Compras en internet: Una mala configuración y tus datos quedarán expuestos para los hackers

Guardar los datos de tu tarjeta en el navegador parece un atajo cómodo para comprar en línea sin perder tiempo. El problema es que esa facilidad abre puertas que muchos usuarios no ven: una sola sesión abierta, un dispositivo ajeno o un acceso indebido pueden convertir la rapidez en un punto de entrada a tu información bancaria. Entender qué ocurre cuando aceptas ese guardado y cómo retirarlo del navegador permite reducir riesgos antes de que el problema aparezca. Qué pasa cuando el navegador guarda tus datos de pago Al completar una compra en línea, el navegador ofrece almacenar el número de tarjeta, la fecha de vencimiento y la información de facturación para agilizar futuros pagos. Esos datos quedan guardados dentro de la configuración del navegador y, en muchos casos, asociados a la cuenta del usuario o al dispositivo donde se inició sesión. Ese almacenamiento implica que cualquier persona que obtenga acceso al equipo o a la cuenta sincronizada puede llegar a la información bancaria. El riesgo no se limita al equipo donde se guardaron los datos, ya que la sincronización de cuentas permite que las tarjetas queden disponibles en otros dispositivos vinculados. Cómo pueden robarse las tarjetas guardadas en el navegador Almacenadas en el navegador, las tarjetas quedan expuestas ante distintos vectores de ataque. Un equipo extraviado o robado puede dar acceso directo a los métodos de pago guardados si la sesión permanece activa o si el perfil no cuenta con un bloqueo adicional. Equipos compartidos representan otro punto de entrada cuando los perfiles del navegador no se encuentran separados de forma estricta. Redes públicas en hoteles, aeropuertos o cafeterías facilitan la captura de información cuando el autocompletado se activa en conexiones que no cuentan con cifrado HTTPS. Programas maliciosos diseñados para extraer datos del navegador pueden acceder a la información almacenada, incluso cuando se encuentra cifrada, si el sistema fue comprometido. Extensiones de navegador con permisos amplios o enlaces de suplantación de identidad permiten obtener credenciales que abren la puerta a cuentas sincronizadas. “Guardar información completa de tarjetas en el navegador sigue siendo una de las prácticas de mayor riesgo”, dijo Yegor Sak, fundador del servicio de VPN Windscribe, en entrevista con CNET, sitio especializado en tecnología. “Si un atacante logra ejecutar código en el dispositivo mediante malware o extensiones maliciosas, las llaves de descifrado quedan accesibles y los datos pueden extraerse. Con la sincronización activada, una sola credencial comprometida expone la información en todos los equipos vinculados”. Cómo eliminar las tarjetas guardadas en cada navegador Google Chrome – Abre Chrome. – Seleccionar los tres puntos en la esquina superior derecha. – Entra a Configuración. – Elige Autocompletar y contraseñas. – Acceder a Métodos de pago. – Borrar la tarjetas o deja solo las que tengan control de transacciones. Microsoft Edge – Abre Edge. – Selecciona los tres puntos en la esquina superior derecha. – Entrar a Configuración. – Accede a Contraseñas y autocompletar. – Selecciona Métodos de pago. – Elimina las tarjetas que desees cubrir. Safari (macOS) – Abrir Safari. – En la barra superior, elige safari y después configuración. – Entra a la pestaña autorrelleno. – Selecciona Editar en la opción de tarjetas de crédito. – Desbloquear el acceso con tu contraseña y borrar los datos guardados. Firefox – Abre Firefox. – Selecciona el menú en la esquina superior derecha. – Entra a configuración. – Accede a privacidad y seguridad. – Ve a la sección de autorrelleno y abrie métodos de pago guardados. – Eliminar las tarjetas registradas. Opera – Abre Opera. – Selecciona el ícono del navegador en la esquina superior izquierda. – Entra a configuración. – Accede a privacidad y seguridad. – Dirígete a autorrelleno y contraseñas. – Selecciona métodos de pago. – Borra las tarjetas registradas. Retirar la información bancaria del navegador reduce el alcance de un acceso indebido y limita el número de copias de datos sensibles en circulación. Con ello, el control de los pagos vuelve a quedar en manos del usuario y no en una sesión que puede quedar abierta en el momento menos oportuno. ]]>

Drones de cárteles mexicanos o un error del Pentágono, ¿qué pasó en el aeropuerto de El Paso, Texas?

La lucha contra los cárteles de la droga en Estados Unidos y México entró en una nueva fase luego de que el aeropuerto de El Paso, Texas, anunciara el cierre de operaciones tras haber detectado el vuelo de supuestos drones de narcos mexicanos en el espacio aéreo estadounidense . El anuncio provocó la respuesta inmediata de la presidenta Claudia Sheinbaum , quien aseguró no tener ninguna confirmación de este hecho. «Drones de cárteles mexicanos violaron el espacio aéreo de Estados Unidos», dijo un funcionario de EU a la agencia AFP, y añadió que las fuerzas estadounidenses tomaron medidas para desactivarlos. Horas antes, el gobierno de Estados Unidos había anunciado el cierre del aeropuerto de la ciudad fronteriza durante 10 días. El secretario del Transporte, Sean Duffy, admitió que hubo una amenaza que fue neutralizada, por lo que los vuelos en la terminal aérea se reanudarían el mismo miércoles. ¿Drones, rayo láses o culpa del Pentágono? La supuesta amenaza de drones en el espacio aéreo de EU y las respuestas de las autoridades levantaron sospechas sobre la veracidad de esta versión tanto por legisladores como por la prensa de ese país. La demócrata Verónica Escobar, cuya jurisdicción electoral incluye El Paso, cuestionó las explicaciones oficiales, y dijo que esa no fue la versión que recibieron en el Congreso. «La información proveniente de la administración no cuadra y no coincide con la que pude recopilar durante la noche y esta mañana», dijo la legisladora. Medios de comunicación locales reportaron posteriormente que pruebas del gobierno con tecnología antidrones, realizadas en una base aérea contigua al aeropuerto de El Paso, motivaron la decisión de cerrar toda el área a todos los vuelos civiles. CBS informó que la Administración Federal de Aviación (FAA) cerró el espacio aéreo en medio de una disputa sobre si era seguro probar esa tecnología tan cerca del aeropuerto. La Radio Pública Nacional (NPR, por sus siglas en inglés) reportó que el Departamento de Defensa desplegó la tecnología antes de que la FAA pudiera completar una evaluación de seguridad, lo que provocó el cierre repentino. The Wall Street Journal, que junto con CBS y CNN informaron que el dispositivo es un tipo de láser, señaló que el Pentágono utilizó recientemente la tecnología para derribar lo que creía que era un dron en la zona. Sin embargo, resultó ser un globo de fiesta, dijeron fuentes al diario. El Pentágono se niega a responder Impacto a las aerolíneas El Pentágono remitió las preguntas sobre el cierre a la FAA, que al anunciar que «ningún piloto podrá operar una aeronave en las áreas» cubiertas por las restricciones y advirtió sobre el uso potencial de «fuerza letal». La administración de Trump insiste en que está en guerra contra los «narcoterroristas», llevando a cabo ataques letales contra presuntos traficantes en el Caribe y el Pacífico oriental, mientras que el presidente estadounidense ha dicho en repetidas ocasiones que planea ampliar esos ataques a territorio continental. Ha intensificado la extradición de líderes de cárteles a Estados Unidos y reforzado la cooperación fronteriza en medio de amenazas arancelarias por parte de Trump, para quien frenar la migración irregular desde México fue una promesa clave de campaña. Todas las aerolíneas tuvieron que suspender sus vuelos hacia o desde El Paso, fronteriza con la mexicana Ciudad Juárez. «Esta decisión innecesaria ha causado caos y confusión en la comunidad de El Paso», criticó el alcalde de esa ciudad, Renard Johnson, en rueda de prensa. El alcalde aseguró que no hubo coordinación con las autoridades locales, y que ese tipo de decisión «no había ocurrido desde el 11 de septiembre» de 2001, cuando ocurrieron los ataques yihadistas en Estados Unidos. El aeropuerto de El Paso recibió 3.49 millones de pasajeros durante los 11 primeros meses de 2025. La FAA avisó el 16 de enero de «actividad militar» en el espacio aéreo de ciertas regiones, especialmente cerca de México y de varios países de América Central y del Sur, e instó a extremar la precaución. El aviso abarcaba un período de 60 días. ]]>

Las redes sociales no crean adicción, solo enganchan, dice el líder de Instagram

El director ejecutivo de Instagram, Adam Mosseri, rechazó el miércoles la noción de «adicción clínica» a las redes sociales, y habló en cambio de «uso problemático» durante el juicio a Google y Meta, que busca determinar si diseñaron las plataformas con el fin de causar adicción en niños. Meta (matriz de Instagram y Facebook) y YouTube (propiedad de Google) están acusadas de buscar enganchar a los usuarios más jóvenes para el lucro de las compañías y el fallo de este caso creará jurisprudencia para las decenas de procesos legales que tienen que enfrentar las redes sociales. «Es importante diferenciar entre adicción clínica y uso problemático», afirmó Mosseri cuando era interrogado por el abogado de la parte demandante, Mark Lanier. «Estoy seguro de que dije que era adicto a una serie de Netflix cuando la vi de un tirón hasta muy tarde una noche, pero no creo que sea lo mismo que una adicción clínica», añadió. Lanier impugnó de inmediato este punto al subrayar que el testigo no tenía un título en medicina ni en psicología. «Nunca he afirmado poder diagnosticar (…) la adicción», respondió Mosseri durante el intercambio. Negocio vs seguridad de los menores Mosseri dijo que a veces el uso de la palabra adicción puede referirse a algo más informal y desestimó las acusaciones en torno a las plataformas digitales. “Es algo personal, pero sí, creo que es posible usar Instagram más de lo que te conviene”, dijo Mosseri. “El exceso es relativo, es personal”. El concepto de adicción es la clave en este juicio civil, que se centra en la denuncia de una mujer de 20 años, identificada como Kaley G. M., quien afirmó haber sufrido daños mentales graves luego de volverse adicta a las redes sociales cuando era niña. En sus declaraciones iniciales, el abogado de Meta, Paul Schmidt, dijo que el deterioro del estado psicológico de la demandante se debía a problemas familiares, mientras que Mosseri, director Instagram desde 2018, rechazó ante el jurado la idea de que Meta antepusiera sus beneficios a la seguridad de sus usuarios. «Proteger a los menores a largo plazo es incluso bueno para el negocio y para las ganancias», afirmó. «Creo que es importante para las empresas, incluida la nuestra, asegurarse de que lo que fabricamos es seguro». Mosseri fue la primera figura importante de Silicon Valley en comparecer ante el jurado de doce integrantes. Está previsto que Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, comparezca el 18 de febrero, y un día después lo haga el jefe de YouTube, Neil Mohan. El debate de la adicción Lanier presentó una exhibición que detalla un intercambio de correos electrónicos de noviembre de 2019 entre ejecutivos de la compañía que debatían si prohibir los filtros digitales que pueden alterar las fotos de los rostros de las personas para que parezcan como si se hubieran sometido a cirugía plástica. Al ser confrontado con dichas cadenas de correos, Mosseri defendió la decisión de Zuckerberg de permitir los filtros, a pesar de la fuerte oposición de otros directivos, preocupados por sus efectos en las chicas jóvenes. Uno de los argumentos para mantenerlos fue que eran necesarios para no perder cuota de mercado, pues el 2020 también coincide con el inicio de la competencia con TikTok. «Intentamos ser lo más protectores (…) y lo menos censores posible», justificó Mosseri. ]]>

El zar fronterizo de Trump anuncia el fin de la operación antiinmigrante en Minneapolis

El zar fronterizo del presidente estadounidense Donald Trump, Tom Homan, que fue enviado de urgencia a Minneapolis, dijo el jueves que la operación especial contra migrantes «concluiría» pronto. Miles de agentes federales llegaron al estado de Minesota, norte, en diciembre para llevar a cabo redadas masivas contra inmigrantes irregulares. Esas operaciones provocaron la reacción de vecinos y activistas, incidentes diarios y la muerte de dos personas por disparos de agentes federales. «He propuesto, y el presidente Trump ha estado de acuerdo, que esta operación especial concluya» en el estado de Minesota (norte), dijo el funcionario en una rueda de prensa en la capital estatal, Mineápolis. «Ya se inició una reducción significativa esta semana y continuará la próxima semana» explicó. Homan sugirió que los operativos podrían tener lugar en alguna otra ciudad. «La próxima semana vamos a desplegar a los agentes que están aquí de nuevo en sus lugares de origen, o en otras zonas del país donde se los necesite. Pero vamos a seguir haciendo cumplir las leyes de inmigración», dijo. Los demócratas piden reformas en profundidad de las operaciones del servicio de migraciones y aduanas ICE, que incluyen poner fin a las patrullas móviles, prohibir que los agentes oculten su rostro y exigir órdenes judiciales. Las divergencias entre demócratas y republicanos, que deben ponerse de acuerdo sobre el presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional, podría provocar un cierre gubernamental parcial a partir de este viernes. ]]>

El SAT se impone en los tribunales y recupera 80% del dinero en disputa

El pasar de las administraciones a cargo de la Cuarta Transformación delata más juicios y dinero liberados a favor del Servicio de Administración Tributaria ( SAT ), y menos favorecedores para los contribuyentes , una tendencia que, se prevé, se mantenga este año. En 2018, último año del gobierno a cargo de Enrique Peña Nieto, el fisco ganaba el 48.5% de los juicios de última instancia, y por estos, el 73.8% del dinero en pugna; mientras que para los contribuyentes se resolvía el 41.2% a favor, que correspondía al 24.2% del dinero en contienda; esa proporción cambió con el pasar de la administración de Andrés Manuel López Obrador y el primer año de gobierno a cargo de Claudia Sheinbaum. Al cierre de 2025 , el fisco ganó el 55.5% de los procesos definitivos , recuperando el 80% de los recursos en disputa , lo que representó cerca de 200,000 millones de pesos . En tanto, los contribuyentes ganaron el 32.9% de los juicios, con lo que recuperaron apenas el 17.4% del dinero total en pugna, detalla información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ( SHCP ). La política de la Cuarta Transformación en materia de impuestos es más estricta; inició con la cancelación de condonaciones a grandes grupos empresariales, a través de un decreto publicado el 20 de mayo de 2019. A la par, se fortaleció la realización de auditorías de ejercicios fiscales anteriores para determinar créditos fiscales. Quienes no han estado conformes se han ido a juicio librando batallas que han terminado con la resolución a favor del fisco por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como sucedió recientemente por el caso de las deudas fiscales de las empresas de Ricardo Salinas Pliego. El mayor porcentaje de juicios ganados por la autoridad fiscal también refleja la implementación del Plan Maestro del SAT, que inició en 2019, y que año tras año ha reforzado los tiros de precisión de la autoridad, con implementación de tecnología e IA, para la fiscalización de recursos a través de auditorías. También una mayor capacitación a sus abogados y experiencia, explicó Luis Pérez de Acha, socio fundador y director del despacho Pérez de Acha e Ibarra Rueda. “Es una realidad que el fisco cada vez se defiende mejor, en otra época, el porcentaje de éxito de los contribuyentes era mucho mayor, porque el fisco no tenía buenos equipos de defensa, eso con el tiempo se ha ido revirtiendo, porque cada vez se preparan más, cada vez litigan los asuntos de una manera como se litiga del lado de la iniciativa privada. Antes era muy burocrática la forma en que ellos litigaban, dejaban que los asuntos se condujeran casi solos; ahora no, ahora tienen mucha presencia en tribunales, visitando jueces, magistrados, y ministros, como lo hacemos los particulares cuando litigamos cualquier asunto”, explicó Pablo Puga Vértiz, integrante de la Comisión Fiscal Nacional del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP). Cifras de Hacienda detallan que por cada juicio ganado en 2018, la autoridad recuperaba 12.8 millones de pesos, mientras que en 2025 recuperó 23.5 millones por cada juicio a favor, es decir, 45.5% más en siete años. Permanecerá la tendencia La tendencia pinta a mantenerse, al menos hasta que termine este sexenio, derivado de un Poder Judicial más sesgado con el gobierno, y reformas que aplicarán este 2026 para reforzar la lucha anti-lavado, evasión y elusión fiscal, especialmente por la simulación de operaciones para emitir facturas consideradas falsas. “Con todo el proceso de la reforma al Poder Judicial, pues prácticamente el gobierno se apoderó, valga la expresión, del Poder Judicial, por las formas en las que designaron a los candidatos para ocupar los puestos de los jueces, magistrados y ministros. El que ahora esté en manos de ese Poder Judicial, la justicia tributaria, pues se ve como algo muy peligroso”, comentó Puga Vértiz. El especialista del IMCP explicó que las cifras aún no se ven del todo influidas porque es muy reciente la nueva configuración del Poder Judicial, pero es un hecho que se ha visto en el Tribunal de Justicia Administrativa (segunda instancia) y Poder Judicial (resolución definitiva) una presión por fallar a favor del SAT. Adiós esperanza En tanto, se desdibuja la esperanza de ganar litigios de los contribuyentes. “Pensar en litigio fiscal más adelante son apuestas muy duras, todos los asuntos fiscales que lleguen a la Corte se ven difíciles de ganar. Ahí tenemos el caso de Salinas Pliego, pero hay muchos otros casos que han llegado a Corte. Para desenredarse, los tribunales colegiados están mandando los casos (especialmente mayores a los 1,000 millones de pesos), para que los resuelva el Poder Judicial”, explicó Pérez de Acha. Cabe destacar, que con las reformas que aplican a partir de 2026 al Código Fiscal de la Federación, cuando el fisco determine un crédito fiscal a un contribuyente, este tendrá dos alternativas: pagar o impugnar, y para impugnar el contribuyente tendrá que depositar el importe de ese crédito fiscal, a través de un billete de depósito en el Banco del Bienestar. Además de que ya no hay opción de elegir entre una fianza, una carta de crédito o un embargo. “El que te obliguen a pagar lo que te están determinando, sin que todavía no exista una resolución que concluya que ese crédito es correcto o incorrecto, es casi casi equivalente a que te estén eliminando la presunción de inocencia”, comentó Puga Vértiz. En tanto, el potencial recaudatorio por dinero en disputa aún es grande. Cifras de la SHCP al cierre de 2025 refieren que existían 203,221 créditos fiscales controvertidos, es decir, que contaban con medios de defensa y por lo cual no pueden ser objeto de acciones de cobro; el monto por estos créditos en pugna rebasan los dos billones de pesos. ]]>

Pemex presume cifras, pero sus datos lo desmienten

Este jueves, Mónica Alfaro y Diana Gante comentan que el director general de Pemex dio a conocer que durante el año pasado, procesó 1.5 millones de barriles de petróleo crudo por día, pero la presentación que usó y las propias estadísticas de la petrolera muestran que apenas alcanzó un millón 276,000 barriles diarios. Además, te dicen todo lo que debes saber sobre: – El T-MEC sostiene a Arizona; 85.7% de las empresas teme un escenario sin el acuerdo – ¿EU puede emitir sanciones contra los partidos políticos por nexos con el crimen organizado? – El 48% de los expertos en ciberseguridad navega a ciegas ante la IA – Los carpinteros y los electricistas están entre los mejor pagados con el despunte de la infraestructura ]]>

2030–2040, el quiebre del modelo económico

Para 2030, distintos análisis internacionales estiman que alrededor del 30% de las horas trabajadas podrían estar automatizadas y que cerca del 40% de los empleos experimentarán una transformación significativa por efecto de la Inteligencia Artificial (IA). Hacia 2040, la exposición podría superar la mitad del mercado laboral, no necesariamente como desaparición neta de puestos, sino como una reconfiguración profunda de tareas, habilidades y formas de ingreso. La tecnología desplazó al trabajo humano y rompió el contrato económico Entre 2030 y 2040 no vamos a vivir una crisis económica más. Vamos a presenciar algo distinto y profundo: el agotamiento del modelo que, durante siglos, vinculó el trabajo humano, el ingreso y la estabilidad social. Esto no es una especulación, una predicción ni futurismo. Tampoco se trata de una visión alarmista, sino de una lectura directa de lo que ya está ocurriendo y de la velocidad a la que avanza. Estamos frente a un cambio total de modelo, sin precedentes históricos claros. No importa si habrá robots humanoides ni qué tareas específicas serán sustituidas. El punto central no es la forma de la tecnología, sino su impacto estructural. Por primera vez, la economía empezará a funcionar sin necesitar al ser humano como factor productivo principal. La IA no es solo una herramienta que aumenta la productividad. Es la primera tecnología capaz de producir bienes y servicios a gran escala sin requerir trabajo humano en muchas etapas clave del proceso. Este fenómeno ya no se limita a fábricas o líneas de ensamblaje. Está ocurriendo en oficinas, centros de análisis, áreas creativas, logística, atención al cliente y toma de decisiones operativas. Y ocurre rápido. En una década, el panorama será completamente distinto. Este cambio no pertenece a un futuro lejano. Está ocurriendo dentro del horizonte de una generación viva hoy. Y cuando un sistema económico pierde su eje principal —el trabajo como fuente de ingreso y de identidad— entra en una zona para la que no existen precedentes claros. Aquí conviene recuperar una palabra antigua, no en su sentido religioso, sino conceptual: apocalipsis. En su significado original, apocalipsis no implica destrucción, sino revelación. Es el momento en que un orden queda expuesto como incapaz de sostenerse tal como está. Eso es lo que empieza a revelarse en la economía global. Un sistema económico que deja de ser socialmente viable El problema central es incómodo, pero fácil de entender. Si la automatización elimina gran parte del empleo y reduce las horas-hombre, el ingreso laboral se contrae. Cuando eso ocurre, la base del consumo se debilita. Y sin consumo, no hay estabilidad económica posible. No hay sistema, no hay continuidad del juego económico. Lo que podríamos ver es una economía capaz de producir abundancia con muy poco trabajo humano, pero con menos personas recibiendo salarios suficientes para sostener la demanda. Se produce más, pero el ingreso que permite comprarlo se concentra o se reduce. Aquí aparece el núcleo del apocalipsis económico: un sistema que puede producir sin personas, pero no puede sostenerse sin compradores. La tecnología garantiza abundancia y eficiencia, pero deja sin resolver el mecanismo básico que mantiene viva a la economía: quién paga y con qué ingreso. Algunos confían en que la deflación resolverá el problema. Si los bienes se vuelven muy baratos gracias a la enorme productividad, incluso ingresos bajos alcanzarían. El riesgo es que la deflación prolongada tiende a destruir incentivos, inversión y sistemas financieros completos. Otros sostienen que el mercado se ajustará por sí solo. Sin embargo, la historia muestra que ese camino, cuando se recorre sin amortiguadores sociales, suele terminar en conflicto y rupturas institucionales, no por ideología, sino por presión social acumulada. Va a cambiar cuánto trabajas, cuánto ganas y por qué trabajas La década de las decisiones económicas La salida no está en cambiar de etiqueta al sistema, sino en rediseñar sus reglas. Lo que empieza a perfilarse, y probablemente veremos entre 2030 y 2045, es un esquema adaptado a una economía donde el trabajo ya no ocupa el mismo lugar. La reducción drástica de la jornada laboral parece inevitable. Impuestos a la automatización extrema podrían convertirse en una opción. Mecanismos de ingreso base y servicios esenciales garantizados dejarán de ser ideas marginales para volverse herramientas de estabilidad. El mercado laboral será más pequeño, pero el trabajo restante tendrá que ser mejor pagado y enfocado en tareas genuinamente humanas. Nada de esto ocurrirá como un acto de altruismo. Ocurrirá como condición mínima para evitar el colapso social. El problema ya no es la tecnología, sino cómo se reorganiza la vida cuando el trabajo deja de ordenar el ingreso, el tiempo y la identidad. Para muchas personas esto no es futuro: ya trabajan menos horas, con ingresos más inestables y trayectorias cada vez menos claras. La discusión que viene no será sobre tecnología, sino sobre gobernanza económica. Cómo se redefine el ingreso, cómo se sostiene la demanda y qué reglas permiten estabilidad en un contexto donde el trabajo ya no cumple el mismo rol. La próxima década será un periodo de decisiones, no de certezas. Empresas y gobiernos que entiendan esta transición como un problema de diseño —y no como una anomalía pasajera— tendrán margen de maniobra. Los que no, operarán en reacción permanente. El cambio ya está en marcha. La diferencia la marcará quién empiece a adaptarse antes de que el ajuste deje de ser una opción. _____ Nota del editor: Iván Franco es fundador y director de la consultora de inteligencia competitiva Triplethree International. Síguelo en X como @IvanFranco555 y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

La burbuja de la Inteligencia Artificial, entre la revolución y la especulación

Definitivamente estamos frente a una de las disrupciones tecnológicas más importantes en la historia de la humanidad. La Inteligencia Artificial (IA) ya no es una promesa futura: está aquí, se usa todos los días y está transformando la manera en la que trabajamos, consumimos y tomamos decisiones. Sin embargo, junto con este avance legítimo, comienza a instalarse una sensación incómoda: ¿no estaremos sobrevaluando y sobrestimando lo que la IA realmente puede hacer hoy? En otras palabras, ¿estamos frente a una burbuja? “IA” es un acrónimo que se repite cada vez más en conversaciones cotidianas, en medios de comunicación, en los pasillos de las empresas, en redes sociales e incluso en reuniones familiares. Pero, conforme se normaliza el término, otra palabra empieza a acompañarlo con mayor frecuencia: burbuja . La pregunta es inevitable: ¿en qué punto nos encontramos?, ¿estamos frente a la innovación que lo está cambiando todo o estamos inflando expectativas (incluidas las financieras) que no necesariamente se materializarán en el corto plazo? Conviene empezar desde la base. En términos financieros, una burbuja ocurre cuando el precio de un activo crece mucho más rápido que su valor real, impulsado por expectativas, emociones y especulación, más que por fundamentos sólidos. No significa que el activo no valga nada; significa que se le está exigiendo que sea perfecto… demasiado pronto. Este punto es clave. La existencia de una burbuja no implica que la tecnología sea falsa o inútil . Implica que el mercado puede estar exagerando el ritmo, el tamaño o el momento en el que los beneficios llegarán. Y esto no sería la primera vez que ocurre. Basta recordar lo sucedido a finales de los años 90. Internet estaba cambiando al mundo. Cualquier empresa que incluyera “.com” en su nombre lograba levantar millones de dólares. Muchas no tenían ingresos; algunas ni siquiera contaban con un modelo de negocio claro. En el año 2000, la burbuja explotó: el Nasdaq cayó cerca de 80% y miles de empresas desaparecieron. Pero aquí está el matiz importante: Internet no desapareció . Al contrario, se volvió indispensable. Amazon sobrevivió. Google nació en medio del caos. La burbuja explotó, pero la revolución se quedó. No es un dato menor que, hoy, esas mismas empresas lideren el auge de la IA. Entonces, ¿qué está ocurriendo actualmente con la IA? Desde la perspectiva financiera, es evidente que vivimos un periodo de euforia. Empresas como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Meta han visto crecer su valor de mercado de manera extraordinaria. Nvidia, por ejemplo, ha llegado a ser por momentos la empresa más valiosa del mundo, impulsada por la demanda de chips especializados para IA. Los mercados están apostando a una idea muy clara: la IA va a cambiarlo todo, y además lo hará rápido. Cuando los mercados creen eso, ocurre algo peligroso: empiezan a descontar hoy ganancias que todavía no existen . Muchas empresas están siendo valuadas como si la IA ya hubiera transformado por completo la productividad, los costos y los ingresos, cuando en realidad ese impacto aún está en construcción. Aquí se encuentra el corazón del debate: expectativas versus realidad . La IA es impresionante, sin duda. Chatbots, generación de texto e imágenes, análisis de datos, automatización de procesos. Pero también existe una realidad menos glamorosa: es costosa de operar, consume enormes cantidades de energía, requiere infraestructura compleja y, en muchos casos, todavía no genera utilidades claras. De hecho, numerosas empresas están invirtiendo miles de millones de dólares en IA sin contar aún con un modelo de negocio rentable. El mito es pensar que “la IA ya está generando valor financiero masivo en todas las empresas” . La realidad es que, en la mayoría de los casos, todavía no . Muchas organizaciones adoptan soluciones de IA más por miedo a quedarse fuera de la tendencia que por beneficios comprobados. Ahora bien, tampoco se trata de caer en el extremo opuesto. A diferencia de la burbuja punto com, hoy los protagonistas no son startups frágiles, sino empresas gigantes, rentables y con flujos de efectivo reales. No están apostando su supervivencia a la IA; están financiando su desarrollo con investigación seria y con recursos propios. Esto hace que esta burbuja —si lo es— sea menos frágil, aunque no por ello menos riesgosa. El verdadero riesgo, a mi juicio, es creer que el crecimiento será inmediato. El mayor error financiero no es creer en la IA; el mayor error es asumir que todo ocurrirá al mismo tiempo y sin tropiezos. La historia nos muestra que las revoluciones tecnológicas tardan más de lo esperado y que los beneficios reales suelen llegar después del “hype”. La IA ya está transformando —y seguirá transformando— industrias enteras como las finanzas, la educación, la salud, la logística o el marketing. Pero no necesariamente mañana ni al ritmo que hoy descuentan los precios de las acciones. La burbuja no niega la revolución. Solo nos recuerda que los mercados suelen emocionarse más rápido que la realidad. _____ Nota del editor: Francisco Orozco es profesor de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

El futuro del trabajo no se decide en la oficina, sino en el liderazgo

En los últimos meses, el debate sobre el futuro del trabajo en México ha estado dominado por una pregunta aparentemente simple: ¿debemos o no volver a la oficina? A pesar de la intensidad de las opiniones, esta discusión casi siempre se queda en la superficie. El verdadero tema no es el lugar donde se trabaja, sino el modelo de liderazgo que sostiene a las organizaciones. El trabajo remoto no surgió como una experiencia ideológica, sino como una necesidad. Aun así, terminó funcionando como una prueba inesperada de la madurez de las organizaciones. No por razones tecnológicas —esas están resueltas desde hace mucho tiempo—, sino porque el trabajo a distancia expuso algo más incómodo: la diferencia entre liderar con base en la confianza y liderar con base en el control. Sin presencia física, sin horarios visibles y sin vigilancia formal, el modelo remoto obliga a una elección clara. O se apuesta por la microgestión, intentando recrear a distancia mecanismos de control del pasado, o se confía. Y la confianza, en este contexto, no es un concepto abstracto o emocional. Es profundamente concreta: significa dar autonomía, delegar decisiones y aceptar que responsabilidad y libertad caminan juntas. Es aquí donde muchas organizaciones se sienten incómodas. En muchos casos, el llamado al regreso a la oficina en empresas mexicanas no nace de una preocupación genuina por la cultura o la colaboración, sino de la necesidad de preservar mecanismos de control profundamente arraigados en estructuras jerárquicas tradicionales. Por el contrario, las organizaciones que confían en sus equipos logran funcionar de forma remota o híbrida, porque ya operan bajo un modelo más maduro, donde el foco está en el impacto generado y no en la presencia física. Este debate adquiere una nueva dimensión con la entrada acelerada de la Inteligencia Artificial (IA) en el mundo del trabajo. Cada vez se habla más de “superagency”: la idea de que la IA crea más valor cuando amplifica la capacidad humana, en lugar de sustituirla. Pero esa amplificación sólo ocurre en contextos donde las personas tienen espacio para decidir, interpretar y actuar. La IA no corrige problemas de liderazgo; solo los hace más visibles. La misma lógica aparece en análisis que describen a la IA como un factor de reorganización del trabajo, creando oportunidades para una mayor flexibilidad, creatividad y colaboración. Nada de esto funciona en culturas excesivamente jerárquicas o basadas en la vigilancia. La tecnología puede automatizar tareas, pero no compensa la ausencia de confianza. La historia del trabajo es, de hecho, una historia de adaptación. Cada vez que surge una nueva tecnología, prosperan no quienes intentan frenar el cambio, sino quienes aprenden a trabajar mejor con ella. Y aprender exige autonomía. Exige margen para experimentar, equivocarse, ajustar y decidir. El riesgo, por lo tanto, no está en la IA. Está en la forma en que las organizaciones eligen utilizarla. Los liderazgos maduros usan la IA para crecer, decidir mejor y aumentar el impacto colectivo. Los liderazgos defensivos tienden a utilizarla para vigilar, medir de forma obsesiva y reforzar modelos de control que ya estaban agotados antes de que la tecnología llegara. El verdadero debate no es remoto versus presencial, ni humano versus tecnología. Es liderazgo maduro versus liderazgo defensivo. La confianza no es ausencia de control. Es la transferencia consciente del poder de decisión. Delegar no es perder autoridad: es multiplicar la capacidad. El futuro del trabajo en México pasa menos por la decisión de dónde deben estar sentadas las personas y más por la respuesta a una pregunta simple y exigente: ¿hasta qué punto confiamos en ellas para pensar, decidir y crear valor? En un mundo cada vez más mediado por la IA, esta elección dejó de ser sólo cultural. Se volvió estratégica. _____ Nota del editor: Joana Carravilla es Partner & Managing Director para Iberia y Latinoamérica en Elife Group y Buzzmonitor. Cuenta con más de 20 años de experiencia en comunicación, transformación digital y liderazgo, con un enfoque en estrategia digital, inteligencia basada en datos, inteligencia artificial y experiencia del cliente. Síguela en LinkedIn. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>

Cuando el irrespeto es la nueva normalidad

Durante mucho tiempo asumimos que el mundo corporativo jugaba con reglas distintas a las de la política. Que, más allá de ideologías o ciclos electorales, las empresas operaban bajo ciertos consensos básicos: profesionalismo, respeto institucional y una lógica de diálogo orientada a construir valor. Hoy, esa frontera corre el riesgo de diluirse de forma preocupante. Vivimos un momento en el que el insulto, la descalificación pública y la agresión verbal se han normalizado en la esfera política, incluso desde los niveles más altos de poder. Cuando desde la silla más influyente del mundo se trivializa el desprecio, no solo se erosiona el debate público: se redefine qué comportamientos parecen aceptables para liderar. Y ese mensaje no se queda en la política. Permea. En 2017, al recibir el Globo de Oro, Meryl Streep lanzó una advertencia que hoy resulta inquietantemente vigente: “El irrespeto invita al irrespeto, la violencia incita a la violencia. Y cuando los poderosos usan su posición para intimidar a otros, todos perdemos”. Más allá del contexto cultural, su mensaje apuntaba a algo estructural: el poder no solo decide, también educa. Marca el tono. Define los límites de lo tolerable. El riesgo para el mundo corporativo no está en adoptar una retórica más dura o un estilo más directo. El riesgo real es confundir firmeza con agresión, liderazgo con intimidación y exigencia con desprecio. Cuando eso ocurre, el problema deja de ser de formas y se convierte en uno de fondo. Porque las organizaciones no sólo producen resultados, producen cultura. Y la cultura se construye, sobre todo, desde el ejemplo de quienes lideran. Cuando el irrespeto se vuelve método, las consecuencias son profundas. El miedo reemplaza a la conversación. La obediencia sustituye al criterio. La creatividad se retrae. Las personas dejan de cuestionar, de proponer, de arriesgar. No porque no tengan ideas, sino porque el entorno castiga el error y penaliza la discrepancia. A corto plazo puede parecer eficaz; a medio plazo, es letal para la innovación, la reputación y la sostenibilidad del negocio. Aquí es donde cobra relevancia una idea que hoy resulta más necesaria que nunca: el humanismo corporativo. No como un discurso blando ni como un gesto cosmético, sino como una convicción estratégica. Humanismo entendido como la capacidad de ejercer poder sin deshumanizar. De tomar decisiones difíciles sin degradar al otro. De exigir resultados sin erosionar la dignidad de las personas. Conviene aclararlo: apostar por el humanismo no implica renunciar a la autoridad ni aceptar el abuso pasivamente. No se trata de “poner la otra mejilla” ni de tolerar la falta de respeto. Se trata de algo más exigente: elevar el estándar del liderazgo. Marcar límites claros, confrontar cuando es necesario y defender posiciones con firmeza, pero sin cruzar la línea que convierte al otro en un adversario a aplastar en lugar de un interlocutor a convencer. En un entorno global marcado por la polarización, las empresas tienen una responsabilidad que va más allá de sus balances. Son espacios donde se modelan comportamientos, se legitiman discursos y se construyen referencias culturales. Si el mundo político normaliza el grito, el mundo corporativo debe decidir conscientemente si quiere replicarlo o hacer contrapeso. La pregunta de fondo no es si el respeto “funciona” en términos de eficacia inmediata. La pregunta es qué tipo de liderazgo queremos legitimar y qué tipo de organizaciones queremos construir. Porque el poder ejercido desde la intimidación puede imponer silencio, pero difícilmente genera compromiso. Y sin compromiso, no hay transformación real. Cuando el irrespeto se normaliza desde arriba, resistirlo no es un gesto ingenuo ni una postura moralizante. Es una decisión estratégica. Porque, como advirtió Streep, cuando quienes tienen poder lo usan para intimidar, todos perdemos. También las empresas. También los equipos. También el futuro que decimos querer construir. ____ Nota del editor: David González Natal es Socio y Director General LATAM Norte en LLYC. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>