Plan de infraestructura enfrenta retos en financiamiento, seguridad y revisión del T-MEC
El lanzamiento del Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030 proyecta una inversión mixta entre el sector público y privado por hasta 5.6 billones de pesos , es una acción bienvenida para atraer inversión y dinamizar la economía, no obstante enfrentará retos para su consolidación . “En el Plan, sí se hace mención de que la inversión privada es necesaria, eso para mí es una señal muy potente. De parte de la administración pública federal se está haciendo un gran esfuerzo, lo vemos como bueno”, comentó Roberto Ballinez, director ejecutivo senior de Finanzas Pública e Infraestructura de HR Ratings. ¿De dónde saldrán los recursos? La Secretaría de Hacienda y Crédito Público estima que este Plan pueda impulsar el crecimiento del PIB a un rango de entre 2.5 y 3.0% en 2026, por encima del intervalo de 1.8 a 2.8% previsto en los Criterios Generales de Política Económica, a través de una inversión, adicional a lo estipulado en el presupuesto público 2026, por 722,000 millones de pesos, en proyectos de ocho sectores estratégicos: energía, trenes, carreteras, puertos, salud, agua, educación y aeropuertos. Sin embargo, el IMCO estima que alcanzar un crecimiento en el rango de 2.9%, sólo sería factible bajo el supuesto de que los 722,000 millones de pesos previstos se ejerzan en su totalidad durante el año y que el resto de las condiciones macroeconómicas permanezcan constantes. Como todo Plan, este tiene sus desafíos. El primero es el tema del financiamiento . “El tema es, ¿cómo lo vamos a financiar?, vemos sí hay recursos, los bancos están capitalizados, sabemos todos los recursos en el sector público; los fondos de pensión, la cuestión es que se materialicen muy bien los mecanismos de financiamiento. Esto es tarea de la banca con el sector privado. Sabemos que las Asociaciones Público-Privadas ya no existen, pero hay un modelo muy similar, entonces hay que esperar que todos estos nuevos contratos de inversión mixta, nazcan bien, crezcan bien y se reproduzcan mejor”, comentó Ballinez. Destacó que se deben diseñar mecanismos de financiamiento sólidos de largo plazo, para que también el mercado los vea atractivos. “Hay una realidad de que hay muchas necesidades, y hay poco dinero, entonces, tenemos que echar mano de esquemas que ya se han usado en el pasado con mucho éxito. Por ejemplo, en la Ciudad de México no había recursos para invertir en el Segundo Piso o en la Súper Vía, y se abrió el sector privado y se hicieron grandes obras financiadas por ellos que están funcionando muy bien”, destacó Víctor Manuel Herrera Espinosa, presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF). Para que los proyectos avancen se requieren estructuras financieras capaces de atraer financiamiento a tasas competitivas, consideró Oscar Ocampo, director de Desarrollo Económico del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en un análisis. “Esto implica procesos competitivos de asignación, esquemas contractuales claros, una administración adecuada de riesgos y certidumbre jurídica, este último componente es -quizá- el reto central en el contexto de nuevos reguladores económicos y la implementación de la reforma judicial”, puntualizó Ocampo. Seguridad y certeza Si bien el tema de seguridad y el contexto lega l han mejorado, y se han tomado cartas en el asunto, aún México no está en el lugar deseado en este aspecto, consideró el especialista de HR Ratings. El plan de inversión en infraestructura se lanza luego de que en 2025, durante varios meses, el 70% de los especialistas en economía del sector privado encuestados por Banxico, considerara un entorno desfavorable para la inversión . Mientras que en diciembre se mantuvo en 49% y en enero en 48%. Además, la falta de estado de derecho, el crimen y la corrupción fueron los tres principales obstáculos al hacer negocios en México, concentrando el 67% de los especialistas; en enero de 2026, estos mismos obstáculos concentraron el 68% en enero de 2025, y en 2024 el 65%. Por igual es necesaria la certeza. De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por su sigla en inglés), la incertidumbre regulatoria, fiscal y legal pesa tanto como los factores externos. Cuando las reglas parecen cambiantes y la aplicación de la ley luce débil, las empresas optan por retrasar proyectos, aun cuando México ofrezca costos competitivos y cercanía con el mercado estadounidense, advierte CSIS. «Hay una clara diferencia en el discurso hacia el sector empresarial, ya que en lo público se dice que hay una ‘gran oportunidad’ para invertir y por otro no hay reglas claras» señaló Valeria Moy, directora general del IMCO, en el Encuentro Expansión»Agenda legislativa pendiente en el Congreso». La economista destacó que el gobierno busca incentivar la inversión privada bajo la promesa de un beneficio fiscal , pero hay incertidumbre por leyes aprobadas anteriormente como la reforma al Poder Judicial, la cual ha incrementado el costo de litigio para las empresas, alrededor de 20%. Revisión del T-MEC En tercer lugar está el desafío de la revisión al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), pues en tanto no haya acuerdos, va existir un punto de incertidumbre para la inversión, comentó Ballinez. “El proceso de pláticas y negociaciones con Estados Unidos, cada vez más, genera dudas de que se alcance un acuerdo el 1 de julio de 2026. Con ello, como lo establece el T-MEC y la ley estadounidense, el tratado seguiría en vigor, pero se vuelve a llevar a cabo una revisión en 2027 y luego, de no llegarse a un acuerdo, otra en 2028 y así sucesivamente hasta 2036, cuando, sin acuerdo, el tratado expiraría”, apuntó Gabriela Gutiérrez Mora, presidenta nacional del IMEF. Con información de Patricia Tapia, Yared de la Rosa y Carina García. ]]>
Es oficial: México tendrá su primera moneda de 25 pesos y será por el Mundial 2026
El Senado aprobó la creación de tres nuevas monedas conmemorativas con motivo de la Copa Mundial de la FIFA 2026 , que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá a partir del 11 de junio. Las piezas estarán elaboradas en oro, plata y material bimetálico , con distintas denominaciones, de acuerdo con el dictamen avalado este martes 17 de febrero por la Cámara alta del Congreso de la Unión. El objetivo de estas monedas es conmemorar la tercera ocasión en que México será sede de la máxima justa del futbol, luego de haber albergado los Mundiales de 1970 y 1986, y ahora 2026 , esta última de manera compartida. Así serán las nuevas monedas por el Mundial 2026 México acuñará tres monedas conmemorativas rumbo al Mundial 2026 , las cuales fueron aprobadas en el Senado con 94 votos a favor. Se trata de piezas con distintos materiales, valores y características: Moneda de oro puro , con un valor nominal de 25 pesos. Moneda de plata pura , con un valor nominal de 10 pesos. Moneda bimetálica , con un valor nominal de 20 pesos. El dictamen establece que el Banco de México será el titular de todos los derechos patrimoniales, de autor y de propiedad intelectual derivados de los diseños y de la acuñación. En cuanto al diseño, las tres monedas compartirán elementos clave: Anverso : Escudo Nacional en relieve escultórico, con la leyenda “ESTADOS UNIDOS MEXICANOS” formando un semicírculo superior. Reverso : Diseño a cargo del Banco de México, con motivos alusivos a la Copa Mundial de la FIFA 2026, organizada por México, EU y Canadá. Senado destaca el valor cultural y social del fútbol en México Senadores de Morena, MC, PT y PVEM coincidieron en que las monedas conmemorativas del Mundial 2026 buscan subrayar la importancia cultural, social y económica del fútbol en México, país que será sede de 13 partidos del torneo. Manuel Huerta Ladrón de Guevara, de Morena, afirmó que estas piezas “hablan al mundo” y representan la memoria colectiva de un deporte arraigado en la vida cotidiana, desde el fútbol llanero hasta el profesional. Néstor Camarillo Medina, de Movimiento Ciudadano (MC), destacó que el fútbol une a casi 90% de la población y que las monedas también tendrán un impacto económico en miles de familias. Por el Partido del Trabajo (PT), Lizeth Sánchez García señaló que las piezas preservan hechos históricos que marcan generaciones, mientras que Virginia Magaña Fonseca, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), subrayó que dejarán constancia material de un acontecimiento clave para la vida pública nacional. Un Mundial sin precedentes La Copa Mundial de la FIFA 2026 marcará un punto de inflexión en la historia del futbol. Aunque será la vigésima tercera edición del torneo, su formato y organización romperán todos los esquemas conocidos. Por primera vez, el Mundial reunirá a 48 selecciones en lugar de las 32 habituales, lo que aumentará la cantidad de partidos a 104 y permitirá la participación de más países. Además, será el primer torneo organizado de manera conjunta por tres naciones: México, Estados Unidos y Canadá, un hecho sin precedentes en la historia de la FIFA. Estas novedades convierten al Mundial 2026 en el más grande y ambicioso hasta la fecha, tanto por su dimensión deportiva como por el reto logístico, comercial y mediático que implica coordinar un espectáculo de esta magnitud en tres países simultáneamente. ]]>
México tendrá tres nuevas monedas por el Mundial
En este episodio, Puri Lucena y Ari Ortega te cuentan sobre las tres monedas que se acuñarán para conmemorar el Mundial 2026, y serán una de 25 pesos hecha de oro, otra de 10 pesos hecha de plata y una más de 20 pesos de los dos metales. También hablan sobre otros temas: – El viacrucis para atender el cáncer: solo 56 hospitales tienen áreas de radioterapia para 200,000 pacientes anuales – El agro de EU se organiza para blindar 148,000 mdd de su comercio bajo el T-MEC – Empresarios de Sonora invierten 115 mdd en un auto eléctrico “Hecho en México” – La purga de la IA en 2026, hay 30,000 despidos en tecnológicas ]]>
México ante el GAFI y la prueba de efectividad en su sistema financiero
En el ámbito financiero internacional, la confianza no se presume, se demuestra. Por eso, el reciente posicionamiento de la Secretaría de Hacienda reafirmando el compromiso de México con el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) merece una lectura estratégica. No se trata de un comunicado más, es una señal dirigida a los mercados sobre la fortaleza institucional del país. El GAFI establece los estándares globales en materia de prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo. Durante años, el debate se centró en determinar si los países contaban con marcos normativos alineados a las mejores prácticas. Hoy la discusión es distinta. La pregunta relevante es si esos marcos funcionan en la práctica. Desde mi experiencia en regulación financiera y cumplimiento normativo, tengo claro que la prevención de lavado de dinero no puede entenderse como un requisito administrativo. Es un componente estructural de estabilidad económica. Cuando un sistema financiero permite que recursos ilícitos se integren a la economía formal, el daño es institucional. México es una economía abierta, profundamente vinculada a mercados internacionales, inversión extranjera y corresponsalía bancaria. La percepción que tengan bancos globales, inversionistas y organismos multilaterales sobre la integridad de nuestro sistema financiero incide directamente en el costo del capital y en la confianza país. Las autoridades internacionales han endurecido sanciones y revocado licencias a instituciones con debilidades en sus controles. Esa realidad demuestra que la efectividad regulatoria dejó de ser un asunto técnico para convertirse en un factor determinante de competitividad y estabilidad financiera. El estándar actual del GAFI privilegia la efectividad. Evalúa si la supervisión es realmente basada en riesgos, si los sistemas de monitoreo transaccional detectan patrones complejos, si los oficiales de cumplimiento cuentan con independencia funcional y si los Consejos de Administración asumen la gestión de riesgos como parte central de su gobierno corporativo. Esa es la verdadera prueba. A esto se suma un factor que no podemos ignorar: la transformación digital. El crecimiento de fintech, la inclusión financiera y la sofisticación de esquemas de fraude digital han ampliado el alcance del sistema, pero también el espectro de riesgos. He visto cómo la innovación avanza con rapidez; los controles deben evolucionar al mismo ritmo. La inteligencia financiera, la analítica avanzada y la coordinación interinstitucional son hoy indispensables. Cumplir con los estándares del GAFI no es opcional para México. Es una condición para preservar la estabilidad económica y proteger la seguridad financiera nacional. La prevención de lavado de dinero impacta directamente en la confianza de inversionistas, en las relaciones con bancos corresponsales y en la percepción de riesgo país. Creo firmemente que este es un momento clave. El reto no está en reiterar compromisos, sino en demostrar resultados verificables y sostenidos. La confianza internacional no se construye con discursos; se acredita con desempeño. En un escenario global cada vez más exigente, la integridad financiera representa un activo estratégico. Si México consolida controles efectivos y una supervisión sólida basada en riesgos, no sólo protege su sistema financiero: fortalece su posición como una economía confiable y competitiva en los mercados internacionales. La prueba no está en la norma. Está en la efectividad. ____ Nota del editor: Pedro Javier Leyva Lizárraga es especialista en cumplimiento normativo, prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo (PLD/FT), Gobierno Corporativo y gestión de riesgos. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
Cómo crecer una empresa cuando la economía no crece
La economía mexicana avanza con dificultad. El crecimiento es limitado, la inversión se mueve con cuidado y el consumo se ha ralentizado. No se trata de una crisis profunda, pero sí de un momento de baja tracción que se siente en las decisiones diarias de las empresas. Análisis de organismos como el Banco de México y la OCDE coinciden en un punto: México opera hoy en un entorno de bajo dinamismo económico frente a otros países de la región. Esa condición se traduce en mayor presión sobre los negocios, sus equipos y sus resultados. Promocionar para vender más… y ganar menos Crecer no es resistir: las decisiones que sí mueven a una empresa En conversaciones recientes con emprendedores hay una palabra que se repite constantemente: incertidumbre. Las ventas avanzan lento, los ciclos de decisión se alargan y cada movimiento exige mayor precisión estratégica, porque el margen para equivocarse es cada vez menor. Aun en este contexto, hay empresas que sí crecen. No porque desconozcan la realidad macroeconómica, sino porque toman decisiones estratégicas tomando en cuenta, precisamente, este entorno. Entienden que el desempeño del país y el de una empresa no tienen que avanzar al mismo ritmo. Para quien lidera un negocio, el dato clave no solo es cuánto crece el país, sino la dinámica del sector en el que está la empresa y las acciones que tomará el negocio para buscar crecimiento. Ante un escenario de estancamiento, la reacción más común es recurrir a promociones y descuentos para impulsar ventas. Es una respuesta comprensible y, en muchos casos, inevitable. El problema es que, en un escenario donde el progreso es nulo, esta estrategia rara vez resuelve el asunto de fondo. Las promociones suelen impulsar las ventas en el corto plazo y ganar participación de mercado sobre la competencia; pero, al mismo tiempo deterioran los márgenes. En 2025, por ejemplo, vimos temporadas de ofertas muy activas; sin embargo, los costos para las empresas fueron un poco más altos que en 2024 y muchas empresas cerraron el año con ventas similares y menor rentabilidad. No entrar en promociones implica perder participación; pero hacerlo afecta la utilidad. Lo que sí es claro es que competir desde el precio no es una estrategia sostenible. Es posible ganar tiempo, pero no se construye valor a largo plazo. A lo largo de mi trayectoria como emprendedor he tenido que tomar decisiones de cambio en distintos momentos. En una etapa opté por crear marcas propias y desarrollar productos en varias categorías, al mismo tiempo que abría canales nacionales para vender en grandes cadenas. Más adelante, durante la pandemia, cuando muchos clientes tradicionales cerraron operaciones, fue necesario trasladar parte del negocio a marketplaces y venta en línea, adaptando productos y procesos a un canal completamente distinto. No fue una transición cómoda, pero sí una decisión estratégica. Tres caminos para crecer cuando el mercado se estanca El aprendizaje fue claro: cuando las condiciones son adversas, quedarse quieto también es una decisión, y casi siempre es la más costosa. Existen tres rutas estratégicas claras: 1. Vender más a los clientes actuales. Si alguien ya te compra, es que ya confía. El costo de adquisición está hecho. El reto es entender mejor sus necesidades y ampliar la oferta con productos o servicios complementarios para ofrecerlos también y aumentar ventas con los mismos clientes. 2. Vender los mismos productos a nuevos clientes. Esto implica explorar nuevas regiones, nuevos canales, nuevos segmentos o incluso otros países. La experiencia operativa es un activo transferible: una vez que una empresa aprende a cumplir estándares exigentes y a operar con grandes jugadores, se facilita entrar a nuevos mercados. 3. Vender nuevos productos a nuevos clientes. Es la opción de mayor riesgo, pero también de mayor retorno. Implica aprovechar tus conocimientos, experiencia y capacidades para crear nuevos productos para nuevos mercados. No es improvisar; es adaptación estratégica. Crecer cuando la economía no crece exige innovación y mirar en otra dirección. Las empresas que avanzan no lo hacen por inercia, sino porque aprovechan sus capacidades para ir por nuevas oportunidades. En mercados estancados, vender los mismos productos a los mismos clientes y competir solo por precio, rara vez genera crecimiento y nos pone en riesgo. Cuando el panorama se complica, lo peor que puede hacer una empresa es no hacer nada. Las circunstancias no siempre se pueden cambiar. La estrategia, sí. _____ Nota del editor: Juan Carlos Cante es Presidente del Consejo Directivo de la ASEM. Síguelo como @juanc_cante Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
Monedas del Mundial 2026, ¿símbolo nacional o sustituto de una agenda económica pendiente?
En economía política, los símbolos importan. La aprobación para emitir tres monedas conmemorativas por el Mundial 2026 (una de oro, una de plata y otra bimetálica) responde a una tradición institucional plenamente válida. México, como muchas naciones, registra en el metal los momentos que considera relevantes para su historia colectiva. Es una forma de preservar la memoria, de proyectar identidad y dejar constancia material de ciertos hitos. Hasta ahí, nada que objetar. El valor de los gestos… y sus límites El Mundial como oportunidad económica real El cuestionamiento surge cuando el símbolo comienza a ocupar el lugar del proyecto. Porque si algo distingue a los grandes eventos globales (y un Mundial de futbol lo es en su máxima escala) no es la memoria que dejan, sino la transformación que provocan. Por eso, la pregunta relevante no es si México debe acuñar monedas conmemorativas, sino, si tiene algo estructural que conmemorar más allá del acontecimiento deportivo en sí. Y hoy, esa respuesta no resulta del todo clara. Las monedas aprobadas, que tendrán al anverso el Escudo Nacional y al reverso el diseño que determine el Banco de México, alusivo al Mundial 2026, tendrán valor legal. Serán piezas de colección, instrumentos de resguardo patrimonial y expresiones de identidad cultural. ¡Magnífico! Desde el punto de vista institucional, cumplen perfectamente su función. Pero, desde la perspectiva económica, la que observan inversionistas, empresarios y analistas, la conversación es otra, ¿qué narrativa económica quiere proyectar México ante el mundo? Creo que la experiencia internacional es bastante nítida. Los países que han aprovechado con mayor éxito los mega-eventos deportivos los utilizan como detonadores de transformación estructural; modernizan infraestructura urbana, fortalecen su posicionamiento turístico, impulsan innovación tecnológica y, en muchos casos, implementan reformas regulatorias que perduran mucho más allá del evento. En esos casos, las monedas conmemorativas son la cereza del pastel, el cierre simbólico de un proceso profundo. No su punto de partida. El Mundial 2026 será el más grande que se haya visto y tendrá exposición global sin precedentes. Para México, que será “sede” por tercera ocasión, el desafío no es organizativo (esa capacidad está probada) sino estratégico. El evento puede generar empleos, atraer inversión y ampliar derrama turística. Pero ninguno de esos efectos ocurre por inercia. Todos requieren planificación, coordinación institucional y una visión económica a largo plazo. En otras palabras, requieren política pública deliberada. Por eso, cuando la conversación pública se concentra en la acuñación de monedas antes que en la arquitectura del legado económico, surge la inquietud en los círculos empresariales, ¿estamos administrando un evento, o estamos capitalizando una oportunidad histórica? Creo que la diferencia no es semántica. Es estructural. El riesgo de confundir representación con transformación Lo que realmente debería quedar grabado Nuestro país posee una larga tradición numismática y una notable capacidad para convertir cultura en valor económico. Eso es indiscutible. Pero también existe un riesgo recurrente de confundir representación con transformación. Las monedas pueden fortalecer identidad nacional, difundir cultura y estimular coleccionismo. Todo eso, positivo. Pero su alcance es simbólico por definición. Ninguna moneda mejora la seguridad. Ninguna moneda ni la movilidad urbana. Ninguna moneda moderniza aeropuertos ni redefine competitividad internacional. El metal preserva memoria, pero la política económica construye legado. La oportunidad sigue abierta. Desde mi punto de vista, una lectura crítica no implica rechazo, sino ordenar prioridades. Emitir monedas conmemorativas es una decisión válida e incluso lógica dentro del funcionamiento institucional del Estado. Los países que entienden el valor de sus símbolos también entienden el valor de narrarse a sí mismos. Pero la secuencia importa. Primero se construye el legado; después se conmemora. México todavía tiene margen para hacerlo bien. El Mundial 2026 puede convertirse en un punto de inflexión económico real si se articula una agenda clara en tres frentes estratégicos, como infraestructura con retorno medible, política turística de largo plazo e integración regional efectiva en el marco de Norteamérica. Si eso ocurre, las monedas conmemorativas no serán solo piezas de colección, ¡serán evidencia tangible de una transformación económica concreta! Las naciones no se recuerdan solo por los eventos que organizan, sino por lo que hicieron con ellos. Si México utiliza el Mundial como plataforma para fortalecer su competitividad urbana, su posicionamiento internacional y su capacidad logística regional, entonces las monedas serán algo más que un gesto protocolario, y serán cápsulas de memoria económica. Si no ocurre así, serán simplemente objetos bellos que recuerdan un momento relevante… pero no necesariamente trascendente. El metal puede durar siglos. El legado económico (cuando existe) dura generaciones. ¿Qué quedará grabado en la estructura económica del país cuando el último visitante se haya ido? Porque eso, y no el oro ni la plata, es lo que realmente define el valor histórico de una conmemoración nacional. _____ Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
¿Denunciarías en tu propia empresa? La pregunta que todo CEO debe hacerse
El fraude interno no explota; avanza en silencio. Progresa lento y constante mientras los números todavía cuadran y nadie se atreve a hacer preguntas incómodas. Para cuando finalmente se detecta, el daño financiero ya es profundo y la reputación —ese activo que tanto se presume en los informes anuales— está seriamente comprometida. Aun así, muchas empresas repiten el mismo ritual: más auditorías, más controles y más reportes, como si el problema fuera puramente técnico. Los datos, sin embargo, deberían incomodar a cualquier Comité de Auditoría: según la Association of Certified Fraud Examiners (ACFE), el 43% de los fraudes a nivel global se detectan gracias a denuncias, una cifra que supera por mucho el alcance de las auditorías internas, los controles automatizados o las revisiones de la alta dirección. La evidencia es contundente: el sistema de detección más eficaz es la gente, no el software ni los manuales. Bajo esta premisa, la pregunta relevante no es si la empresa cuenta con una línea ética; hoy, casi todas la tienen. La verdadera interrogante es: ¿alguien se atrevería a usarla? Y si lo hace, ¿esa denuncia llegará realmente a quien debe llegar, o se perderá entre filtros, silencios estratégicos y decisiones que prefieren “no escalar”? En muchas organizaciones, la línea ética es un objeto decorativo de compliance : existe para cumplir, no para funcionar. Está diseñada para satisfacer a los reguladores, no para proteger a quien levanta la voz. Los colaboradores lo perciben y callan, porque denunciar suele percibirse como un riesgo personal y no como un acto de integridad profesional. No es paranoia, es experiencia acumulada. Cuando las investigaciones se diluyen o el mensaje implícito es «gracias por reportar, pero no vuelvas a hacerlo», la empresa no solo pierde información crítica; está entrenando a su talento para guardar silencio. Y el silencio es carísimo. Cada mes que un fraude pasa inadvertido, el impacto crece. Cada semana de inacción aumenta la probabilidad de que el caso derive en una crisis pública. Cuando eso sucede, poco importan las políticas internas: la narrativa será que la organización vio las señales y decidió ignorarlas. Aquí reside la verdad que pocos líderes enfrentan: el problema no es la falta de denuncias, es la ausencia de confianza. La confianza no se construye con comunicados, sino con garantías, investigaciones rigurosas, protección real al denunciante y la determinación de que nadie es intocable. Una línea ética funcional no es un simple canal; es un espejo cultural. Refleja si la organización realmente desea saber qué ocurre en su interior o si solo busca la ilusión de control. Las empresas maduras no son las que presumen tener una línea ética, sino las que demuestran que su uso genera consecuencias y transforma la toma de decisiones. Para los Consejos de Administración y CEOs, la pregunta final es simple: si tú fueras empleado, ¿denunciarías? Si la respuesta es no, el mayor riesgo no es el fraude, sino la cultura que lo permite. Al final, el fraude no siempre comienza con una gran mentira; a veces, empieza con una verdad que nadie quiso escuchar. ____ Nota del editor: José Carlos Ortiz es Socio de Gobierno Corporativo, Riesgo y Cumplimiento de ASG Risk. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
3.4 billones de pesos fuera del radar empresarial
¿Qué harías si te dijera que uno de los mercados más grandes de México no está en el radar de la mayoría de los consejos de administración ni del C-suite? Ese es el caso de las personas con algún grado de discapacidad y sus familias. En México, 30.7 millones de personas viven con al menos una discapacidad o limitación funcional. Éstas se concentran en 51% de los hogares, lo que implica que una de cada dos familias vive esta realidad todos los días e influye en sus decisiones de consumo. Sin embargo, estas personas rara vez están en la conversación estratégica cuando las empresas diseñan productos, servicios, experiencias, etc. Por eso en Noubi, mi empresa de consultoría, y Éntrale nos preguntamos qué tan relevante es el poder de gasto de esta población y de las personas que toman decisiones de consumo junto con ella. Para responder, retomamos una medición que en Reino Unido se conoce como Purple Pound, que calcula el tamaño del mercado asociado a la discapacidad, y la replicamos con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 para estimar su magnitud en México. Encontramos que las personas con algún grado de discapacidad y sus hogares tienen un gasto acumulado anual de 3.4 billones de pesos. Sí, billones. Lo equivalente a cerca de una tercera parte del presupuesto del Gobierno Federal de 2026. Además, aunque estos hogares registran ingresos promedio 15% menores que el resto, la discapacidad está presente en todos los niveles socioeconómicos. No es un fenómeno acotado a un solo estrato. Esto implica que cualquier empresa, sin importar su posicionamiento, tiene frente a sí una oportunidad que probablemente no ha dimensionado. En el mundo ya hay empresas que entendieron esto. Marcas como Rare Beauty que rediseñaron empaques para personas con falta de destreza manual. Bancos como Barclays que desarrollaron tarjetas de colores brillantes y con una hendidura para personas con debilidad o discapacidad visual. Armadoras como Nissan que adaptaron vehículos desde fábrica para quienes tienen discapacidad motriz. Estos casos demuestran que apostar por la inclusión de personas con discapacidad es un buen negocio. Reflejan un ganar-ganar en donde las empresas aprovechan una oportunidad de negocio la cual, a su vez, genera un impacto social enorme para quienes acceden a estos bienes y servicios. Sabemos que la tecnología, el conocimiento y los procesos para innovar en este sentido ya existen. No partimos de cero. Sin embargo, se necesita popularizar este tipo de decisiones para que estas soluciones se perfeccionen, se escalen y se vuelvan más asequibles. Queremos que cada vez más personas con discapacidad tengan la libertad para elegir y adquirir los bienes y servicios que les convengan. Estos datos son una invitación a repensar el mercado. A dejar de ver la discapacidad únicamente desde la responsabilidad social e incorporarla como una variable de segmentación de mercado cuyo potencial se puede alcanzar si se escucha a quienes viven con esta realidad y se diseña con más empatía. ¿Tu empresa será de las que den pasos para atender a este segmento o será de las que se den el lujo de ignorar este mercado? ____ Nota del editor: Fátima Masse es Economista especializada en temas sociales. Síguela en Twitter como @Fatima_Masse . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
El nuevo ‘funnel’ es silencioso
Llevo años escuchando la misma frase en juntas de marketing: “No entendemos por qué este mes no convirtió si el tráfico viene bien”. Y casi siempre el problema no es el tráfico. Es el supuesto. Seguimos imaginando que el viaje del cliente es una línea visible: ve un anuncio, entra al sitio, se registra, recibe correos, agenda demo y compra. Ordenado. Medible. Atribuible. Cómodo. Hoy ese funnel se volvió silencioso. No porque la gente haya dejado de investigar. Al revés: investiga más que nunca, pero lo hace fuera de nuestro radar. En grupos de WhatsApp donde no hay pixel, en cadenas de Slack donde no hay UTM, en conversaciones de pasillo que terminan en un “pásame el contacto”, y, cada vez más, dentro de interfaces que ya no premian el clic como antes. Si tu estrategia depende de que el usuario “llegue a tu web” para que exista, estás compitiendo en un mapa que ya no corresponde al territorio. Hay algo que a mí me parece clave: la decisión se está formando cada vez más temprano y cada vez más lejos de nosotros. Varios estudios recientes coinciden en que, cuando el buscador entrega respuestas resumidas y “resueltas” en la propia pantalla, la gente hace menos clics hacia sitios externos. No es que desaparezca el interés, desaparece la necesidad de salir. El comprador se está entrenando para resolver dudas sin moverse de donde está. En B2B esto se multiplica. El comprador quiere avanzar sin hablar con nadie, quiere comparar por su cuenta y llegar a la conversación final solo para confirmar. Y esa palabra —confirmar— debería incomodarnos. Porque confirma quien ya decidió. Lo he visto una y otra vez: campañas “correctas” en papel, con métricas decentes, pero un pipeline que crece por otro lado. No por el formulario, sino por la recomendación. No por el landing, sino por la reputación. No por el “conoce más”, sino por el “ya los traigo en la cabeza”. Y cuando por fin el prospecto aparece en el CRM, aparece tarde: con lista corta, con objeciones claras, y con un sesgo que ya se instaló, a favor o en contra. A esto le pongo un nombre para entenderlo: dark funnel. No es una palabra elegante, es una realidad incómoda. Es la parte del proceso donde el comprador consume contenido, valida reputación, pide opiniones, compara alternativas y construye criterio sin interactuar de forma rastreable con tu ecosistema. Y si además sumas el aumento de automatizaciones y sistemas que “leen” contenido por usuarios (o por empresas) antes de que el humano llegue a tu página, el efecto es doble: tu analítica se ensucia y tu influencia se vuelve invisible. Entonces, ¿qué hacemos cuando el funnel deja de hablar? Primero , dejar de fingir que la atribución es una verdad absoluta. La atribución es una hipótesis útil, no un acta notarial. Si tu tablero solo premia lo que se puede rastrear, vas a optimizar lo visible aunque no sea lo importante. Vas a ganar “leads” y perder “preferencia”. Y cuando eso pasa, la caída no se siente en la campaña: se siente en la conversación comercial, meses después. Segundo , cambiar el tipo de señales que perseguimos. No abandonar performance, sino complementar performance con indicadores de intención y confianza. Crecimiento de búsquedas de marca, aumento de tráfico directo, menciones orgánicas, incremento de “me recomendaron”, reducción del tiempo de ciclo cuando llegan inbound, y, sobre todo, el lenguaje con el que entra el prospecto. No es lo mismo “quiero entender” que “quiero validar”. La segunda frase vale oro. Tercero , diseñar activos que funcionen como pruebas para el comprador silencioso. No “contenido para atraer”, sino contenido para decidir. Comparativos honestos, páginas de objeciones, casos con números, guías que enseñen cómo se implementa, explicaciones claras de qué pasa cuando sale mal, y marcos de decisión que le sirvan al comité. El comprador no necesita más promesas; necesita menos incertidumbre. Cuarto , jugar para el mundo donde el aprendizaje sucede dentro de plataformas. Si la gente se forma un criterio sin salir de su feed, tu estrategia no puede ser “publico para que den clic”. Tiene que ser “publico para que entiendan”. Si tu idea solo funciona cuando el usuario llega a tu sitio, tu idea es frágil. En cambio, si tu postura se entiende en 20 segundos, se recuerda, se puede repetir y no se deforma cuando viaja de chat en chat, entonces tienes algo mucho más valioso que un clic: tienes transferencia. Quinto , volver a lo básico con una disciplina que hemos perdido: consistencia. La mayoría de marcas no falla por falta de contenido; falla por falta de una narrativa repetible. Cada campaña cambia el ángulo, cada pieza cambia el tono, cada vocero dice una cosa distinta. Y en el funnel silencioso, la incoherencia se castiga sin aviso. Nadie te escribe para decirte “no entendí quién eres”; simplemente te descartan. A mí me cambió la forma de dirigir estrategia aceptar esta verdad: el nuevo funnel no se acelera gritando más fuerte; se acelera siendo más confiable cuando nadie te está viendo. Porque si el cliente decide en silencio, nuestro trabajo no es perseguirlo con rastreadores. Es estar presentes donde se forma su criterio, con una narrativa tan nítida que pueda sobrevivir sin nosotros. Que alguien la pueda resumir sin traicionarnos. Que un tercero la pueda recomendar sin dudar. Que el comité la pueda defender sin pedir “una llamada más”. Ese es el juego ahora. Y si lo hacemos bien, el día que por fin “aparezcan” en nuestras métricas, ya no estarán explorando. Estarán listos. _____ Nota del editor: Sergio F. Esquivel es Estratega Digital. Síguelo en @sergiofesquivel Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. 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El IMSS le gana tiempo al daño cerebral, gracias a la IA
Cada minuto cuenta cuando ocurre un accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como ictus. En estos eventos, la falta de circulación sanguínea en el cerebro puede traducirse en daño permanente, discapacidad o incluso la muerte. Hoy la tecnología juega un papel decisivo en mejorar la atención y supervivencia de los pacientes, y el Instituto Mexicano del Seguro Social ( IMSS ) ya echa mano de imagen avanzada e Inteligencia Artificial (IA) para este fin. La trombectomía mecánica, un procedimiento mínimamente invasivo para remover coágulos de grandes arterias del cerebro, ha demostrado cómo la innovación tecnológica puede cambiar el destino de un paciente. “Antes, identificar si un paciente era candidato a la trombectomía podría tardar entre 60 y 90 minutos; ahora, con imagen avanzada e IA, tenemos la información en menos de cinco minutos”, explica el doctor José Raúl Neri Alonso, especialista en terapia endovascular neurológica del IMSS. La IA como aliado para acelerar la atención La disminución del tiempo de atención puede marcar la diferencia entre que una persona vuelva a caminar, hablar o valerse por sí misma, o que quede con parálisis, problemas graves del lenguaje o dependencia permanente. En términos médicos, cada minuto ganado significa menos tejido cerebral dañado y mayores posibilidades de recuperación funcional, no solo de sobrevivir al evento. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ACV son la segunda causa de muerte a nivel global, con 4.95 millones de muertes en países de ingresos medios y bajos. En México, se registran 118 casos por cada 100,000 habitantes, equivalentes a 170,000 nuevos pacientes al año. Entre ellos, el 20% puede fallecer en los primeros 30 días, y siete de cada 10 sobrevivientes presentan algún grado de discapacidad. Un accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando un coágulo bloquea la circulación sanguínea en el cerebro, impidiendo que el oxígeno llegue a ciertas áreas. Según Neri Alonso, los síntomas pueden incluir debilidad en brazos o piernas, dificultad para hablar, pérdida de visión en un ojo o disminución del estado de alerta. La rapidez para reconocer estas señales puede marcar la diferencia entre la vida y una discapacidad. La trombectomía mecánica, con la que se tratan estos acontecimientos, consiste en introducir un catéter por la arteria femoral (ingle) o radial (brazo) hasta el sitio del coágulo, atraparlo y extraerlo, restaurando el flujo sanguíneo. En el IMSS, la IA se utiliza para analizar rápidamente imágenes de tomografías y resonancia magnética, identificando qué pacientes aún pueden beneficiarse de la trombectomía. Esa información permite activar protocolos como el “Código Cerebro”, un protocolo que permite coordinar rápidamente la atención de pacientes con ACV, integrando infraestructura hospitalaria, personal capacitado y tecnología de punta. La IA no sustituye a los médicos, dice Neri Alonso, lo que hace es darles información procesada y precisa de inmediato sobre la extensión de la lesión, el tamaño del área que ya no puede rescatarse y el volumen de tejido que aún puede salvarse. Esa precisión permite extender la llamada “ventana de atención”, es decir, el tiempo en que se puede intervenir con ventajas clínicas. Neri Alonso, quien coordina el proceso de trombectomía del programa Código Cerebro, señala que gracias a esta articulación, es posible extender la ventana de atención de un paciente hasta 24 horas en casos seleccionados, aumentando la probabilidad de recuperación y reduciendo la discapacidad. Además de agilizar procesos clínicos, el protocolo también incluye una estructura de coordinación nacional (Centro Virtual de Operaciones de Emergencias y Desastres) que gestiona el flujo de pacientes en menos de tres minutos y vincula a las unidades de primer contacto con los hospitales que pueden intervenir de urgencia. “La infraestructura es costosa (inversión gubernamental), pero su implementación se justifica plenamente por los resultados en la calidad de vida de los pacientes”, afirma Neri Alonso. Si bien no hay datos públicos sobre el monto económico que implicó la implementación del programa «Código Cerebro», el IMSS sí revela que unos de los logros más notorios del programa es que en más del 90% de los casos de tratamiento trombolítico se ha logrado administrar el medicamento en las primeras 1.5 horas tras la llegada del paciente a urgencias, un tiempo crucial para la efectividad del tratamiento. El programa opera en más de 136 hospitales de Segundo Nivel y en 10 Unidades Médicas de Alta Especialidad (UMAE) en todo el país. Además, más de 13,000 trabajadores de la salud han recibido capacitación específica para atender estos casos. Neri Alonso enfatiza la importancia de la prevención y la educación en salud: conocer los factores de riesgo y actuar con rapidez ante los síntomas puede salvar vidas incluso antes de que el paciente llegue al hospital. De acuerdo con la Secretaría de Salud, modificar los factores de riesgo, como hipertensión, diabetes y malos hábitos de vida, puede reducir hasta en 80% la recurrencia de estos eventos. ]]>