generan 17% del valor total de AI en 2025 y proyecta 29% para 2028. Deloitte señala que solo 1 de cada 5 compañías tiene madurez de gobierno para agentes autónomos. Jensen Huang empuja esta transición en dos niveles. Conceptualmente, describe una secuencia clara: percepción, luego IA generativa, luego IA agéntica, después IA física y finalmente robótica general. Operativamente, construye la infraestructura para que eso escale: AI factories , OpenShell, NeMo Agent Toolkit, AI-Q, Nemotron y ahora NemoClaw. En su reciente conversación con Lex Fridman explicó que un “trabajador digital” necesita acceso a archivos, investigación y herramientas; por eso sostuvo que OpenClaw reinventa la computadora y que NemoClaw ayuda a volverla segura. Y la escala ya se diseña para ejércitos de agentes: la nueva arquitectura Vera de NVIDIA puede sostener más de 22,500 entornos concurrentes por rack y escalar a decenas de miles de instancias y herramientas agénticas. Esto implica una verdad incómoda y otra esperanzadora. Sí: algunas empresas sustituirán trabajo humano por agentes. Pero al mismo tiempo, cada profesional, emprendedor o pequeño equipo podrá competir con una potencia inédita porque tendrá sus propios equipos de agentes. Microsoft ya lo llama el surgimiento del “agent boss”: el humano que construye, delega y supervisa agentes; 41% de los líderes espera que sus equipos entrenen agentes y 36% que los gestionen dentro de cinco años. El papel humano no desaparece; se eleva. Entre otras razones, porque la consciencia humana y la creatividad biológica —ancladas en experiencia vivida ( qualia )— siguen siendo irreplicables en especie. Por eso el centro humano del futuro será lo que llamo el metacontrol creativo: decidir fines, juzgar sentido y corregir la dirección cuando la máquina optimiza sin sabiduría. La abundancia que viene puede ser histórica, pero no automática. Para empezar hoy: define un proceso repetitivo y asígnalo a un agente; crea un segundo agente crítico que revise calidad; conserva siempre un humano con autoridad final; y mide desde el día uno ahorro de tiempo, calidad y riesgo. El futuro no será humano contra agentes. Será humano con multiagentes, bajo supervisión creativa humana. _____ Nota del editor: Juan Carlos Chávez es Profesor de Creatividad y Etología Económica en el sistema UP/IPADE y autor de los libros Sistema 3: La Mente Creativa (2025), Homo Creativus (2024), Biointeligencia Estratégica (2023), Inteligencia Creativa (2022), Multi-Ser en busca de sentido (2021), Psico-Marketing (2020) y Creatividad: el arma más poderosa del Mundo (2019). Es director de www.G-8D.com Agencia de Comunicación Creativa y consultor de empresas nacionales y transnacionales. Encuentra sus libros en Amazon y síguelo en Facebook , Instagram , YouTube y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Cotizar la incertidumbre

Buena parte de la conversación sobre el futuro de los negocios ha girado en torno a la Inteligencia Artificial (IA) y el Big Data. En gestión de riesgos, ambas herramientas comparten la promesa de extraer mejores señales a partir de grandes volúmenes de información, pero hay otro mecanismo, menos comentado y todavía incipiente, que abre un camino distinto: son los mercados de predicción. Funcionan como una mezcla de encuesta, bolsa y apuesta. A diferencia de la IA, no parten de datos ya existentes para inferir un resultado, sino que convierten expectativas dispersas sobre eventos futuros en un precio de mercado. Miles de participantes compran y venden contratos ligados a elecciones, decisiones de bancos centrales, inflación, conflictos geopolíticos o cambios regulatorios. Para muchos, su atractivo está en el componente especulativo, pero reducirlos a eso sería perder de vista lo más interesante. Ese precio funciona como una probabilidad implícita sobre hechos inciertos, actualizada en tiempo real. Esto importa porque una parte creciente del riesgo corporativo ya no encaja en los moldes tradicionales. Riesgos políticos, económicos, regulatorios, climáticos, reputacionales o de disrupción operativa cambian demasiado rápido y muchas veces carecen de historia estadística suficiente o de relaciones causales fáciles de aislar. En ese contexto, una probabilidad de mercado puede servir como punto de comparación para monitorear exposición, ajustar escenarios y calibrar decisiones. La evidencia disponible, aunque todavía acotada, apunta en esa dirección. En la elección presidencial de Estados Unidos de 2024, Polymarket reflejó antes que varios promedios de encuestas, entre ellos 538, una ventaja más clara de Donald Trump. Algo parecido ocurrió con la Reserva Federal. Alrededor del sorpresivo recorte de 50 puntos base en septiembre de ese año, Kalshi ofreció señales comparables a las de pronosticadores profesionales y, en ciertos momentos, más sensibles ante el giro inesperado del escenario. Para el sector financiero y asegurador, poner precio a la incertidumbre mediante tasas, volatilidades, spreads o primas siempre ha sido parte central del negocio. Por ahora, los mercados de predicción no sustituyen esas herramientas. Más bien ofrecen una referencia complementaria sobre eventos que ya afectan decisiones empresariales, balances y costos de cobertura. Pero, al conectar oferta y demanda alrededor de un evento incierto, también insinúan algo más. Una empresa expuesta a un movimiento en tasas de interés o a un resultado electoral podría, en el largo plazo, usar estos mercados para cubrir parte de esa exposición. El planteamiento no es descabellado. El mercado de bonos catastróficos y de insurance-linked securities (ILS) ya demostró que el capital institucional está dispuesto a asumir riesgos ligados a eventos específicos cuando están bien definidos, modelados y estructurados. El punto de partida es parecido. Se trata de convertir un evento incierto en una exposición observable y, potencialmente, transferible. Por eso es razonable pensar que ciertos riesgos discretos también podrían beneficiarse de mercados más transparentes y con precios actualizados con mayor frecuencia. Incluso podrían abrir un canal complementario para transferir riesgos que hoy ni el sector asegurador ni el financiero tienen suficiente apetito para absorber. La idea tiene límites claros. Un mercado de predicción no equivale a una prima técnica ni a un spread de riesgo. No sustituye la suscripción, el modelado catastrófico o la disciplina regulatoria que sostiene esos procesos. Su precio puede reflejar sesgos, poca liquidez o información incompleta. Y cuando el evento depende de actores con capacidad de influir directamente en el resultado, el riesgo de manipulación aumenta. Sería un error ver estos mercados como una solución automática para problemas complejos de medición del riesgo. Pero también lo sería desestimarlos como una extensión sofisticada de las apuestas. Lo que está emergiendo es un mecanismo que puede convertir incertidumbre en una señal accionable y, con el tiempo, en una forma complementaria de transferir riesgo. Quizá la utilidad real de los mercados de predicción no esté en adivinar mejor el futuro, sino en mejorar cómo reaccionan las organizaciones ante él. En gestión de riesgos, suele importar más decidir bien bajo incertidumbre que aspirar a una certeza imposible. Porque al final no basta con estimar una probabilidad. También importa quién está dispuesto a asumirla, en qué condiciones y a qué precio. ____ Nota del editor: Alfredo Careaga es egresado de Actuaría y Dirección Financiera del Instituto Tecnológico Autónomo de México y cuenta un MBA de IESE Business School. Tiene amplia experiencia en el sector asegurador y reaseguro, trabajando en México, Estados Unidos y Reino Unido. Es un apasionado del futbol americano y la música, y actualmente se desempeña como Director de Nuevos Negocios de THB México. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

La IA ya eligió sus fuentes… ¿está tu marca ahí?

Hay algo incómodo (y profundamente revelador) ocurriendo en el marketing digital: las marcas siguen invirtiendo millones en sus sitios web, pero la Inteligencia Artificial (IA) ya no se alimenta únicamente de ellos. Y no, esto no significa que el sitio web haya muerto. Significa algo mucho más interesante: ya no es suficiente por sí solo. Durante años, nos enseñaron que el activo más importante de una empresa era su página web. Que el SEO giraba en torno a posicionar contenido corporativo. Que la autoridad se construía desde el dominio propio. Hoy, esa lógica empieza a fracturarse. Desde mi experiencia, y tras analizar este fenómeno, llego a una conclusión clara: la visibilidad en la era de la IA ya no se construye solo en tu website; se construye en conversaciones. Seamos claros: las páginas web siguen siendo fundamentales. Siguen influyendo, posicionando y convirtiendo. Pero lo que estamos viendo (y que muchos aún subestiman) es que los modelos de IA están incorporando una nueva capa de conocimiento: una basada en contenido generado por usuarios, expertos y comunidades. Esto incluye, dependiendo del mercado y la industria: – Redes profesionales como LinkedIn. – Comunidades abiertas como Reddit. – Plataformas educativas y de contenido como YouTube. – Espacios de análisis y opinión como Medium. – Foros especializados y comunidades de nicho. – Incluso plataformas híbridas donde conviven datos y experiencia práctica. ¿Por qué? Porque ahí ocurre algo que las marcas no siempre logran replicar en sus propios canales: contexto, experiencia y conversación real. Y aquí es donde muchas estrategias se quedan cortas. Porque la IA no premia el contenido más “bonito”; premia el contenido más útil. Y utilidad, en este nuevo entorno, significa: – Responder preguntas reales. – Resolver problemas concretos. – Aportar contexto desde la experiencia, no desde el marketing. Hoy, la visibilidad ya no depende solo de tu capacidad de posicionar… sino de tu capacidad de ser parte de la conversación que la IA considera valiosa. No es el fin del SEO. Es su evolución natural. Un SEO que ahora convive con algo más amplio: la presencia estratégica en los canales donde se construye el conocimiento. Las marcas que empiezan a ganar relevancia en entornos de IA son aquellas que logran equilibrar cuatro frentes clave: 1. Base sólida (web + SEO) : Sitios optimizados, contenido estructurado y autoridad en buscadores. Este sigue siendo el punto de partida. 2. Contenido útil y persistente : Blogs, guías y recursos que no solo intentan posicionar, sino que realmente responden preguntas y resuelven problemas. Contenido que puede ser citado hoy… o dentro de tres años. 3. Activar voces, no solo canales : Las marcas necesitan menos comunicados y más personas hablando con criterio. Expertos que expliquen, opinen, cuestionen y aporten valor desde su experiencia. 4. Presencia en canales de influencia real : Estar donde ocurre la conversación. No basta con tener presencia; hay que participar activamente en el ecosistema donde se construye el conocimiento. Muchos ven esto como un problema. Yo lo veo como una evolución necesaria. Durante años, el marketing digital permitió que el ruido compitiera con el valor. Que la optimización superara a la utilidad. Que el presupuesto definiera la visibilidad. La IA está corrigiendo eso. Está filtrando. Está elevando el estándar. Está priorizando lo que realmente ayuda. Y eso, para quienes entienden el cambio, no es una desventaja. Es una oportunidad enorme. Porque en este nuevo entorno, la pregunta ya no es: ¿Qué tan bien posicionas tu contenido? La pregunta es mucho más exigente: ¿Merece tu contenido ser citado por la IA? Y ahí, ya no compites solo como marca. Compites como fuente de verdad. _____ Nota del editor: Ronald Meneses es CEO de RM Your Marketing Partners, escritor y contribuidor para medios internacionales como Orlando Business Journal y Florida Realtor Magazine. Con un Master en Marketing y más de 15 años de experiencia en marketing estratégico, digital, branding, social media y desarrollo de negocios. Ha asesorado a emprendedores, pymes y empresas en Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, ayudándolos a impulsar crecimientos sostenibles, alineados con las nuevas tendencias digitales. Síguelo en Instagram y/o escríbele a ronald@ronaldmeneses.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Empatía, lo que estamos perdiendo sin darnos cuenta

En esta tercera columna, quiero detenerme en algo que rara vez ocupa el centro de la conversación, pero que atraviesa todo: la empatía. No es un concepto nuevo ni particularmente complejo. Todos sabemos, en teoría, lo que significa “ponerse en el lugar del otro”; “escuchar” y “comprender”, pero en la práctica, parece que cada vez tenemos menos disposición y menos capacidad para hacerlo. Vivimos en una época que premia la velocidad sobre la reflexión, donde reaccionar es más importante que entender; donde opinar se ha vuelto más valioso que escuchar. En ese contexto, la empatía no solo se debilita: se vuelve incómoda. Porque ser empático implica detenerse. Implica cuestionar nuestras propias certezas y aceptar que el otro, incluso cuando piensa distinto, puede tener razones que no vemos desde nuestra posición y eso, hoy, no es lo más fácil. La falta de empatía no es sólo un problema individual. Es un fenómeno social que se refleja en cómo discutimos, en cómo trabajamos, en cómo convivimos y, cada vez más, en cómo se toman decisiones a nivel global. Cuando la empatía se reduce, la complejidad también. Todo se simplifica en bandos: correcto o incorrecto, aliado o enemigo, nosotros o ellos. Este tipo de pensamiento puede ser eficiente para movilizar, pero es profundamente limitado para construir. Hoy más que nunca, vemos cómo en algunos líderes políticos, esta ausencia se vuelve evidente. Muchas tensiones internacionales no solo responden a intereses económicos o estratégicos, sino a la incapacidad de entender el contexto del otro; de reconocer su historia, sus miedos, sus prioridades. Sin empatía, el diálogo se convierte en confrontación, por ende, la negociación en imposición y los conflictos se vuelven más largos, más profundos y más difíciles de resolver, pero esta dinámica no empieza en las altas esferas del poder, realmente empieza en lo cotidiano. Empieza en cómo respondemos a alguien que piensa distinto; en cómo reaccionamos ante una opinión que nos incomoda; en la facilidad con la que reducimos a las personas a etiquetas en lugar de intentar comprender sus matices, hasta en las simples y evidentes diferencias con las que convive un peatón, un ciclista y un conductor. La empatía no es un rasgo automático, en realidad es algo que se aprende, se construye, se refuerza e incluso se puede perder. Se forma en espacios donde se fomenta la escucha, donde se permite la duda, donde se reconoce la diferencia sin convertirla en amenaza, pero también se debilita en entornos donde se premia la certeza absoluta, la respuesta inmediata y la superioridad moral…eso es algo que estamos viendo cada vez más. El problema no es que existan diferencias, sino que hemos perdido la capacidad de convivir con ellas. Recuperar la empatía no significa estar de acuerdo con todo. Significa entender antes de juzgar; reconocer que la realidad no es única ni lineal, que hay múltiples formas de ver el mundo, y que ignorarlas no las hace desaparecer. En un entorno global cada vez más polarizado, la empatía deja de ser un valor deseable y se convierte en una herramienta necesaria, no sólo para mejorar la convivencia, sino para evitar rupturas más profundas. Porque sin empatía, lo que se rompe no es sólo el diálogo, es la posibilidad misma de construir algo en común. Tal vez la verdadera expansión de conciencia no está en tener más información, sino en desarrollar una mayor capacidad de comprensión. En un mundo que nos empuja constantemente a tomar posición, quizá el mayor acto de inteligencia y de valentía sea hacer una pausa e intentar entender. No para ceder, no para justificar, sino simplemente para ver. Porque en esa capacidad de ver al otro, en toda su complejidad, se juega mucho más de lo que creemos. Se juega, en gran medida, el tipo de sociedad y mundo que estamos construyendo. ____ Nota del editor: Rodrigo Villa es mexicano, ingeniero industrial de profesión. Emprendedor en distintos dominios: construcción y remodelaciones, publicidad exterior, marketing digital, consultoría semiótica, ha desarrollado proyectos entre México y Francia, expansión internacional y adaptación cultural. Actualmente reside en Francia, como fundador de Association Impulsa, en iniciativas de apoyo al emprendimiento latinoamericano con perspectiva intercultural. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Cuando las máquinas hacen el trabajo, ¿qué pasa con el talento?

La conversación sobre Inteligencia Artificial (IA) y su uso en actividades profesionales suele llegar siempre a la misma pregunta (o incertidumbre), ¿cuántos empleos desaparecerán? Gobiernos, empresas y universidades intentan calcular el impacto laboral de una tecnología que avanza a una velocidad inédita. Pero quizá estamos mirando el fenómeno desde el ángulo equivocado. Seamos claros. La IA no eliminará tantos empleos como muchos temen, pero lo que sí podría erosionar, si no entendemos bien lo que está ocurriendo, es algo mucho más frágil pero fundamental para las empresas: el talento humano. De acuerdo con datos del World Economic Forum , el 44% de las habilidades actuales de los trabajadores cambiarán radicalmente en los próximos cinco años y entre las habilidades que más importancia adquirirán serán el pensamiento analítico, el pensamiento creativo, el liderazgo y el pensamiento estratégico. Justamente aquellas habilidades que son más difíciles de automatizar. El riesgo aparece cuando confundimos eficiencia con desarrollo de capacidades. Durante décadas, el talento profesional se construyó a partir de procesos largos: investigar, escribir, analizar, sintetizar información y aprender a formular ideas con claridad. Hoy, muchas de esas tareas pueden resolverse en segundos con una herramienta de IA. La eficiencia es innegable. Pero también plantea un dilema cultural. Si una generación entera se acostumbra a delegar a las máquinas la redacción de textos, el análisis de información o la generación de ideas, el problema ya no será la pérdida de empleos, sino la posible erosión de habilidades fundamentales. Algunos datos comienzan a apuntar en esa dirección. Investigaciones de Stanford University y el Massachusetts Institute of Technology que analizan el impacto de los modelos de IA en tareas profesionales han encontrado incrementos de productividad de entre 20% y 60% en ciertos trabajos basados en conocimiento . El dato es revelador: cuando la tecnología realiza buena parte del trabajo cognitivo, el esfuerzo intelectual requerido por las personas disminuye. La historia tecnológica ofrece ejemplos parecidos. Cuando aparecieron las calculadoras, muchos pensaron que desaparecería la enseñanza de las matemáticas. No ocurrió. Pero sí cambió la relación de las personas con el cálculo mental. La IA podría provocar un fenómeno similar, pero a una escala mucho mayor. No estamos hablando de una herramienta especializada, sino de una tecnología capaz de intervenir en prácticamente cualquier actividad intelectual: desde redactar informes hasta escribir código o diseñar estrategias. Paradójicamente, en este contexto el talento humano podría volverse todavía más valioso. Porque cuando todos tienen acceso a las mismas herramientas tecnológicas, la diferencia ya no está en quién utiliza IA, sino en quién tiene criterio para interpretarla. La capacidad de hacer preguntas inteligentes, cuestionar respuestas automáticas o conectar ideas seguirá siendo profundamente humana. Esto abre una paradoja interesante: la IA puede democratizar ciertas capacidades, pero al mismo tiempo podría ampliar la brecha entre quienes saben pensar estratégicamente y quienes simplemente utilizan herramientas. Ahí incluso radica el reto para los que nos dedicamos a la comunicación y las relaciones públicas. La historia económica demuestra que cada revolución tecnológica redefine qué significa ser valioso en el mercado laboral. La electricidad transformó la industria. Internet transformó la información. La IA podría transformar algo más profundo: nuestra relación con el conocimiento. El verdadero riesgo no es que las máquinas nos quiten el trabajo. Es que, poco a poco, dejemos de ejercitar las habilidades que nos hicieron valiosos en primer lugar. Las herramientas tecnológicas pueden multiplicar nuestras capacidades. Pero el talento humano sigue dependiendo de algo mucho más difícil de automatizar: la curiosidad, el criterio y la capacidad de pensar por cuenta propia. ____ Nota del editor: Carlos Herrero es director y fundador de EXTRATEGIA. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

¿Prestaste dinero a un familiar o amigo? El detalle que puede convertirlo en problema con el SAT

Prestar dinero entre familiares o amigos parece un acuerdo sencillo, pero ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) puede cambiar de naturaleza si no está bien estructurado. El punto no está en el acto de prestar, sino en cómo se documenta, en el plazo y en si existe o no una lógica financiera detrás. Ahí es donde una operación exenta puede ser tratada como ingreso extraordinario . “Los préstamos no causan impuestos más que los intereses”, explica Rodolfo Jerónimo Pérez, integrante de la Comisión Técnica Fiscal del Colegio de Contadores Públicos de México (CCPM). Ese principio marca la diferencia entre un movimiento válido y uno que puede ser cuestionado. Cuando el SAT deja de ver un préstamo y empieza a ver ingresos El margen válido para prestar sin generar sospechas El dinero prestado no incrementa el patrimonio, pero esa condición pierde fuerza cuando la operación no tiene consistencia. La falta de intereses o de condiciones claras restan legitimidad al préstamo. Ese contexto es el que da pie para activar la revisión del fisco. “Si el préstamo rebasa un año y no genera intereses se considera un ingreso acumulable”, advierte el especialista, marcando el momento en que la operación cambia de tratamiento fiscal. El criterio no se basa en la relación entre personas, sino en si la operación se comporta como lo haría en el sistema financiero. “¿Alguna institución financiera no cobra intereses? Entonces, ¿por qué una persona lo haría?”, cuestiona Pérez, poniendo en evidencia cuándo una estructura deja de ser creíble. Además, cuando la operación pierde esa lógica económica, la autoridad puede interpretarla como algo distinto a un préstamo, incluso como una transferencia de recursos sin contraprestación real. En ese punto, el análisis deja de centrarse en la intención de las partes y se enfoca en la forma en que se presenta la operación frente al sistema fiscal. Un préstamo sin intereses sí es posible, pero solo dentro de un marco muy delimitado que le da sustento legal y comercial. “Los préstamos menores a un año pueden no generar intereses si se pagan en ese plazo y existe un contrato entre las partes”, explica Jerónimo Pérez, en referencia al Código de Comercio. Ese punto define el terreno permitido para este tipo de operaciones. Fuera de esas condiciones, el tratamiento cambia por completo. “Los intereses son los que generan impuestos, en especial el IVA”, señala el contador, lo que activa obligaciones fiscales y la necesidad de documentar la operación mediante CFDI. La documentación no solo acredita la existencia del préstamo, sino también las condiciones bajo las cuales se pactó, lo que permite sostener la operación ante cualquier revisión. Prestar dinero de forma recurrente: el punto donde cambia todo Sin contrato no hay forma de sostener el préstamo El problema escala cuando prestar dinero deja de ser algo ocasional y se vuelve una práctica constante. En ese momento, la operación deja de leerse como apoyo personal. “Prestar dinero de forma recurrente a distintas personas se considera un acto comercial”, ejemplifica el especialista, describiendo un patrón que modifica la naturaleza de la actividad. “Son actos comerciales”, afirma Pérez, con lo que se entra a un terreno regulado. A partir de ahí, la operación se vincula directamente con el sistema financiero. “En México, solo las instituciones financieras autorizadas pueden otorgar préstamos”, comenta el fiscalista. Ese cambio también abre la puerta a otro tipo de revisiones. “Estas operaciones pueden relacionarse con lavado de dinero”, advierte Jerónimo Pérez, en referencia al artículo 17 de la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita. En ese contexto, el análisis ya no se limita al préstamo en sí, sino al origen de los recursos. La utoridad puede requerir claridad total sobre los movimientos: “Se debe acreditar el origen de los recursos”, dice el entrevistado. Esa revisión no solo considera el monto o la frecuencia, sino también la capacidad de demostrar de manera consistente de dónde provienen los recursos utilizados en esas operaciones. Toda la operación descansa en la capacidad de demostrar que el dinero entregado sí corresponde a un préstamo y no a un ingreso. Un millón 200,000 pesos sin impuestos, pero con obligaciones “Debe existir un contrato”, subraya el contador, señalando el elemento que da validez a la operación. En la práctica, incluso entre particulares, se vuelve indispensable. “Siempre solicito un contrato cuando realizo un préstamo”, comenta el integrante del CCPM. Ese respaldo debe detallar los elementos que permiten identificar con precisión la operación: – Monto – Plazo – Forma de pago – Condiciones (con o sin intereses) Sin ese soporte, la discusión deja de ser técnica y se convierte en un problema de prueba. “Sin documentación, la autoridad no reconocerá el préstamo”, advierte el especialista. También es necesario que exista trazabilidad en los movimientos, de forma que pueda acreditarse tanto la entrega inicial del dinero como su devolución, evitando inconsistencias en los registros. Para ilustrar cómo se aplica este criterio, el especialista plantea un caso concreto: un préstamo de 1,200,000 pesos, pagado en 12 mensualidades, sin intereses y con contrato. “¿Se debe pagar impuesto por ese monto?”, plantea el especialista. “No, es la recuperación del capital”, aclara, al tratarse de una recuperación y no de una ganancia. Aunque no hay impuesto, la operación sí debe reportarse cuando supera ciertos montos. “Si el préstamo supera los 600,000 pesos al año, debe declararse”, precisa el contador, como parte de un aviso informativo. Además, la consistencia entre ambas partes permite a la autoridad validar la operación. “La otra parte también debe declarar la operación para que la autoridad cruce la información”, dice el especialista. Ese cruce de datos es lo que permite a la autoridad confirmar que la operación tiene coherencia y que corresponde efectivamente a un préstamo, evitando discrepancias que puedan detonar revisiones. ]]>

La deuda de México alcanzará 55% del PIB en 2027 y presiona su calificación

La deuda de México o el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) llegará a su proporción más alta de la economía en 2027 al alcanzar 55% . Es el porcentaje más alto desde 2000 , de acuerdo con registros de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) desde el año 2000 , y equivale a 21.8 billones de pesos . Este sería el cuarto año consecutivo en ascenso de la deuda pública como proporción del Producto Interno Bruto (PIB), pues para el cierre de este año también se prevé un incremento al llegar a 54.7%, después de una tendencia a la baja de 2021 a 2023, Esto ajusta la visión sobre la calificación crediticia de México . Esta mide la capacidad del sector público para pagar la deuda y que, de deteriorarse, vuelve más caro el acceso al financiamiento y reduce el atractivo para la inversión extranjera . Las proyecciones para la deuda pública para el cierre de 2026 y 2027 fueron presentadas por Hacienda al Congreso el pasado primero de abril, en el documento Pre-Criterios de Política Económica 2027 , el cual da pauta a la discusión para el diseño del Paquete Económico del próximo año. ¿Por qué va a subir la deuda pública? “Cabe destacar que las proyecciones parten de un marco macroeconómico prudente, con proyecciones inerciales de las finanzas públicas y sin modificaciones al marco tributario vigente”, destacó la dependencia a cargo de Édgar Amador Zamora en el documento. Detrás del incremento de la deuda para este y el siguiente año destaca la revisión metodológica del PIB nominal realizada en 2025; esta revisión modificó la base de cálculo anterior, lo que impacta directamente en cómo se expresa el saldo de la deuda como proporción de la economía, refirió Hacienda en el documento. También destacan los ajustes en el marco macroeconómico, respecto a lo esperado en septiembre pasado, principalmente por la guerra en Irán, y sus efectos en el mercado de divisas y el precio del petróleo a nivel global; un peso más apreciado frente al dólar, una tasa de interés más alta para este año, pero en descenso rumbo al siguiente. La perspectiva de crecimiento económico se mantuvo igual, mientras se eleva significativamente para 2027. Además, para 2026 y 2027 continuará el déficit fiscal (mayor gasto que ingresos), lo que seguirá presionando al alza el saldo histórico. Hacienda prevé llevar esta diferencia, del 4.3% del PIB en 2025, a 4.1% este año, y a 3.5% para el siguiente, con recortes al gasto público; más de 100,000 millones de pesos para este año, respecto a lo aprobado, y de 91,000 millones para 2027 respecto a lo aprobado en 2026. Es importante considerar que el déficit esperado por Hacienda para este año puede ser mayor, “dadas las condiciones de incertidumbre y volatilidad que están afectando el desempeño de la actividad económica, así como por la duración de la menor recaudación de los impuestos al IEPS a los combustibles, lo cual podría crear presiones al dejar de recaudar el nivel programado para el presente ejercicio fiscal”, destacó la calificadora HR Ratings en un análisis. ¿Qué efectos tiene el aumento de la deuda de México? Bajo este contexto, analistas de Banamex observan lejana la meta de Hacienda para la deuda pública en 2027; su perspectiva es de 56.2% del PIB, y de 54.9% para 2026, esta última al considerar menores ingresos por el menor dinamismo en la actividad económica y una plataforma petrolera más baja. Para el siguiente año, la perspectiva de los analistas de Banamex obedece a la dificultad económica y política de recortar el gasto, por compromisos de ley y en año de elecciones, y por igual, menores ingresos por una actividad económica menos dinámica. Esto podría interrumpir la trayectoria de consolidación fiscal, revirtiendo parcialmente los ajustes observados desde 2025. “Perder la consistencia en la trayectoria fiscal podría deteriorar de manera significativa la percepción de sostenibilidad de las finanzas públicas, disminuir los márgenes de maniobra ante choques y, en última instancia, elevar los riesgos para la evaluación de la calificación crediticia soberana ”, advirtió la institución financiera. En su última revisión de calificación soberana (noviembre de 2025), la calificadora HR Ratings consideró que la deuda alcanzaría 53.7% del PIB en 2026, lo que en parte es resultado de una mayor base del PIB antes de la revisión realizada por parte del Inegi en 2026. “Hacia adelante será importante considerar si Hacienda realmente está optando por dejar de lado su meta de contener el incremento en el nivel de deuda en el mediano y largo plazo y priorizar las transferencias sociales con el objetivo de incidir en un mayor bienestar social. A pesar de aún contar con espacio fiscal, esto añade presiones sobre la calificación de deuda soberana, acotando el margen en las próximas revisiones ”, advirtió HR Ratings. Banamex agregó que nuevamente, en los Pre-Criterios , se omite una discusión de fondo sobre las fuentes adicionales de generación de ingresos, más allá de mejoras recaudatorias por modernización administrativa, lo que refuerza la percepción de que el ajuste fiscal depende en exceso del gasto y carece de un ancla clara por el lado de los ingresos en el mediano plazo. ]]>

TACO: la estrategia de Trump sacude mercados y erosiona la confianza

Donald Trump siempre se echa para atrás o al menos eso es lo que piensan usuarios en redes después de que amenazara a Irán con la muerte de toda su civilización para, horas después, anunciar que alcanzó un acuerdo de alto al fuego con la república islámica. En total, Trump retrasó en cinco ocasiones su ultimátum a Teherán desde el inicio del conflicto, aunque con ello, subió cada vez más el tono de las amenazas. Estas fueron de destruir plantas eléctricas, a atacar la isla de Jark, su principal instalación petrolera, y terminaron con una advertencia de destrozar al país en una sola noche. Este tipo de negociaciones no son nuevas para la presidencia de Trump. El año pasado, sus anuncios de aranceles, pospuestos en decenas de ocasiones, comenzaron a generar incertidumbre en los mercados y recibió un nombre: TACO ( Trump Always Chikens Out o Trump siempre se raja). ¿De dónde surgió TACO? El término TACO comenzó a ser usado por el columnista del diario británico Financial Times a Robert Amstrong . Se trata de un “acrónimo que encapsula la noción de que Donald Trump no cumple con sus amenazas políticas”, de acuerdo con la definición que el autor dio a finales de año. Amstrong comenzó a usar el término TACO en mayo de 2025. Entonces, el gobierno de Trump había comenzado a titubear sobre la aplicación de los aranceles recíprocos anunciados el “día de la Liberación”, el 2 de abril de ese año. De acuerdo con el columnista, Trump normalmente se arrepiente de llevar a cabo sus amenazas, como los aranceles recíprocos o atacar las infraestructuras críticas de Irán, cuando el mercado y la economía comienzan a presionarlo. En el caso de Irán, por ejemplo, los precios del petróleo de referencia estadounidense, el WTI , rozaron los 110 dólares por barril después de lanzar su última amenaza contra Irán para lograr la reapertura del Estrecho de Ormuz. Igualmente, los principales índices de Wall Street —SP 500, Nasdaq y Dow Jones— cayeron con fuerza en la jornada del martes. ¿De dónde viene este estilo de negociación? Mucho antes de lanzarse a la política, Donald Trump cultivó una imagen de empresario inmobiliario exitoso, que lo llevó a ser una figura relevante en la sociedad de Nueva York y un rostro recurrente en la televisión. Este estilo de negociación, basado en amenazas que luego son retiradas para alcanzar algún tipo de acuerdo, viene de esa época. “En el libro The Art of the Deal (El arte de la negociación) Donald Trump explica que esta ha sido una estrategia que en el mundo de los negocios le ha funcionado siempre, llevar a sus contrapartes a la zona de margen de negociación, le ha redituado para obtener de sus contrapartes lo que ha buscado”, recuerda Arlene Ramírez Uresti, profesora de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana. Sin embargo, para esta especialista en negaciones internacionales, este estilo no puede trasladarse a la arena internacional con el mismo éxito, y claro, con consecuencias comparables. ¿Cuáles son las consecuencias internacionales para EU? Una primera consecuencia es la inestabilidad en los mercados globales, pero hay otras que pueden ser aún más delicadas. Para Uresti, la retórica de Trump al momento de negociar, con amenazas límite, es contraria a las prácticas de la diplomacia tradicional y también, pueden violar el derecho internacional, como en su amenaza del martes. Esto ha provocado una ruptura en la gobernanza internacional y en el sistema de organizaciones que Estados Unidos ayudo a fundar al final de la Segunda Guerra Mundial, sea rebasado por decisiones de individuos como Trump, que no muestran el mínimo respeto por las reglas. “ La guerra tenía reglas , había un derecho internacional respecto a la guerra y lo hay, lo que pasa es que no lo están respetando”, dice Uresti, quien afirma que gracias a esta falta de respeto a las instituciones, las crisis humanitarias se volverán más frecuentes y los conflictos serás más mortíferos. Trump también ha provocado una ruptura de las alianzas tradicionales de Estados Unidos con los países de Europa Occidental y la OTAN. Este miércoles, la Casa Blanca reprochó a la alianza atlántica su falta de apoyo en la guerra contra Irán. “Estados Unidos hoy ya no es la potencia que era en la Guerra Fría aunque bajo la presidencia de Trump esté desesperadamente buscando nuevamente ese lugar hegemónico”, dice Ramírez Uresti. China, con quien Estados Unidos se disputa la hegemonía mundial, también salió bien librado del conflicto. El país asiático es uno de los principales compradores del petróleo producido en Medio Oriente y que circula por el Estrecho de Ormuz, por lo que la guerra pudo afectarla, pero los errores de cálculo de Washington no lograron este objetivo. “Le faltó una parte del rompecabezas, que era lograr una alianza al interior del régimen iraní. como no lo logró y hubo unidad entre la élite iraní, ellos prefirieron la unidad y no ceder ante la presión de los Estados Unidos. ¿Qué problemas le provoca a Trump dentro de EU? La también consultora política explica que muchas de las decisiones de política exterior de Trump son dictadas por la coyuntura al interior de Estados Unidos. El país tendrá en noviembre elecciones para renovar la Cámara de Representantes y parte del Senado, lo que presiona a Trump para obtener victorias. El republicano tiene una aprobación del 37% hasta el 9 de abril, de acuerdo con el promedio de la revista The Economist. “Ganar las guerras perdiéndolas es un elemento o una estrategia para aquellos presidentes que tienen niveles de aprobación bajísimos”, afirma Uresti. Sin embargo, la guerra en Irán no ha resultado ser popular, a diferencia de otras intervenciones estadounidenses. De acuerdo con una encuesta de la cadena CNN un 59% de los estadounidenses rechaza el conflicto con Irán. El conflicto también ha traído importantes consecuencias para los bolsillos de los estadounidenses. La gasolina alcanzó los 4.10 dólares por galón, su máximo nivel desde 2022, de acuerdo con la Administración de Información Energética. “Al

Telcel, AT&T, Movistar y Bait: ¿cuánto tardan en quitarte la línea y reasignar tu número?

En México , las y los usuarios de telefonía móvil pueden cambiar de compañía cuantas veces lo deseen sin perder su número telefónico. Sin embargo, existen situaciones en las que una persona puede perder definitivamente su línea y que ese número sea reasignado a otro usuario . Esto ocurre principalmente cuando una línea de prepago permanece sin actividad durante un periodo prolongado, especialmente si la persona deja de hacer recargas , incluso de montos pequeños. Cuando esto sucede, las empresas de telefonía interpretan que la línea ya no está siendo utilizada por su titular. Ante este escenario, las compañías suelen seguir un proceso gradual : primero envían avisos de inactividad, luego suspenden temporalmente la línea y, si la falta de uso continúa, proceden a cancelarla de forma definitiva para que la autoridad mexicana pueda reasignar el número. A continuación te contamos cuánto tiempo debe pasar y qué condiciones se deben cumplir para que empresas como Telcel, AT&T, Movistar y operadores móviles virtuales (OMV) como Bait den de baja una línea y asignen ese número a un nuevo usuario. Telcel En Telcel, una línea de prepago no se cancela de inmediato cuando dejas de hacer recargas. El número pasa por varias etapas antes de darse de baja, un proceso que puede tardar cerca de 370 días . De acuerdo con la “ Política de Ciclo de Vida Amigo de Telcel ”, cuando vence la vigencia de tu último saldo o paquete, la línea entra en una fase de 119 días en la que sólo puedes recibir llamadas y mensajes, pero ya no puedes realizarlos. Si en ese periodo no haces ninguna recarga, la línea pasa a una segunda fase de inactividad de 246 días . Durante este tiempo no puedes hacer ni recibir llamadas o mensajes, porque la línea queda suspendida. Si la inactividad continúa, el número entra en un tercer periodo de 5 días conocido como fase de enfriamiento. Es el paso previo a la cancelación definitiva. Al terminar todas estas etapas, Telcel da de baja la línea , elimina los datos asociados y libera el número para que pueda ser asignado a otro usuario. Si te quedaba Saldo Amigo, este se congela como “saldo por recuperar” durante 365 días. Si haces una recarga antes de la baja definitiva, la línea se reactiva y puedes recuperar ese saldo. AT&T Según los Lineamientos Generales de las Recargas de Saldo de AT&T México, la empresa aplica un proceso basado en el » Ciclo de Vida de las Líneas de Prepago «, que puede tardar hasta 365 días si había saldo remanente. Si una línea de prepago no tiene saldo ni saldo adicional durante 90 días naturales , AT&T puede suspenderla por inactividad. Durante este tiempo, la línea queda inactiva y no puede usarse para llamadas, mensajes o datos. Si al término de la vigencia de tu recarga aún contabas con saldo, este se congela por 365 días naturales . Durante este periodo, puedes reactivar la línea haciendo una recarga, lo que también recupera el saldo congelado. Si pasan los 365 días sin recargar, AT&T da de baja la línea de manera definitiva , elimina los datos asociados y el saldo se pierde sin posibilidad de recuperación. Mientras realices recargas de Saldo o Saldo Adicional, la línea se mantiene activa y puedes seguir usando los beneficios de los paquetes de prepago, como minutos, mensajes, datos y acceso a redes sociales y aplicaciones. Movistar Según la «Sexta cláusula del Contrato de Prepago de Movistar» , las líneas están sujetas a un ciclo de vida, por lo que no es necesario solicitar su cancelación: el simple paso del tiempo sin actividad puede causar la baja. Una línea se considera activa mientras registre tráfico entrante o saliente , ya sea que tenga saldo pagado, saldo promocional o paquetes activos. Incluso si no hay saldo, la línea seguirá activa mientras reciba llamadas o mensajes de otros usuarios. Si la línea deja de registrar tráfico de llamadas o mensajes, entra en una fase de inactividad de 180 días naturales. Durante este periodo, la línea no se pierde de inmediato; si en cualquier momento recibe tráfico o se realiza una recarga, la línea vuelve a la fase activa. Si al iniciar la fase de inactividad la línea contaba con saldo congelado, la fase de inactividad se amplía hasta 365 días naturales , permitiendo que el usuario recupere ese saldo realizando una recarga antes de que termine el plazo. En otras palabras, en Movistar tu línea se mantiene mientras haya actividad o recargas , y solo se da de baja tras 180 días sin uso, o hasta 365 días si había saldo congelado, tras lo cual se pierde la titularidad y el saldo remanente. Bait En la OMV de Walmart, Bait, una línea de prepago tampoco se cancela de inmediato. Según su » Ciclo de Vida en Modalidad Prepago «, las líneas pasan por varias etapas antes de darse de baja, cada una con plazos claros y definidos. Cuando realizas una recarga, se te asigna un paquete de beneficios con minutos, mensajes y datos según la oferta comercial vigente. La línea se considera activa mientras dure el paquete . Si haces varias recargas durante este periodo, se mantiene la vigencia del paquete con mayor duración. Si al finalizar la etapa activa no hay un paquete vigente ni se realiza una recarga, la línea entra en suspensión parcial por 30 días . Durante este tiempo, solo puedes recibir llamadas y mensajes, pero no puedes realizar llamadas ni usar datos. Si recargas en este periodo, la línea vuelve a la fase activa. Si la línea sigue sin recargas al terminar la suspensión parcial, entra en pre-desactivación por 30 días . Una recarga durante esta fase también la regresa a la fase activa. Luego, si la línea continúa sin actividad, pasa a desactiva durante 90 días. En esta fase aún es posible reactivarla con una recarga. Finalmente, si no se realiza ninguna recarga ni hay tráfico saliente al terminar la etapa desactiva,