La mezcla mexicana supera los 100 dólares por barril y bolsas abren mixtas
Los precios del petróleo repuntan con fuerza este miércoles y vuelven a colocarse por encima de los 100 dólares por barril, en medio de la persistente tensión geopolítica en Medio Oriente. La mezcla mexicana se ubica en 101.77 dólares por barril, mientras que el WTI sube 5.03% a 104.96 dólares y el Brent avanza 5.21% a 109.84 dólares, impulsados por la falta de una solución en el Estrecho de Ormuz. Estados Unidos indicó que mantendrá el bloqueo naval sobre los puertos iraníes, en un intento por frenar las exportaciones de petróleo de Teherán y presionarlo para que regrese a la mesa de negociación. Bolsas abren con cautela El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró el martes que Irán se encuentra en un “estado de colapso”. Posteriormente, su secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que la campaña de “máxima presión” de Washington ha acelerado la inflación en ese país y que sus capacidades de almacenamiento de crudo están llegando al límite, lo que pronto obligaría a recortar la producción. En paralelo, el rial iraní se ha depreciado de forma significativa en los últimos dos días, de acuerdo con el sitio bonbast.com, que monitorea su valor en el mercado paralelo, lo que apunta a una creciente presión sobre la economía del país. En este contexto, la Bolsa de Nueva York inició la jornada con caídas moderadas, en espera de la decisión de política monetaria de la Reserva Federal y de una batería de resultados tecnológicos. El Dow Jones cede 0.02%, el Nasdaq retrocede 0.23% y el S&P 500 baja 0.04%. Por su parte, l a Bolsa Mexicana de Valores opera prácticamente sin cambios . El S&P/BMV IPC cae 0.01% a 67,259.39 puntos, en línea con el comportamiento mixto de los mercados globales. A pesar de la debilidad inicial, el mercado mantiene un sesgo de cautela con cierto apetito por riesgo en tecnología, donde los inversionistas compran en las caídas ante los reportes de Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta, que serán clave para definir la continuidad del rally. La atención se centra en la Reserva Federal, donde se anticipa que la tasa de fondos federales se mantenga sin cambios en un rango de 3.50% a 3.75%. El mercado estará particularmente atento al mensaje de Jerome Powell para evaluar el rumbo de la política monetaria en 2026. En el frente económico, las órdenes de bienes duraderos en Estados Unidos crecieron 0.8% mensual en marzo, superando las expectativas, mientras que en Alemania la inflación preliminar se desaceleró a 0.6% mensual en abril, por debajo de lo previsto. En el mercado cambiario, el peso mexicano muestra una depreciación de 0.02% y cotiza en 17.40 unidades por dólar, afectado por la fortaleza del dólar, que avanza 0.07%, y la cautela de los inversionistas ante la Fed. ]]>
El Canal de Panama es el nuevo centro de pelea entre Estados Unidos y China
Estados Unidos encabezó un grupo de países de la región que piden respaldar a Panamá en una disputa con China por el canal, y asegura que las acciones de Pekín son una amenaza para todos. Washington, que ya se había pronunciado con firmeza sobre este asunto, lideró una declaración conjunta de países de la región, en su mayoría con gobiernos de derecha: Bolivia, Costa Rica, Guyana, Paraguay y Trinidad y Tobago. ¿Quién controla el Canal de Panamá? Las acciones de China «son un intento flagrante de politizar el comercio marítimo e infringen la soberanía de las naciones de nuestro hemisferio», dice un comunicado difundido por el Departamento de Estado de Estados Unidos. «Panamá es un pilar de nuestro sistema de comercio marítimo, y como tal debe permanecer libre de cualquier presión externa indebida», agregó. «Cualquier intento de socavar la soberanía de Panamá es una amenaza contra todos nosotros», se lee en el comunicado. Panamá tomó control de dos puertos que antes eran operados por un conglomerado con sede en Hong Kong en este paso crucial para el comercio mundial, tras una decisión de la Corte Suprema en enero. Consultado el miércoles a propósito, Lin Jian, un portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores, denunció ante la prensa las declaraciones según él «totalmente infundadas» de Estados Unidos. Esta vía es vital para el comercio mundial, facilitando cerca del 6% del intercambio marítimo global y conectando 180 países. Es el motor económico de Panamá (aporta cerca del 7% del PIB) y clave para la logística global, con un valor de mercancías que supera los 600,000 millones de dólares cada año. «¿Quién codicia el canal de Panamá y trata de convertir esta vía navegable internacional, que debería ser neutral en todo momento, en su propio canal privado? ¿Y quién desprecia la soberanía de los países de la región? Creo que la respuesta está clara», dijo refiriéndose a Washington. Estados Unidos, «con una hipocresía desconcertante, siembra rumores y calumnia a diestro y siniestro», agregó el portavoz, que pidió a los países firmantes de la declaración a «no dejarse cegar o utilizar por fuerzas malévolas». El mes pasado, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, denunció a China por la supuesta retención de dos barcos de bandera panameña en retaliación por la sentencia de la Corte. China amenazó a Panamá con represalias pero negó la detención de los barcos, y dijo que los comentarios de Washington fueron «infundados». Trump regresó al poder el año pasado y prometió recuperar el control estadounidense del Canal de Panamá. ]]>
Javier Aguirre revela a los primeros convocados para el Mundial
Este miércoles, Eréndira Reyes y Patricia Tapia cuentan que Javier Aguirre presentó la primera lista rumbo al Mundial 2026. Entre los convocados están 12 futbolistas considerados para sostener la estructura del equipo en la Copa del Mundo y 8 como apuestas para el siguiente ciclo, aunque faltan los que juegan en el extranjero. También cuentan todo lo que debes saber sobre otros temas: – Inversión china en México se enfría y registra una caída de 80% ante la cautela por el T-MEC – El tope al diésel frena importaciones y obliga a racionalizar consumo – Banxico perfila un último recorte antes de cerrar ciclo de bajas – Netflix vende atención: su publicidad logra 84% de visualización efectiva ]]>
El arte de dirigir en la era de la Inteligencia Artificial
Hoy, en plena consolidación de la Inteligencia Artificial (IA) en las organizaciones, las empresas mexicanas enfrentan un reto que no es tecnológico, sino de liderazgo. Esta discusión no es nueva. En diciembre de 2017, el Foro Económico Mundial publicó un artículo provocador: » Is the era of management over ?” (¿Se acabó la era del management ? ). Su argumento principal desafiaba la idea del management basado en planificar, asignar, supervisar y controlar, para proponer un enfoque en las dimensiones creativas de la gestión. Dado que el trabajo creativo no admite control, el principal desafío de los directivos sería dar contexto a equipos autónomos de alto desempeño. Pero en 2026 es una realidad, salvo que estos equipos ahora son híbridos: están formados por humanos y agentes de IA. La brecha no es tecnológica, sino de liderazgo El desafío de la adopción en América Latina Un estudio reciente de McKinsey revela que el 88% de las organizaciones utiliza IA en al menos una función de negocio. No obstante, el dato relevante es otro: de 25 atributos organizacionales analizados, el que más impacta en el EBIT no es la sofisticación de los algoritmos ni el volumen de inversión, sino el rediseño de los flujos de trabajo. Un estudio de Boston Consulting Group halló que la mayor parte del valor de la IA (70%) proviene del componente humano. Las empresas que realmente capturan valor con IA tienen retornos al accionista hasta cuatro veces superiores a los de las rezagadas. No gana quien tiene la mejor tecnología, sino quien mejor rediseña la forma de trabajar. Este es precisamente el punto donde muchas empresas en México están fallando. Anthropic, la empresa detrás de la herramienta de IA generativa Claude.ia , aporta una perspectiva adicional. Utilizando datos de uso de sus propios ingenieros, descubrió que los profesionales asistidos por IA se vuelven más generalistas y autónomos, capaces de abordar tareas fuera de su expertise habitual. Si cada profesional puede hacer más por sí mismo, ¿qué le queda al directivo que solía asignar tareas y supervisar entregas? La respuesta no es que el directivo desaparece, el directivo se debe transformar. El problema es que en muchas empresas mexicanas este cambio aún no ocurre, a pesar de que ya están invirtiendo en IA. Cada vez hay más consenso en que escalar la IA no es una historia de tecnología, sino de rediseño organizacional y confianza cultural, como se reconoció en la última Industry Strategy Meeting del WEF en Múnich. La estrategia no puede ser planificar a cinco años cuando las reglas cambian cada trimestre. El alineamiento ya no se logra con cascadas de objetivos cuando los equipos se autoconfiguran. Y la ejecución -la parte que más supervisión requería- es la que la IA absorbe con mayor rapidez. La IA no es oportunidad ni amenaza, es una paradoja y, por ende, una tensión permanente. La paradoja de las paradojas es que estas no se resuelven, sino que se gestionan. Esa es, en mi opinión, la competencia central y más urgente del liderazgo en esta era: dejar de pensar con una lógica “ either/or ” para comenzar a pensar en términos “ both/and ”, donde ambas -oportunidad y amenaza- coexisten. Nuestra región, donde domina un estilo de dirección profundamente jerárquico, muestra el mayor rezago en la adopción avanzada de IA. México no es la excepción y refleja de forma clara estas limitaciones. La ventana para dar el salto, no solo tecnológico sino organizacional, todavía está abierta, pero se va a cerrar rápidamente. Mantenerse en la ola requiere de directivos cuyo rol ya no es controlar la ejecución, sino diseñar los marcos -contexto, cultura, incentivos y arquitectura de decisiones- dentro de los cuales los equipos autónomos, asistidos por IA, generen valor. La conversación se queda corta cuando se limita al presente. A mi juicio, no somos capaces de imaginar cómo será el 2030 porque la velocidad del cambio ha superado nuestra capacidad de proyección lineal. Lo que vimos en 2025 y lo que estamos viviendo en 2026 no es el cambio, es solo el prólogo. Las transformaciones radicales que nos esperan en los próximos dos años -en la forma de trabajar, decidir, competir y formar talento- solo serán un atisbo de la magnitud de lo que viene. Quienes piensen que la IA es un tema de tecnología, o que el cambio organizacional puede esperar a que «la tecnología madure», cometen un error. El arte de dirigir necesita repensarse de raíz. El futuro no se predice, se navega; pero para navegarlo, hay que aceptar que el mapa que teníamos ya no sirve. Para los directivos en México, esto implica una decisión inmediata: dejar de pensar en la IA como una herramienta y comenzar a rediseñar la organización alrededor de ella. No hacerlo no es una postura neutral, es una desventaja competitiva. ____ Nota del editor: Horacio Arredondo es Decano de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
El valor de la excelencia en la era de la inmediatez
De manera casi generalizada, hoy la sensación en muchas organizaciones es la misma: no es que las cosas vayan rápido, es que pasan todas a la vez… y ninguna admite espera. La geopolítica reconfigura mercados en cuestión de semanas, la presión económica obliga a ajustar decisiones constantemente, la polarización tensiona cualquier posicionamiento y la Inteligencia Artificial acelera los tiempos hasta niveles que hace poco parecían impensables. En ese contexto, reaccionar rápido se ha convertido en una condición casi obligatoria para mantenerse competitivo. El problema aparece cuando la velocidad deja de ser una capacidad y empieza a convertirse en el único criterio. En entornos de alta presión, la urgencia se instala como lógica dominante. No necesariamente porque falte talento o rigor, sino porque la sensación de que detenerse implica quedarse atrás termina empujando a resolver antes de comprender, a ejecutar antes de definir y a priorizar salir sobre salir bien. Así, lo que empieza como una adaptación razonable al contexto acaba transformándose en una forma de operar. Y ahí es donde se genera una tensión que muchas organizaciones están empezando a sentir, pero no siempre a nombrar: la que existe entre la inmediatez y la excelencia. Durante los últimos años hemos construido culturas que valoran la agilidad, la rapidez de respuesta y la capacidad de adaptación. Y con razón. Pero cuando esa lógica se lleva al extremo, empieza a instalarse una idea peligrosa: que “lo suficientemente bueno” es la norma. Que si algo funciona en el corto plazo, ya habrá tiempo para mejorarlo después. Que el detalle puede esperar. El problema es que rara vez ocurre. La excelencia no desaparece de golpe. Se diluye cuando deja de ser el estándar y pasa a ser una aspiración secundaria. La forma se descuida porque lo importante es llegar, el fondo se simplifica porque no hay tiempo, el criterio se relaja porque la urgencia lo justifica. No es una decisión explícita, es una acumulación de pequeñas concesiones que, con el tiempo, terminan afectando la consistencia. A partir de ahí, la conversación deja de ser interna y se vuelve mucho más concreta: tiene que ver con lo que entregamos. Con la calidad real de lo que ponemos en el mercado, con cómo pensamos, construimos y realizamos nuestro trabajo en un entorno que premia la velocidad. Porque en tiempos complejos, la excelencia no se sostiene por inercia. Se construye con decisiones muy específicas. La primera es el foco. En un contexto donde de urgencia, intentar responder a todo suele ser la forma más rápida de diluir la calidad. Elegir en qué batallas vale la pena invertir tiempo, profundidad y criterio no es una limitación, es una condición para hacer las cosas bien. Sin foco, la excelencia se fragmenta; con foco, se vuelve alcanzable. La segunda tiene que ver con integrar miradas. La presión por avanzar rápido tiende a simplificar los procesos y a reducir las perspectivas. Pero los problemas complejos no se resuelven desde una sola disciplina ni desde una sola lógica. Incorporar puntos de vista distintos no ralentiza el trabajo, lo fortalece. La excelencia, en este sentido, no es lineal, es el resultado de contrastar, cuestionar y enriquecer. Y la tercera, quizás la más difícil de sostener hoy, es la revisión. Darse tiempo entre una versión y otra, dejar reposar una idea, volver sobre lo construido con otra mirada. En una cultura de multitasking permanente, donde todo ocurre en paralelo y sin pausa, revisar puede parecer un lujo. Pero en realidad es lo que separa una buena ejecución de una sólida. Ni la hiperactividad ni la fragmentación ayudan a hacer mejor el trabajo; muchas veces solo aceleran errores que después son más costosos de corregir. En todos estos puntos, la Inteligencia Artificial puede ser una gran aliada, pero no un sustituto del criterio. Bien utilizada, permite acelerar procesos, enriquecer análisis y ampliar perspectivas. Pero la calidad final, la coherencia, el enfoque, el juicio; sigue necesitando de la intervención humana. La tecnología puede ayudar a llegar más rápido, la excelencia sigue exigiendo tomar mejores decisiones informadas. El contexto no va a desacelerar. La exigencia tampoco. Pero precisamente por eso, la excelencia deja de ser una aspiración ideal y se convierte en una forma de diferenciación real. Porque cuando todo empuja a hacer más, más rápido y con menos profundidad, hacer menos, pero mejor, no es una desventaja. Es una decisión. Y, en muchos casos, la única forma de que lo que construimos hoy siga teniendo sentido mañana. ____ Nota del editor: David González Natal es Socio y Director General LATAM Norte en LLYC. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión ]]>
La economía de la ansiedad: cuando los datos dicen una cosa y la vida diaria otra
Hay algo extraño en la economía actual: los indicadores mejoran, pero el ánimo no. El crecimiento resiste, el empleo se mantiene sólido y, en algunos casos, los salarios han recuperado terreno. Sin embargo, la sensación generalizada es otra: la de estar más apretados, más inseguros, más lejos de donde “deberíamos” estar. No es solo una percepción aislada, es casi un estado de ánimo colectivo. Bienvenidos a la economía de la ansiedad. Para entender este fenómeno hay que empezar por aceptar una incomodidad: los datos macroeconómicos no siempre capturan la experiencia cotidiana. El PIB puede crecer sin que eso se traduzca en bienestar inmediato. La inflación puede desacelerarse y, aun así, dejar cicatrices profundas en la memoria de los consumidores. Y el empleo puede ser abundante, pero precario en calidad o insuficiente frente al costo de vida. Pensemos en algo simple: el supermercado. Aunque la inflación general haya bajado, los precios que más recordamos —alimentos, transporte, renta— no necesariamente regresan a niveles anteriores. Aquí vale la pena hacer una pausa técnica: durante años se nos ha enseñado que la inflación es, por definición, negativa. Pero no siempre es así. Una inflación moderada y controlada suele ser señal de una economía en movimiento; puede incentivar la inversión, dinamizar el consumo y, en consecuencia, generar empleo. El problema no es la inflación en sí, sino cuando crece de forma desordenada o, incluso cuando se modera, deja un nuevo nivel de precios más alto que no retrocede. Y ahí está el punto clave, aunque hoy la inflación esté bajando, eso no significa que la vida sea más barata. Significa simplemente que los precios están subiendo más lento. Pero el daño acumulado ya está hecho. La inflación no es una película que se rebobina, es más bien una escalera: sube rápido, se estabiliza, pero rara vez baja. A esto se suma un factor que pesa más de lo que parece, la pérdida del poder adquisitivo. En el papel, muchas personas hoy ganan más que hace unos años. Los salarios han aumentado, incluso por encima de la inflación en ciertos periodos. Pero en la práctica, ese dinero rinde menos. El peso —como cualquier moneda— ha perdido capacidad de compra frente a bienes esenciales. Es decir, puedes estar “ganando más” y aun así sentirte más limitado. La economía, en ese sentido, no se mide solo en ingresos, sino en lo que esos ingresos pueden comprar. Y ahí es donde se rompe la narrativa optimista. Porque si hace tres años llenar el tanque, hacer la despensa y pagar la renta representaba el 70% de tu ingreso, hoy fácilmente puede absorber el 85%. Ese margen que desapareció —el dinero disponible para ahorro, ocio o imprevistos— es el verdadero termómetro del bienestar. Y cuando se reduce, lo que aparece no es solo ajuste financiero, sino ansiedad. Otro elemento que profundiza esta brecha es la vivienda. En muchas ciudades, rentar o comprar una propiedad se ha vuelto significativamente más caro en relación con los ingresos. Y la vivienda no es cualquier gasto: es una referencia emocional de estabilidad y progreso. Cuando ese objetivo se aleja, no solo cambia la estructura financiera del hogar, cambia también la percepción de futuro. A esto se suma el factor generacional. Para muchos jóvenes, tener empleo ya no garantiza estabilidad ni patrimonio. La economía digital, el trabajo freelance y los esquemas flexibles han ampliado oportunidades, pero también han trasladado riesgos. Hoy, conceptos como seguro médico, ahorro para el retiro o ingresos estables dependen cada vez más del individuo. Es una libertad distinta: menos estructura, pero más incertidumbre. La tecnología, lejos de aliviar esta sensación, muchas veces la amplifica. Vivimos hiperconectados a la información económica: inflación, tasas de interés, crisis potenciales, tensiones globales. Pero más información no siempre significa más tranquilidad. Al contrario, puede generar una percepción constante de fragilidad. El consumidor no solo enfrenta su realidad, sino una narrativa global de incertidumbre. Y luego está la comparación social. Las redes sociales funcionan como un espejo distorsionado: muestran logros, viajes, compras, estilos de vida. Aunque no sean representativos, establecen una referencia constante de “dónde deberías estar”. Y en economía, la percepción relativa importa tanto como la absoluta. Desde el punto de vista técnico, esto plantea un reto importante: la desconexión entre indicadores duros y bienestar percibido. Tradicionalmente, la política económica se ha guiado por inflación, crecimiento y empleo. Pero la economía de la ansiedad revela que eso no basta. La percepción influye en decisiones reales: cuánto gastas, cuánto ahorras, qué tanto riesgo estás dispuesto a asumir. Un consumidor ansioso cambia su comportamiento. Puede posponer compras importantes, reducir gastos discrecionales o aumentar el ahorro por precaución. Esto tiene efectos en cadena: menor dinamismo económico, cambios en patrones de consumo e incluso desaceleraciones que no vienen de una crisis externa, sino de una percepción interna. Entonces, ¿quién tiene razón? ¿Los datos o las personas? Probablemente ambos. La economía puede estar mejorando en términos agregados, pero distribuyendo sus beneficios de manera desigual o tardía. Y las personas pueden estar percibiendo con precisión su situación individual, aunque eso no se refleje de inmediato en los indicadores. La economía, al final, no es una gráfica: es una experiencia cotidiana. Es decidir si alcanza para salir el fin de semana, si conviene cambiar de casa, si es momento de emprender o de esperar. Es la conversación silenciosa sobre si el dinero rinde o no rinde. Y hacia adelante, la pregunta no es menor: ¿qué nos espera? ¿Más crecimiento con la misma sensación de incertidumbre? ¿O un ajuste en la forma en que entendemos el bienestar económico? Quizá el punto de partida no sea esperar a que los indicadores “se alineen” con la percepción, sino asumir que la estabilidad —tanto emocional como financiera— requiere algo más que buenos datos macro. Implica previsión, educación financiera y decisiones más conscientes sobre el uso del dinero. Porque si algo define a la economía de la ansiedad no es la falta de ingresos, sino la falta de certeza. Y en un entorno donde el futuro se percibe
‘Deepfakes’ y desconfianza en línea, ¿cómo reconstruir la confianza en entornos digitales?
Las comunidades digitales han cambiado de forma radical en pocos años. Herramientas que hasta hace poco parecían sacadas de la ciencia ficción —videos falsificados, clonación de voz o face swaps en tiempo real— hoy están al alcance de cualquiera con un teléfono y conexión a internet. La Inteligencia Artificial (IA) ha democratizado capacidades que antes requerían equipos especializados y presupuestos de producción profesional. Pero también ha cambiado algo más profundo: nuestra capacidad de confiar en lo que vemos en línea. Por qué las defensas tradicionales no son suficientes Ese cambio ya se siente con fuerza en México. El fraude en espacios digitales se ha disparado en los últimos años: solo en 2024 los casos de fraude cibernético crecieron 40% en el país, con respecto a los seis años anteriores, mientras que las pérdidas asociadas a este tipo de delitos ascienden a 20,000 millones de pesos, de acuerdo con un estudio de The CIU . El fraude digital ya no es un fenómeno aislado: se ha convertido en parte del “ruido de fondo” cotidiano de internet. Tecnologías como los deepfakes , la clonación de voz y las identidades sintéticas permiten crear engaños más creíbles, más baratos y mucho más escalables. Las consecuencias van mucho más allá del dinero perdido. Por ejemplo, empleados engañados para autorizar transferencias fraudulentas, consumidores que confían en recomendaciones falsas generadas con IA, personas mayores que reciben llamadas con voces clonadas de familiares o instituciones, cada uno de estos casos erosiona un poco más la confianza que sostiene la vida digital. Al mismo tiempo, las personas comienzan a percibir esta incertidumbre. Un estudio reciente llevado a cabo en la World App a más de 12,000 personas muestra que 73% de los usuarios en México se ha preguntado si la persona con la que interactúa en línea es realmente humana o si se trata de un bot o una inteligencia artificial. Y el 85% considera muy importante saber si hay una persona real del otro lado de la pantalla. La desconfianza no es irracional. El ecosistema digital cambió más rápido que los mecanismos de seguridad diseñados para protegerlo. Durante años, la respuesta ha sido reforzar herramientas de detección, moderación de contenido y procesos de verificación de identidad como los sistemas de Know Your Customer (KYC). Pero estas estrategias enfrentan límites cada vez más evidentes. Además, el KYC incrementa el riesgo de que contenido que identifica a los usuarios —como selfies o imágenes de documentos— pueda filtrarse o ser robado, acelerando la capacidad de la IA para suplantar a personas reales. Prueba de humanidad La IA ha convertido la detección en una carrera permanente: cada avance en la identificación de contenido falso suele ser rápidamente superado por nuevas técnicas de generación. Moderar plataformas a gran escala es costoso y polémico. Y endurecer los procesos de verificación de identidad añade fricción para los usuarios sin resolver el problema central: distinguir lo que es falso en tiempo real. Además, la propia estructura de internet está cambiando. Hoy el 51% del tráfico total en la red ya está automatizado, y los llamados bad bots representan 37% del tráfico global, según el Bad Bot Report 2025 . En otras palabras, cada vez interactuamos más con sistemas automatizados y menos con personas. Lo que transforma por completo el riesgo en entornos digitales. Si detectar lo falso está fallando, el enfoque más inteligente es probar lo real. La llamada “prueba de humanidad” ( Proof of Human ) parte de una idea sencilla pero poderosa: verificar que detrás de una interacción digital hay una persona real, sin necesidad de almacenar datos biométricos o información personal. Como su nombre indica, verifica humanidad, no identidad. Sus aplicaciones son amplias, así que las empresas pueden liderar en la protección del consumidor. Los bancos podrían utilizar verificaciones de humanidad al abrir cuentas o autorizar transacciones de alto riesgo. Las plataformas digitales podrían reducir redes de bots y suplantación de identidad. Los servicios de atención a clientes podrían distinguir entre usuarios reales y sistemas automatizados utilizados para fraude. Integrar la verificación de humanidad en los sistemas digitales demuestra transparencia y también fortalece la confianza al mostrar que la tecnología puede utilizarse para proteger y empoderar a las personas. Costos asociados a la confianza digital El momento correcto El argumento financiero es igualmente sólido. Prevenir es más barato que reembolsar y mucho menos dañino para la confianza del consumidor. El fraude digital no solo afecta a las víctimas directas, funciona como un impuesto invisible sobre toda la economía digital. Las empresas pagan el costo en verificación adicional, contracargos, soporte y reputación. Las instituciones invierten más en seguridad, y los usuarios enfrentan bloqueos de cuentas, trámites interminables y desconfianza permanente. A escala global, el costo del cibercrimen alcanzó 9.22 billones de dólares en 2024, y podría superar 13.8 billones para 2028, según estimaciones de Statista . Al mismo tiempo, organizaciones de todo el mundo pierden alrededor de 5% de sus ingresos anuales debido al fraude, de acuerdo con la Association of Certified Fraud Examiners . Cuando las personas dudan de la autenticidad de lo que ven en línea, se debilita el comercio digital, se ralentiza la adopción tecnológica y se genera resistencia hacia herramientas de IA que, bien utilizadas, podrían aportar enormes beneficios económicos y sociales. Por eso, el debate sobre deepfakes y fraude digital no es solo un asunto de seguridad tecnológica. Es una conversación sobre la infraestructura de confianza que sostendrá la economía digital de los próximos años. La verificación de humanidad puede convertirse en la pieza que falta en esa arquitectura digital: una base que permita a personas, empresas y gobiernos interactuar con mayor seguridad en la era de la IA. Los consumidores ya exigen mayores garantías de que las personas y los servicios con los que interactúan son auténticos. El desafío de los próximos años no será simplemente detectar lo falso. Será demostrar lo real. _____ Nota del editor: Martín Mazza es gerente regional de Latinoamérica en Tools for Humanity. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al
La incertidumbre frena 17,400 mdd de inversión en México y amenaza con golpe mayor para 2026
La incertidumbre de la política económica no solo genera ruido, también cuesta dinero. Y en 2025, ese costo se reflejó en las inversiones empresariales. México figura entre los países más golpeados, ya que la volatilidad en la política comercial de Estados Unidos redujo 6.8% la inversión en el territorio. Esto significó que el país dejó ir o pospuso alrededor de 17,400 millones de dólares en inversión solo en 2025, según el informe ‘El coste de la incertidumbre política para la inversión de Oxford Economics, realizado para la Cámara de Comercio Internacional (ICC por su sigla en inglés). ¿Y con certidumbre? El índice global de incertidumbre se disparó en 2025 hasta cerca de 3.5 veces su promedio histórico, el nivel más alto registrado, incluso por encima de la crisis financiera de 2008 y los primeros meses de la pandemia. El detonante principal fue la política comercial de Estados Unidos , en especial el paquete arancelario de abril conocido como “Liberation Day”, aunque el nerviosismo ya crecía desde finales de 2024 por la elección estadounidense, tensiones geopolíticas y decisiones económicas erráticas en varias economías. Para México la caída equivale a entre 35% y 40% de la contracción que el país sufrió durante la crisis financiera global y la pandemia , lo que coloca a la incertidumbre actual como un shock comparable a episodios de crisis recientes . México se ubica como la economía más vulnerable del grupo analizado , debido a que su alta dependencia del comercio exterior, integración con Estados Unidos y exposición a flujos de capital amplifican cualquier señal de incertidumbre.. El reporte advierte que, si la incertidumbre escala en este año, la inversión en México caería hasta 10.8% , lo que se traduce en una pérdida adicional cercana a 30,200 millones de dólares. El golpe acumulado entre 2025 y 2026 alcanzaría 47,600 millones, una cifra que supera los 41,000 millones de IED captados en 2025 y que equivale a más de dos veces la inversión destinada a la refinería de Dos Bocas. Pero el escenario también puede invertirse, porque si se logra mayor claridad en las políticas, México se convertirá en el mayor beneficiario, ya que las estimaciones apuntan a que la inversión crecería hasta 7.6% adicional , equivalente a unos 21,300 millones de dólares . Aunque el panorama luce retador ante la revisión del T-MEC en puerta, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ya reconoció que las negociaciones serán difíciles. Incluso, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, dejó entrever que la decisión sobre la continuidad del tratado puede extenderse más allá del 1 de julio, una fecha oficial que no marca un límite definitivo. El impacto para sus socios T-MEC Canadá comparte una vulnerabilidad similar, ya que su cercanía económica con Estados Unidos y su exposición a cambios en política comercial provocaron una caída de 5.3% en la inversión, con pérdidas o pausas estimadas en 14,400 millones de dólares . Economías abiertas, altamente integradas y dependientes del comercio exterior son las más castigadas cuando las reglas cambian constantemente. Estados Unidos vive un caso distinto: aunque registró la mayor pérdida, con 74,100 millones de dólares en inversión afectada , el impacto relativo fue menor, con una caída de 1.6% frente al escenario sin incertidumbre . La diferencia radica en el auge de la inversión en inteligencia artificial, la cual permitió mantener el crecimiento de la inversión en terreno positivo, incluso cuando la incertidumbre eliminó o frenó decisiones empresariales. Allison J. Smith, directora asociada de geoeconomía en el Council on Foreign Relations, señala que el mensaje de Donald Trump a sus socios comerciales desde abril de 2025 fue: producir en Estados Unidos para evitar aranceles. En su discurso del “Día de la Liberación” , el expresidente afirmó que su política podría detonar hasta 6 billones de dólares en inversión. Sin embargo, pese al repunte en anuncios recientes, el mercado mantiene dudas sobre cuántos de esos proyectos se concretarán. El costo global En conjunto, varias economías del mundo perdieron o pospusieron alrededor de 200,000 millones de dólares en inversión , equivalente a 0.2% del PIB global . Sin este choque, la inversión pudo crecer más de cuatro veces su ritmo observado. En lugar de avanzar 0.4%, se hubiera colocado cerca de 1.9%. China perdió 44,600 millones de dólares , aunque mostró menor sensibilidad gracias a su adaptación a tensiones comerciales desde 2018. Investigadores del Peterson Institute of International Economics señalan que Donald Trump lanzó una guerra comercial contra China en su primer mandato y, en su segundo, amplió el conflicto al resto del mundo. Los aranceles que impuso, junto con la incertidumbre sobre posibles represalias, han deteriorado las perspectivas de la inversión extranjera que depende del acceso a los mercados globales. En este entorno, tanto la inversión occidental en China como la inversión china en Occidente avanzan bajo una nube geopolítica persistente, sin una salida clara. La Unión Europea registró pérdidas por 17,800 millones de dólares , mientras Japón perdió 6,800 millones . Ambos bloques mostraron mayor resiliencia por su tamaño y diversificación . Economías emergentes como Brasil e India enfrentaron impactos más moderados — de 4,000 y 7,100 millones de dólares , respectivamente— apoyadas en su demanda interna. El Reino Unido cerró como el menos afectado, con apenas 2,100 millones de dólares , gracias a su menor exposición comercial a Estados Unidos . Escenario 2026 El reporte advierte que lo que ocurra en 2026 puede duplicar el impacto. En un escenario adverso, donde la incertidumbre vuelva a escalar, la inversión global podría caer 2.7% , lo que implicaría pérdidas por 380,000 millones de dólares . Pero si ocurre lo contrario y se logra mayor certidumbre, la inversión podría crecer 1.8% adicional , con un impulso de 252,000 millones de dólares . La brecha entre ambos escenarios supera los 630,000 millones de dólares , una cifra que ilustra el peso real de la claridad en la política económica. ]]>
América Móvil analiza alianza con Starlink para ofrecer servicio satelital
En la cima de una montaña sin señal, en una carretera rural o en medio del mar, el negocio de las telecomunicaciones se rompe en su punto más débil: la cobertura. Es ahí donde la industria ha comenzado a reconfigurar alianzas que hace poco parecían improbables. América Móvil sostiene conversaciones con Starlink para explorar servicios y verticales de negocio que podría incorporar a su operación mediante tecnología D2D (conectividad directa a dispositivos) que se estima esté más desarrollada rumbo a 2027. “Estamos hablando con ellos (Starlink) porque estamos abiertos a hacer cualquier cosa con la empresa que tenga sentido para nosotros. Creo que (el D2D) será una buena tecnología y un servicio que complementa el nuestro”, reconoció Daniel Hajj, CEO de la compañía. Las conversaciones entre América Móvil y Starlink ocurren pese a las tensiones derivadas de señalamientos de Elon Musk hacia Carlos Slim sobre el origen de su fortuna, insinuando presuntos vínculos con el narcotráfico. Las acusaciones se tradujeron en un menor interés de América Móvil por colaborar con Starlink para revender sus servicios satelitales, que se analizaban desde 2024. Sin embargo, el desarrollo de la tecnología D2D cambió el panorama. El valor del D2D radica en su capacidad para reducir zonas sin cobertura, uno de los grandes dolores de cabeza de las telecomunicaciones tradicionales. Este servicio permite que teléfonos móviles convencionales, así como dispositivos del Internet de las cosas (IoT), se conecten directamente a satélites en órbita baja, lo que posibilita el envío de mensajes, la descarga de datos e incluso la realización de llamadas en zonas donde no existe cobertura terrestre, como desiertos, océanos, montañas o parques nacionales. La GSMA, asociación de operadores de telecomunicaciones a nivel mundial que agrupa a América Móvil, AT&T y Telefónica, aseguró en un reporte que las empresas que no incorporen servicios satelitales enfrentarían un riesgo creciente de pérdida de clientes. Según el documento, 47% de los usuarios encuestados afirmó que cambiaría de compañía telefónica si otra opción incluyera conectividad móvil fuera de red en zonas sin cobertura terrestre. “El 14% de los usuarios a nivel mundial cuenta con problemas de cobertura inconsistente o nula en casa, pero el problema se agrava cuando están en movimiento, con un 21%”, reconoció la GSMA en su estudio. En México, algunos operadores ya tienen alianza con Starlink: la división Global Solutions de Telefónica, Televisa —a través de Bestel— y ahora sería América Móvil. Jesús Romo, analista de la consultora GlobalData y especialista en telecomunicaciones, explicó que el interés por el D2D en México aún es de índole exploratoria para determinar hasta qué punto esta tecnología permitirá evolucionar sus redes tradicionales hacia una mayor capacidad móvil complementada con la satelital, en especial por la orografía del país, que ha complicado y encarecido robustecer la cobertura nacional. “Es un servicio naciente cuya monetización aún está en análisis, sumado a que enfrenta el reto de masificar los dispositivos móviles que sean compatibles”, aseguró el analista. Los servicios satelitales avanzan El servicio de conectividad directa a dispositivos reportó un valor de 570 millones de dólares al cierre de 2025, y se prevé que rumbo a 2030 alcance los 2,640 millones de dólares, lo que representaría un crecimiento acumulado de 35.6%, según proyecciones de la consultora Markets and Markets. En los últimos dos años, esta tecnología ha comenzado a desplegarse en diversos mercados internacionales como Estados Unidos, Australia, Japón, Chile, Perú, Brasil e incluso en México. Starlink aceleró desde el año pasado las pruebas de D2D orientadas al mercado de consumo. La empresa cuenta con 11,000 satélites y, para este año, planea desplegar 7,500 satélites adicionales específicos para esta función. Su plan de expansión contempla alianzas con operadores como T-Mobile en Estados Unidos y Entel en Chile y Perú. Viasat, empresa satelital de origen estadounidense, inició en 2024 las primeras pruebas de conectividad directa a dispositivos (D2D). En México, desde el año pasado comenzó sus pruebas para habilitar su disponibilidad comercial, tanto para usuarios finales como para aplicaciones vinculadas con la industria. La estrategia de la compañía contempla masificar el D2D mediante alianzas con operadores de telecomunicaciones como Telcel, AT&T México y Altán Redes. La conectividad directa a dispositivos se perfila no solo como una nueva capa tecnológica, sino como un punto de inflexión para el modelo de negocio de las telecomunicaciones. A medida que operadores y jugadores satelitales afinan alianzas, el desafío pasará de la exploración a la ejecución: definir esquemas de monetización, garantizar la compatibilidad de dispositivos y traducir la promesa de cobertura total en una experiencia tangible para el usuario. ]]>
Alsea reporta caída de 61% en utilidades por presión en costos y efecto cambiario
Alsea inició el año con afectaciones derivadas de la debilidad en el consumo. La empresa mexicana, operadora de marcas como Starbucks y Domino’s Pizza, registró una caída en sus utilidades en un primer trimestre marcado por la guerra en Medio Oriente y el incremento de precios. La utilidad neta de la compañía cayó 61.1%, a 89 millones de pesos, en el primer trimestre del año. En contraste, las ventas y el EBITDA registraron un crecimiento moderado de 1.3% en ambos rubros, de acuerdo con el estado financiero presentado ante la Bolsa Mexicana de Valores. Durante los primeros tres meses del año, la operadora realizó inversiones de capital por 876 millones de pesos, lo que representa 15.9% de los 5,500 millones de pesos presupuestados para 2026. De ese monto, 708 millones de pesos (80.9%) se destinaron a la apertura de 20 unidades corporativas, remodelaciones, renovaciones y reposición de equipo. Los 167 millones de pesos restantes se enfocaron principalmente en proyectos estratégicos de tecnología, como licencias de software y mejoras en procesos. La administración de la compañía detalló que el trimestre inició con buen dinamismo, pero perdió fuerza hacia marzo. Además, los crecimientos en moneda local en todas las regiones fueron afectados por el tipo de cambio. “A pesar de un entorno de consumo retador, el desempeño se mantuvo en línea con nuestras expectativas, reflejando la innovación en nuestras categorías y productos, que atrajeron tráfico más rentable y nuevos clientes, así como la resiliencia de nuestro modelo operativo y la fortaleza de nuestro portafolio de marcas”, señaló Christian Gurría, director general de Alsea. Las ventas mismas tiendas —aquellas con más de un año en operación— crecieron 4.1%, un avance positivo, aunque menor al 5.1% registrado en el mismo periodo del año anterior, lo que refleja una moderación en el consumo. De acuerdo con un análisis de Ve por Más, el reporte trimestral fue mixto, ya que, pese al crecimiento en ventas, la compañía enfrentó presiones por tipo de cambio, costos y gastos. Además, factores como operaciones discontinuas y el prepago de un bono en dólares impactaron la utilidad neta. México impulsa el crecimiento Las ventas de Alsea en México representaron el 56% del total consolidado, con un incremento de 4.9% a 11,242 millones de pesos, impulsadas por un inicio de año positivo en todos los formatos. Por segmento, las ventas mismas tiendas crecieron 4.9% en restaurantes de servicio completo, 4.6% en comida rápida y 2.1% en Starbucks. En Europa, que representa 29.7% de las ventas consolidadas, los ingresos sumaron 5,964 millones de pesos, un aumento de 1.5%. Las ventas mismas tiendas crecieron 5.1% en comida rápida, 3.5% en restaurantes de servicio completo y 1.3% en Starbucks. Sudamérica aportó 14.3% de las ventas consolidadas, con una caída de 10.7% a 2,865 millones de pesos, afectada principalmente por el tipo de cambio. Sin embargo, las ventas mismas tiendas crecieron 12.1% en comida rápida y 4.6% en Starbucks. “La compañía continuará enfocada en impulsar un crecimiento orgánico disciplinado, construyendo un portafolio más rentable y eficiente, con marcas líderes en regiones clave y el mejor equipo de la industria”, añadió Gurría. ]]>